TEOSOFÍA, ARIOSOFÍA, NAZISMO – ERNESTO MILÁ

TEOSOFÍA, ARIOSOFÍA, NAZISMO – ERNESTO MILÁ

162 páginas
21 x 14,5 cm.
Ediciones Titania, 2010
Encuadernación rústica

Precio para Argentina: 105 pesos
Precio internacional: 15 euros

El componente esotérico y ocultista que se encuentra en el nazismo y cuya importancia queremos restituir, no ha sido siquiera comprendido por sus partidarios.
Víctima de una propaganda de guerra execrable y de las distorsiones de unos admiradores que lo mistificaron, tanto o más que sus detractores, es extremadamente difícil percibir hoy lo que fue el nazismo. Hay que poner a prueba una objetividad sin reservas y un distanciamiento absoluto, como aquí pretendemos, para dilucidarlo.
Nuestra tesis es muy simple: Existió una tendencia -a partir del siglo XVIII- dentro de las logias alemanas a actuar en política y a protagonizar movimientos conspirativos de acción directa contra los regímenes feudales.
A lo largo de la etapa de ascenso al poder del nazismo las sociedades antes citadas van colocando sus peones en el seno del partido y se polarizan en torno a cuatro figuras: Rosenberg, Hess, Darré y Himmler, los dos primeros miembros de la Sociedad Thule y el último rodeado de una cohorte de ariósofos que elaborarían los rituales de las Orden de la Calavera, las SS
Pero, de entre todas, una corriente asumió directamente valores “metapolíticos”, abarcando una increíble variedad de tendencias; se trata de las SS
El esoterismo ariosófico dio al movimiento nacional-socialista emblemas y rituales, fue un elemento de fanatización en el cual se inspiraron las leyes raciales de Nuremberg e indicó una “línea de tendencia” por la que discurría una parte del movimiento
Pretendemos analizar la influencia del ocultismo y del esoterismo en el movimiento nazi.

ÍNDICE

INTRODUCCION
MITOLOGIA ANTINAZI E IDEALIZACIONES OCULTISTAS

I PARTE:
EL LINAJE ESOTERICO NAZI
TRAYECTORIA
DE LA CONJURA DE LOS ILUMINADOS AL
MOVIMIENTO “VÖLKISCH”
JORG LANZ VON LIEBENFELS Y OSTARA
LAS SECTAS ARIOSOFICAS
I. La Ordo Novi Templi
II. La Germanenorden
EL ANCESTRO DEL NSDAP: LA LOGIA THULE

II PARTE:
EL “IMPERIO” S.S.
DE GUIDO VON LIST A HEINRICH HIMMLER
LA HERENCIA DE LOS ANCESTROS
LA ANHENERBE EN EL TIBET
OTTO RAHN: EL QUE SE APROXIMÓ A LA TRADICION
UN BRUJO ARIOSOFICO EN LA CORTE
DE HIMMLER

III PARTE:
HOMBRES Y DESTINOS DEL REICH
ALLÍ DONDE EMPEZO TODO
LOS 2 HOMBRES DE THULE EN LA CÚPULA
DEL REICH
CICLOLOGIAS NAZIS: DE HORBIGER AL MILENIUM
UN DISCÍPULO DE GUENON EN LA ALEMANIA HITLERIANA

CONCLUSION
LO “OCULTISTA” Y LO “TRADICIONAL”

INTRODUCCION
MITOLOGIA ANTINAZI E IDEALIZACIONES OCULTISTAS

Desde que en 1938 la revista “L’Age nouveau”, en su número de noviembre publicó un artículo titulado “Orígenes Secretos del na­zismo” firmado por Phileas Levesque, el tema no ha dejado de lla­mar la atención. El autor afirmaba que Hitler formaba parte de una sociedad secreta que habría reconstruido la Orden de los Caballeros Teutónicos en la que debió entrar como oblato. Levesque explicaría el enfrentamiento de Hitler con el presidente checoslo­vaco Benes afirmando que éste último pertenecería a una sociedad Templaria… la orden rival de los teutónicos, al decir de Levesque. Sería el primer producto de una larga serie de artículos que unen el esoterismo a la historia del nazismo.
