Adolf Hitler, mi amigo de juventud – August Kubizek

Adolf Hitler, mi amigo de juventud – August Kubizek

320 páginas
fotografías b/n
medidas: 14,5 x 20 cm.
Ediciones Sieghels
2014
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
Precio para Argentina: 120 pesos
Precio internacional: 18 euros

Adolf Hitler, al hablar de sus experiencias de juventud en “Mi Lucha” dice:
“A mis experiencias y conocimientos adquiridos entonces, poco tuve que añadir después; nada fue necesario modificar. Por el contrario, hoy estoy firmemente convencido de que en general todas las ideas constructivas se manifiestan, en principio, ya en la juventud, si es que existen realmente.”
De los miles de libros que se han escrito y se siguen escribiendo sobre Hitler uno sólo puede hablar con autoridad sobre esta época donde el joven Adolf formó su carácter, sus ideas constructivas y su cosmovisión. August Kubizek era su único compañero entonces, con quien compartía la enorme afición por el arte y la música, y por el maestro Richard Wagner en particular, que tanto influyera en Hitler, y ésta es la única obra que se conserva sobre esta época. Más aún, es el único libro que realmente puede hablar de Hitler desde la intimidad, pues Kubizek fue su único amigo y familia en aquellos años, por lo que Adolf conversaba por largas horas sobre sus inquietudes, planes e ideas con él.
Y el contenido de “Adolf Hitler, mi amigo de juventud” está realmente a la altura de las expectativas. En él se puede apreciar casi todas las características que hicieron de Hitler el hombre que fue. Su constante preocupación por el arte y los problemas sociales, su énfasis puesto en los valores y virtudes alemanas, y, sobre todo, su incansable estudio y planeamiento de proyectos para devolver a Alemania su grandeza y llenar al pueblo de beneficios que le den una mejor vida. Hitler daba una realidad asombrosa a sus planes que existían únicamente en su mente: dibujaba planos arquitectónicos, hurgaba hasta en los más mínimos detalles de la logística necesaria para llevarlos a cabo, mandando a averiguar por los detalles más nimios como si su obra fuera a ser construida al día siguiente. Ninguna obra de arte o arquitectónica pasaba desapercibida ante él, todo lo planeaba para utilizarlas en su reconstrucción de Alemania, y no pasaba un día sin que se ocupara de un problema social planeando soluciones a los mismos. De algunos de ellos August guarda incluso los planos de juventud que increíblemente se transformaron en realidad una vez alcanzado el poder que Hitler buscaba para poder realizarlos.

El relato de August Kubizek, más allá de ser simplemente la historia de una amistad de juventud, intentar no hacer referencia a lo que pasó después de aquellos años y no tener fines políticos, ya que siempre fue un desinteresado por la política y jamás quiso sacar provecho de sus experiencias, o hasta fue siempre reacio a contarlas o escribirlas para no aportar más leña al fuego del sensacionalismo creado sobre su amigo, es una obra de referencia, como no hay ningún otra, para todo historiador serio o simple curioso que quiera conocer la vida de Adof Hitler y las inclinaciones que lo formaron desde la más temprana edad.

ÍNDICE

Introducción
Decisión y justificación

AMIGOS DE JUVENTUD EN LINZ

Primer encuentro
Extraña amistad
La imagen del joven Hitler
La imagen de la madre
Recuerdos del padre
Liquidación con la Escuela
Estefanía
Entusiasmo por Richard Wagner
El joven nacionalista
Dibujar, pintar, construir
La visión

NUESTRA VIDA EN VIENA

Adolfo parte para Viena
Muerte de la madre
¡Ven conmigo, Gustl
Stumpergasse 29
La ciudad imperial
Autoestudio y lectura
En la Ópera imperial
Adolfo escribe una ópera
La “orquesta móvil” del Reich
Enojosa interrupción
Actitud de Adolfo con respecto a las mujeres
En el Parlamento
Brusca ruptura de la amistad .
Epílogo