En 1939 aparece el libro “Gespräche mit Hitler” que aparecería en pocos meses traducido a todas las lenguas europeas, incluida en la España franquista, bajo el título “Hitler me ha dicho”. Su autor, Hermann Rauschning, decía haber hablado en más de un centenar de ocasiones con el Führer. Había huido del Alemania, donde ocu­paba un puesto ciertamente destacado: Presidente del Senado de Danzig.
Este libro es de obligada referencia para todos aquellos que han decidido presentar al hitlerismo como un fenómeno satánico. Vale la pena que nos extendamos en unas breves consideraciones sobre la obra y su autor.
Hermann Rauschning puede situarse ideológicamente entre aquellos miembros de la llamada “revolución conservadora”, fueron atraídos durante un período de tiempo por el hitlerismo y luego terminaron por separarse de él. Sus principios ideológicos son similares a los que inspiraron el “nacional-bolchevismo”: un fuerte impulso antiburgués -más fuerte todavía que en el nazismo­-, el deseo de preservar y recuperar las tradiciones germánicas den­tro de un Reich reunificado y libre del vasallaje impuesto por los aliados tras la guerra mundial; una superación del capitalismo y de la democracia liberal y finalmente una “estilo militar” propio de excombatientes. Sus diferencias con el nazismo eran patentes: de un lado se consideraba más aristocrático, estaba poco dispuesto a realizar concesiones a la demagogia y al populismo, inflexible en sus planteamientos doctrinarios, creía recoger lo esencial de las tradiciones prusianas y del mundo de los “junkers”. No es raro que aquellos “revolucionarios conservadores” que colaboraron con el nazismo, lo hicieran mayoritariamente desde las filas de las SS, y más adelante veremos el por qué:
Cuando el barón Julius Evola, -injustamente considerado “el mago de Mussolini”- visita Alemania, tras el advenimiento del Nacionalsocialismo, sus contactos en los ambientes esoteristas y tradicionalistas son precisamente algunos de los exponentes de la “revolution kon­servative”. Y su libro “Los hombres y las ruinas”, escrito tras la gue­rra de 1939-45, es quizás, un exponente del pensamiento político de esta corriente que tuvo su último exponente público en la Ale­mania de Weimar. El mismo autor en “El fascismo visto desde la derecha” y en su apéndice “Notas sobre el Tercer Reich”, insiste en interpretar el fenómeno nazi sobre los mismos argumentos de los conservadores revolucionarios alemanes. Quien desee conocer las motivaciones de esta corriente de pensamiento deberá, necesaria­mente, introducirse en los trabajos de Julius Evola.
Sin embargo, Rauschning es mucho menos representativo de esta corriente de lo que dijo ser. Empecemos por decir que estuvo más alejado del centro de decisiones nazi de lo que afirma. Así, por ejemplo, cuando su libro es presentado como el extracto de las conversaciones privadas -“más de un centenar”- que tuvo con Hitler, lo cierto es que apenas vió personalmente al Führer sino unas tres veces, en recepciones, conferencias y celebraciones. Y nunca solo. Más aún: el libro en su conjunto se trata de una mixtificación del género de las que inauguró Leo Taxil, respecto a la masonería en el siglo pasado.
Debió llegar 1983 para que en la Convención del Centro de Es­tudios de Historia Contemporánea de Ingolstadt, el historiador suizo Wolfgang Haenel presentara una memoria sobre “Hitler me ha dicho” y Hermann Rauschning, memoria que los libros poste­riores aparecidos sobre el “nazismo esotérico” no han tenido en consideración. La historia se inicia en julio de 1939 cuando un Rausching que había abandonado Alemania por motivos poco cla­ros y justificados, se encuentra en París corto de dinero. Pergueña unas notas escritas en tercera persona sobre la personalidad de Hitler y se presenta a la redacción de Cooperation Service de Presse, una agencia de prensa antinazi.
Allí conocerá a Emery Reves, judío húngaro de verdadero nom­bre Imre Revesz el hombre que dará un nuevo sentido a su vida. Obsérvese la fecha en que ocurría todo esto: julio de 1939. Apenas un mes después se iniciaría la Segunda Guerra Mundial y la tensión internacional era ya insoportable. Por lo demás las ligas nazis y fascistas estaban fuertemente implantadas en Francia, Bélgica e In­glaterra y los propagandistas demócratas ideaban constantemente elementos de propaganda antihitleriana no solo para preparar a la opinión pública ante un eventual conflicto armado, sino también para cortar las alas a los militantes pro-nazis de las naciones occi­dentales, enardecidos también por la reciente victoria del franquismo en España.
Revesz no llegó a lanzar los artículos de Rauschning a ninguno de los más de cuatrocientos diarios que estaban abonados a sus servicios de prensa, sin embargo le aconsejó que realizara un tra­bajo más amplio tomando como base los citados artículos y com­pletándolos con citas extraídas de las más diversas fuentes.
Cuando Rauschning hubo concluido pasó el manuscrito a Marcel Ray, antiguo funcionario de la SFIO, el cual le dió la forma definitiva procediendo a correcciones tanto de forma como de fondo. Será Revesz quien revelará toda la mistificación poco antes de su muerte (5 de septiembre de 1981).
Revesz no tendrá ningún inconveniente en confesar al historia­dor Haenel que el libro fue un producto de la propaganda antifas­cista y que dada la celeridad con la que se sucedían los aconteci­mientos no dió tiempo a realizar correcciones, ni dar más credibilidad a algunos temas. En concreto Revesz explica que una tercera parte del libro se debe en exclusiva a la pluma de Marcel Ray y que tanto éste como Rauschning se limitaron a tomar frases de li­bros muy distintos -incluso del “Mein Kampf” y de los escritos de Haushoffer y Ludendorf- y reproducirlas como si el mismo Hit­ler las hubiera dirigido directamente a su interlocutor, Rauschning.
La valoración del libro es pues simple: no se trata de una apor­tación “directa y verídica” de alguien que conoció el entorno central del nazismo y que, por tanto, podía aportar una visión “desde dentro”, se trata, más bien, de un libro de circunstancias, impuesto por las necesidades de la lucha contra el nazismo y -como máximo- lícita como arma de propaganda en un momento dado, pero no como documento histórico.
Pocas semanas antes de morir (8 de febrero de 1982), Rauschning en carta abierta intentaba justificarse, pero de sus declaraciones podía traslucirse que las investigaciones de Haenel no estaban muy lejos de la verdad.
Pues bien, este libro, cuya falsedad conocemos desde ahora ha inspirado la interpretación de Louis Pauwels y Jacques Bergier en “El retorno de los brujos”. Escrito a los 15 años del hundimiento del régimen nazi, el libro de Rauschning es recuperado para la seudo-historia. De él los dos autores franceses extraen párrafos in­variablemente repetidos luego en cualquier estudio sobre nazismo y esoterismo. Véase sino este, antológico:
“¡El hombre nuevo vive entre nosotros! ¡Existe! -exclamó Hitler con voz triunfal- ¿Le basta con esto? Le confiaré un secreto. Yo he visto al hombre nuevo. Es intrépido y cruel. Ante él, he tenido miedo.
“Al pronunciar estas palabras, Hitler temblaba con un ardor ex­tático”.
La cita es de Rauschning como la que sigue:
“Hitler se despierta por las noches, lanzando gritos convulsivos. Pide socorro, sentado al borde de su cámara y está como paralizado. Es presa de un pánico que le hace temblar hasta el punto de sa­cudir el lecho (…) Hitler estaba en pie en su habitación, tambaleándose y mirando a su alrededor con aire extraviado. “¡Es él! ¡es él! ¡ha venido aquí!” gemía. (…) le dieron masajes y le hicieron be­ber algo “Allí, allí! ¡en el rincón! ¡está allí! Daba patadas al suelo y chillaba”.
Y esta otra antológica, mil veces repetida:
“Mi Führer no escojáis la magia negra Teneis, todavía hoy, libre opción entre la magia blanca y la magia negra Pero a partir del instante en que os hayáis decidido por la magia negra, ya no saldrá jamás de vuestro destino. No escojáis el mal camino del éxito rápi­do y fácil”.
La frase en cuestión es citada sistemáticamente en todos los li­bros de Jean-Michel Angebert (Hitler y la tradición cátara y Los místicos del sol), así como en el subproducto inconexo de François Ribadeau-Dumás, “El diario secreto de los brujos de Hitler”, en el que, dicho sea de paso, no se habla de diario alguno, ni de brujos de ningún tipo…
En el libro de Pauwels y Bergier existe más de una docena de citas extraídas del libro de Hermann Rauschning. A partir de ellas es muy fácil inferir el irracionalismo satánico del hitlerismo, el carácter de Hitler como “medium” poseído por seres “astrales”, como han dicho algunos, pero en tanto que falsos todo esto es más difícil de demostrar.
En lo que se refiere a la filiación que Pauwels y Bergier presen­tan como génesis del nazismo (rosacruces-Golden Dawn-Crowley-Thule-NSDAP) es igualmente absurda y sin demostración po­sible.
Aleister Crowley, el mago y satanista inglés, fue efectivamente miembro de la Golden Dawn en una época de su vida y se separó de ella para formar su propia sociedad iniciática, la Astrum Argen­tinum y participar de otra ya constituida, la Ordo TemplisOrientis. No conoció personalmente a Hitler, incluso escribió algún poema contra el fascismo y en defensa del ejército francés cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.
Precisamente en el Warburg Institute se conserva un ejemplar de “Hitler me ha dicho” propiedad de Crowley, repleto de anotaciones. A Crowley le llamó la atención algunas similitudes entre las frases atribuidas a Hitler por Rauschning y fragmentos de su “Libro de la ley”. Crowley atribuyó tales similitudes a “influencias mágicas ” emanadas de una discípula suya, Martha Künzel, miem­bro del NSDAP y antigua teosofista. Evidentemente, ahora, cuando sabemos que “Hitler me ha dicho” fue un plagio, un “collage” de fuentes diversas, no nos cuesta mucho admitir que algunos frag­mentos del “Libro de la Ley” fueron igualmente utilizados. No en vano Crowley en el período de las entreguerras, había alcanzado notoriedad como satanista y recibió en una sentencia judicial el ca­lificativo de “el hombre más malvado de Inglaterra”.
La prueba definitiva que muestra la ausencia de conexiones en­tre Aleister Crowley y el nazismo y que no hubo absolutamente ninguna relación, ni siquiera simpatías mutuas, la da el hecho de que tanto la Ordo Templis Orientis, como la Astrum Argentinum, fueron situadas fuera de la ley por el Nacionalsocialis­mo.
El libro de Jean Robin, “El elegido del dragón”, que pretende aportar elementos para demostrar la filiación satánica del nazismo, tampoco puede ser tomado en serio, aunque dé fe­chas concretas. Para Robin, Hitler, habría visitado Londres y Liverpool en 1912 y 1913 para contactar con la Golden Dawn. Dado que la Golden Dawnpracticaba una forma de “magia sexual”, el autor, en otro tiempo guenoniano ortodoxo y ahora escritor de tex­tos de dudoso gusto, infiere en esta organización iniciática una forma de satanismo que se transmitiría al nazismo. Serge Hutin, va más lejos, incluyendo a Rudolf Hess entre los miembros de la Golden Dawn.
Pero a la hora de examinar documentos no existen rastros de ningún tipo que permitan vincular a ningún sector del hitlerismo con la Golden Dawn, ni con las sociedades iniciáticas constituidas por Aleister Crowley. Y cuando decimos “ninguno”, somos conclu­yentes y desafiamos a que se nos presente una prueba en contra. Ahora bien, sin estas bases ¿dónde puede apoyarse la interpretación que Pauwels y Bergier realizan sobre el nazismo como la personificación del “mal radical”? En las cámaras de gas, por su­puesto. Así, en la página 440 de “El retorno de los brujos” se cita un fragmento del libro de memorias de Kersten el masajista privado de Himmler:
“El Führer me ha ordenado liquidar inmediatamente a todos los judíos que estén bajo nuestro poder”.
Y más adelante, los autores, Pauwels y Bergier se preguntan: “Si Himmler hubiese vivido y comparecido en el proceso de Nurem­berg ¿qué habría podido decir en su defensa?”
Ahora bien, la pregunta carecería de sentido si la frase referida por Kersten fuera falsa. Y la cuestión es esta: aclaradas las falseda­des contenidas en el libro de Rauschning, ¿cuántos otros libros contienen mistificaciones similares? ¿Podemos creer seriamente que un Himmler, siempre discreto y prudente, comenta con su ma­sajista el contenido de las órdenes y conversaciones con Hitler? Desde luego, ningún historiador serio ha otorgado la más mínima credibilidad al libro de Kersten, como tampoco a la mayoría de textos de referencia obligada para los autores sobre esoterismo y nazismo.
Auschwitz, como cualquier Gulag, es indefendible y no nos toca a nosotros asumir reivindicación alguna del nazismo. Eso corresponde a sus epígonos, no a nosotros. Sin embargo, la explicación de Auschwitz no es ningún presunto satanismo, ni mucho menos, como han insinuado Pauwels y Bergier, un “ritual de purificación”. El pozo esotérico y ocultista que se encuentra en el nazismo y cuya importancia queremos restituir, no ha sido siquiera comprendido por sus partidarios.
Un hombre como el coronel SS Otto Skorzeny, a pesar de su rango y de la organización a la que perteneció, era absolutamente impermeable a cualquier planteamiento esotérico u ocultista. Hombre racional y razonable, su adscripción al nazismo se basó fundamentalmente en su nacionalismo, la voluntad de levantar a la patria postrada en Versalles y a la componente personal de su carácter dominada por un pesimismo activo. En el otro extremo, gentes como Miguel Serrano, antiguo embajador en Viena y hoy personaje representativo del neo-nazismo sudamericano, de un lado y la hindú Savitri Devi de otro, presente en múltiples asambleas internacionales neo-nazis de la postguerra, por no hablar de Jean François Monet, autotitulado “el Gran Cocodrilo”, fundador de un partido neo-nazi en la cartesiana Francia de los años 60, intentan­do defender al nazismo han caído en la exageración opuesta: el nazismo era el anunciador del “millenium”, el Kalki Avatara de la nueva era de Acuario…
Ahí están los voluminosos libros de Miguel Serrano y los múlti­ples panfletos publicados por Savitri Devi desde antes incluso de la Segunda Guerra Mundial, sin contar con engendros de la talla de “Ovnis ¿última arma secreta del IIIer. Reich?” de Winibald Mattern, y demás.
Este tipo de literatura suele idealizar el fenómeno nazi inter­pretando cualquier episodio en clave “esotérica”. Véase sino en la página 161 de su libro “El cordón dorado”, subtitulado “Hitlerismo esotérico”, la ilustración XXVIII en la que puede verse una cono­cida fotografía de Hitler saludando a Hess, el cual tiene su mano izquierda apoyada en el cinturón; el pié de foto de Miguel Serrano da la “interpretación” de este hecho: “Los iniciados Hitler y Hess se saludan iniciáticamente, manteniendo la mano izquierda sobre el chakra Manipura -plexo solar- para transmitirse la energía”. En otra foto (pág. 45) bajo una conocida foto de estudio del Führer puede leerse: “Hitler, mago, iniciado, aparece en el nadir del Kali-yuga o Edad de Hierro, para intentar retornar la tierra a la Edad de Oro o Solar”. Las citas de este género pueden multiplicarse hasta el infinito.
Miguel Serrano es un curioso personaje de nacionalidad chilena, nacido en 1917. Embajador de su país en el mundo, viajó a la Antártida en 1947, permaneció en la India de 1953 a 1962 cumpliendo funciones diplomáticas y de ahí a Yugoslavia, con idénti­cas funciones. Del 64 al 70 fue embajador en Austria y posterior­mente representante de su país en la Agencia Internacional de la Energía Atómica.
En el verano de 1989 fue invitado por Fernando Sánchez Dragó para asistir como ponente al curso de verano sobre irracionalismo que tuvo lugar en la Universidad de Madrid. La comunidad judía de Madrid y el empresario Max Mazin en concreto lograron que dicha conferencia se suspendiera, dado el contenido neo-nazi de los libros de Miguel Serrano. En otras ocasiones ha visitado nuestro país manteniendo contactos y carteándose con varios exponen­tes de los movimientos neo-nazis españoles, algunos de los cuales consideran sus obras como “libros de texto”.
Hombre cultivado, mantuvo correspondencia y contractos personales con Carl Gustav Jung y Hermann Hesse, dedicándoles un libro “El círculo hermético”, igualmente escribió textos de singular belleza como “Elella, libro del amor mágico”, sin embargo lo que caracteriza su producción última son apologías del nazismo esotérico, en particular el ya citado “El Cordón Dorado – Hitlerismo esotérico” y “Hitler: el último avatara”.
Abandonada su profesión diplomática se proliferó en conferencias y declaraciones públicas de apoyo a los “nazistas” chilenos. Como se sabe en Chile existió una próspera colonia alemana, procedente de la dispersión de un sector de jerarcas nazis tras la Segunda Guerra Mundial; por otra parte, ya desde antes de la guerra existió un Movimiento Revolucionario Nacional Socialista que tuvo cierta implantación en los años 30, considerándose lo suficiente- mente fuerte como para intentar un golpe de estado que fracasó, naturalmente, conocido como “la masacre del Seguro Obrero”-; aun hoy el único monumento en honor a nazis muertos que existe en el mundo, se encuentra en Chile, allí, cada año, los chilenos acuden desempolvando sus uniformes y oyendo a los oradores de los distintos movimientos neo-nazis entre los cuales Miguel Serrano tiene cierto consenso.
El análisis de los libros de Miguel Serrano es poco menos que imposible, no existe una concatenación lógica en su interior sino una cascada de datos, a menudo inconexos, frecuentemente extraídos de “best-sellers” de uso común, obras de escaso valor histórico, nulo valor “iniciático”… y si bien en la bibliografía cita a fuentes más fiables (Evola, Guenon, Schuon, etc.) en la redacción de sus propias obras demuestra no haberlos tenido en absoluto en cuenta.
“El cordón dorado” se inicia con una introducción titulada “Lo que el maestro me dijo”. Su lectura demuestra que Serrano ha frecuentado ambientes teosofistas o derivados; explica Serrano: “El Maestro nos dijo: “Hitler es un iniciado, puede comunicarse en astral. Desconozco quienes son sus Guías, pero he decidido ayudarle (…) Otro día nos explicó que Hitler tenía por misión transmutar el Destino, en el vértice de los tiempos, dando a la tierra el impulso necesario para su transmutación”. Serrano afirma tener “un maestro” que “lo guía en el astral” y que, un buen día, le afirma que Hitler ganará la guerra. No la gana, pero esta contrariedad no hace que Serrano pierda la fe en su maestro; tras la caída de Berlín “el Maestro me citó en su refugio y me reveló el secreto: “Hitler está vivo. No murió en Berlín. Le he visto bajo tierra. Está cambiado, su bigote es ahora largo”. Serrano piensa que el Führer se encuentra en la Antártida y parte en una expedición al continente helado para buscarlo. Por supuesto, no lo encuentra…
Convencido de que el Führer sobrevivió a la guerra y de que el nazismo dejó trazas en “el mundo hueco” escribe: “A priori nada puede ser negado, ni siquiera la posibilidad real de la “tierra hueca”, ni la supervivencia material de Hitler, ni los OVNIS, porque son verdades arquetípicas”. El delirio dura 250 páginas. Nada, realmente, si tenemos en cuenta que “Hitler, el último avatara tiene prácticamente el doble.
Presupongamos la buena fe de Miguel Serrano. Presupongamos que su maestro es alguien con el que se ha sentido muy unido, pero que, no por ello, deja de ser un visionario. Pues bien, aparte de todo esto, las consideraciones sobre Hitler y sus contactos en “el astral” parecen pura fantasmagoría y son risibles. Hitler tuvo pocas oportunidades de conocer doctrinas esotéricas, si bien a través de la lectura de Ostara-más adelante veremos que conoció dicha revista de ocultismo germanista- y de su proximidad a Dietrich Eckart, pudo conocer el medio teosofista y ariosófico pangermanis­ta, pero no consta en lugar alguno que realizara algún tipo de práctica ocultista, ni mucho menos esotérica.
Pero, en lo que conocemos de tales prácticas, el llamado “des­doblamiento astral”, no figuraba entre ellas y aunque Miguel Serrano, en Barcelona, haya afirmado a un conocido común, haber sido miembro de la Sociedad Thule -lo que le hubiera dado acceso a sus prácticas y rituales- lo cierto es que en el libro del fundador de la logia, el Barón Sebottendorf, se presenta una lista de la totalidad de afiliados a la logia y entre ellos no se encuentra Serrano, ni siquiera Haushoffer que Pauwels, Bergier y el propio escritor chi- leno, aseguraban era miembro de la misma.
La obra de Miguel Serrano es la obra de alguien atraído doblemente por el nazismo como fenómeno político-social y por el ocul­tismo, extrapolando éste en aquel. La síntesis de este ejercicio de fantasía es un compendió que se descalifica a sí mismo: como trabajo ocultista es de baja calidad, confuso y reiterativo, como trabajo de análisis político sobre el nazismo es simplemente nulo. En los medios neo-nazis de habla hispana la obra de Miguel Serrano tiene una influencia creciente. ¿A qué se debe este fenómeno? Los círculos neo-nazis, separados de cualquier posibilidad de acción política efectiva, tienden a refugiarse en actividades seudo-culturales nostálgicas. Las obras de Serrano inicialmente las pre­sentan como “productos culturales” -si bien la calificación es du­dosa. A partir de ahí los neo-nazis que las leen ven una visión nue­va del nazismo, una visión que los sitúa más allá del bien y del mal, que les da fuerza en la derrota y les explica que el movimiento nacional-socialista fue algo más que un movimiento político, fue un, movimiento cosmológico que, finalmente, triunfará por que así está escrito en las doctrinas ocultistas: de ahí, que para Serrano, Hitler fuera Kalki, el avatar de Visnhú en la próxima era, según la trae dición hindú. Kalki, el restaurador de la edad de oro… Hitler, fi­nalmente triunfará, volverá de su refugio bajo los hielos del Polo y se pondrá al frente de sus huestes…
Savitri Devi, es más moderada en todas sus apreciaciones, aun tratándose de una ferviente partidaria del hitlerismo. Sus obras han sido traducidas al francés y al inglés. Siempre que se ha hablado de esoterismo nazi, tarde o temprano ha aparecido su figura. A ello han contribuido poderosamente dos motivos: en primer lugar el ser la esposa de un escriba de alta casta, perfecto conocedor de los Vedas hindúes. Y de otro lado la fidelidad a sus convicciones de juventud que le llevaron a seguir impartiendo conferencias y publicaciones pronazis hasta el día de su muerte acaecida en 1983. Savitri Devi aparece en todos los libros más o menos escandalosos que han tocado el fenómeno del neo-nazismo. Participó en la creación de la Unión Mundial Nacional Socialista (WUNS) y colaboró con distintos grupos neo-nazis. Su ambición era la de crear una organización internacional “aria” capaz de combatir a los enemigos de la arianidad. Expuso sus ideas político-místicas en multitud de artículos y conferencias generalmente impartidas ante públicos muy minoritarios y predispuestos a acoger favorablemente su prédica.
El texto más significativo de toda su producción quizás sean los “Recuerdos de una aria” y es de él de donde hemos extraído los rasgos más característicos de su pensamiento y de su interpretación del hitlerismo.
Savitri Devi logra aproximarse mucho más al fenómeno hitleria­no que Miguel Serrano. Así por ejemplo, cuando éste afirma que Hitler era una manifestación de Visnhú, Savitri Devi se muestra mucho más prudente: “Adolfo Hitler no era Kalki(avatar de Visnhú). Era como todo Grande un Combatiente contra la corriente del Tiempo, un precursor de Kalki. Era, siempre en cuanto a su esencia, el emperador de la Caverna. Con él, éste ha reaparecido, intensamente despierto y en armas, como había reaparecido ya bajo la figura de diversos grandes jefes alemanes, en particular de Federico II de Prusia, que Adolfo Hitler tanto veneraba Pero esta no era su última y definitiva reaparición en este ciclo”.
Puestas así las cosas, Savitri Devi considera lógica la derrota del nazismo y el final de Hitler: aun no había sonado su hora, no se había agotado completamente el ciclo de la decadencia y por tanto no podía generarse un movimiento victorioso para poder remontar la pendiente. Hitler estaba dramáticamente predestinado al fracaso porque aun no había sonado la hora final del Kali-Yuga (última etapa de decadencia según la tradición hindú). La ventaja que dis- pone Savitri Devi sobre otros estudiosos del esoterismo nazi radica en haber recibido ella misma una formación tradicional sobre la base de los Vedas y antes que a cualquier otra cosa daba preeminencia a los textos sagrados de la Tradición. Ella misma se preocu­pa de atacar a la secta teosofista a la que denuncia como agentes del colonialismo británico en la India, ignorando que esa misma teosofía había sido el inspirador lejano del nazismo. Si bien el ata- que a la Sociedad Teosófica no se basa en los principios doctrina­les sino en la actitud política francamente antinazi de los teósofos ingleses establecidos en la India.
El error de Savitri Devi se evidencia en su apreciación de la problemática racial. Savitri Devi ignora o quiere ignorar que cuando Hitler hablaba de la raza aria, lo que contemplaba era a los pueblos germánicos y otro tanto ocurría -algo más atenuado- con Rosenberg. El nacional-socialismo, al margen de cualquier veta ocultista, fue ante todo una forma acentuada de pangermanismo que, como máximo, hacia el final de la guerra, forzado por la marcha de contienda, debió “abrirse” autorizando la formación de con­tingentes de voluntario (países arios y no arios), en el sentido “indo- ario” de la palabra
Savitri Devi acierta relativamente a la hora de localizar al cen­tro de influencia esotérico del régimen nazi en la Anhenerbe, “de­positaria de la tradición”, da en el clavo al no aventurar hipótesis audaces -a diferencia de Serrano- sobre el esoterismo de la logia Thule cuyos rituales y principios no ve muy claros: “Es imposible decir -escribe- hasta qué punto la sociedad Thule estaba en posesión de esta herencia inestimable venida de los tiempos…”
Savitri Devi, nació en Lyon el 30 de septiembre de 1905, viajó hasta la India en donde se casó con el brahman Mukherji entonces director de la revista ‘The New Mercury’, apoyada por la embajada alemana en Madrás. Mukherji recibió felicitaciones por su trabajo de miembros del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán y figuró en primera línea entre los partidarios de Subba Chandra Bosse, resistente hindú antiinglés, aun hoy héroe popular en la In- día. Fue precisamente Mukherji quien presentó Bosse a los japoneses. Al morir Mukherji su mujer regresó a Europa trabajando como maestra de escuela en Montbrisson entre 1960 y 1969. Luego regresó a la India y finalmente terminó afincándose en Europa en 1981 ya con la salud muy debilitada. Fue expulsada varias veces de Alemania a donde fue a difundir sus loas al nazismo. Otro tanto le ocurrió en Inglaterra. Murió cuando esperaba un visado para entrar en EEUU país en el que quería pronunciar un ciclo de con­ferencias organizado por los grupos neo-nazis.
La obra de Savitri Devi, es, desde luego, mucho más positiva que la de Miguel Serrano. No existen en ella deformaciones ocul­tistas, ni “maestros ocultos”, ni “comunicaciones en el astral”. Exis­te en ambos una admiración incondicional, acaso obsesiva e irracional, hacia la figura de Adolfo Hitler que en ambos les hace tomar algunos deseos por realidades.

Víctima de una propaganda de guerra execrable y de las distorsiones de unos admiradores que lo mistificaron, tanto o más que sus detractores, es extremadamente difícil percibir hoy lo que fue el nazismo. Hay que poner a prueba una objetividad sin reservas y un distanciamiento absoluto. Lo que sigue es la materialización de nuestra voluntad de seguir tal ruta.

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