INTRODUCCION

Después de la primera Guerra Mundial, y como consecuencia del tratado de paz que puso termino a aquella, surgió, en Europa Central, un nuevo tipo de  jefe político: el tribuno popular. Estos hombres, provenientes de los más diversos estratos sociales que convirtieron en su lema la frase del semidiós griego: “  No lo has llevado a cabo todo por ti mismo, oh, ardiente y santo corazón!”, llegaron a alcanzar las más altas cimas de la fama. El entusiasmo de las masas les rodea, y la propaganda las ensalza sin medida. Que Dios se apiade, empero, de aquellos que osan aventurarse en una guerra, y se permiten perderla de acuerdo con la moral de nuestro tiempo, esto significa ser condenado a muerte y ahorcado por un tribunal que pretende defender el derecho de gentes, pero que, en realidad, no hace sino defender el derecho de los vencedores. O, si quieren escapar a este destino, deben elegir la muerte por su propia mano. El fin de Hitler y Mussolini es característico. Estos dos estadistas iniciaron la era de los tribunos populares, que más tarde habría de encontrar su continuación, en un gran número de variaciones, en otros países y continentes
Adolfo Hitler se derrumbó entre el fragor y las tempestades de un crepúsculo de los dioses. Cuando se hubo dado muerte de un disparo en el refugio de la destrozada Cancillería y la desgraciada segunda Guerra Mundial hubo terminado con la capitulación incondicional del Reich, su figura se convirtió, en un principio, en una caricatura histórica y humana. La “literatura confidencial” se apropió de ella. Desde los llamados “Tambien-historiadores” hasta los psiquíatras, todos intentaron hacer su agosto de esta figura en forma de obras bien remuneradas. Aquellos que afirman ante el pueblo: “no fue mía la culpa, sino suya”, pertenecen tambien  a ellos, lo mismo que los realmente maltratados, los que a duras penas pudieron salvarse, y que le odiaron ya desde un principio. Y, sin embargo, un retrato claro de la naturaleza y de la obra de Adolfo Hitler no podrá ser siquiera esbozado en tanto no se cree para ello una premisa fundamental: el total conocimiento de todas las relaciones en la gran política y en la vida de Hitler. Y aun cuando ésta exista, la figura del canciller alemán seguirá todavía confusa en la historia, pues, en este aspecto, ha de ser decisivo el punto de vista desde el que se considere. No hay que recordar sino la actitud de los historiadores europeos en relación con el emperador Federico II o Wallenstein, y, ante todo, con Napoleón, Metternich y Bismarck en las distintas épocas.
Cabe alegrarse, ciertamente, de que la literatura “sensacionalista”, y “confidencial”, que se venga de la época nacionalsocialista vaya cediendo, cada vez más el lugar a la ciencia histórica. Se conocen ya serios y nobles intentos para aportar las primeras piedras para un juicio objetivo de la época autoritaria de Alemania y de sus figuras responsables.
Esta obra pretende servir también al mismo propósito, ya que ofrece a los historiadores un importante material objetivo de la juventud de Hitler, para permitirles esbozar un estudio de conjunto sobre la naturaleza y la obra de este hombre
Todos y cada uno pueden medir, en su propia existencia, cuan importante es la época de la juventud para el ulterior desarrollo del nombre. El carácter, la actitud en relación con lo que le rodea, con la época y sus ideas, con la política, el arte y las ciencias, en resumen, todo el concepto del mundo, se absorben y captan en esta época de la vida. Para Hitler es esto valido en una medida especial, dado que, por razón de sus especiales inclinaciones, apenas si se han modificado aquellas posteriormente.
Hay que hacer constar tambien en este lugar otra consideración: antes de que el último testigo de la juventud de Hitler deje para siempre la pluma de su mano, es preciso retener y conservar para la posteridad, sus conocimientos sobre el tribuno popular alemán. August Kubizek, en la actualidad jefe de negociado en el municipio de Eferdíng, a sus sesenta y cuatro años, es, sin duda, el más importante de ellos, ya que fue amigo de Adolfo Hitler. Y debemos destacar que no es un amigo más tal como se les encuentra en la vida de todo hombre joven, sino el único amigo en aquella época en que Hitler acababa de salir de la escuela real en Linz y trataba de encontrarse a sí mismo y a su porvenir. Lo mismo es válido, también, para los años de aprendizaje en Viena, hasta la repentina desaparición voluntaria de Hitler. Las declaraciones de Kubizek son, por tanto, de una importancia casi decisiva. Él es el único que esta en situación de ofrecernos el cuadro del joven Hitler de modo concurrente, ya que no existe ninguna fuente, mejor, ni podrá haberla, tampoco, en el futuro.
A ello se añade que el autor de este libro es músico por naturaleza e inclinación, al que tan sólo los avatares de la época arrojaron a la administración de una comunidad. La política no le interesaba entonces, ni sigue interesándole hoy día. Es por ello que sus manifestaciones se refieren solamente al aspecto humano y psicológico de Adolfo Hitler. Y también cuando se refiere a los proyectos y pensamientos del amigo de su infancia — que más tarde han de resurgir, en efecto, en el programa político de Hitler, con lo que pone de manifiesto de manera irrefutable, lo consecuente en la Naturaleza del dictador alemán —, está muy por encima de la sospecha de servir a la especulación política. Es justamente esta falta de interés por la política la que concede a Kubizek la libertad interior para describir la vida de Hitler antes de su madurez, como hombre y amigo, y nada más que esto.
Cuando el 8 de abril de 1938 ve Hitler de nuevo a “su Gustl”, en Linz, y le ofrece espontáneamente su ayuda para que pueda consagrarse a la música, rechaza Kubizek esta propuesta por modestia, pues se cuenta entre aquellos que no buscaron jamás ninguna ventaja o provecho de su amistad con Hitler. Cuando más tarde, siguiendo una invitación del canciller alemán, acude a Bayreuth, lo hace solamente como continuación de la amistad sellada en la entrada de paseo del Teatro Municipal de Linz, ascendido, ahora a la categoría de jefe del Estado. Las tentadoras ofertas de los editores para escribir sobre el canciller del Reich, hubo de rechazarlas Kubizek ya en aquel tiempo en que Hitler y Bormann no le habían recomendado aún la mayor reserva. Dado que algunos de sus recuerdos, de Hitler estaban en contradicción con las declaraciones de éste en su obra polémica Mi lucha, prefirió distanciarse de todo ello. Pero, cuando la estrella de su amigo empezó a declinar, el músico apolítico, que hasta entonces no había sido siquiera miembro del partido decidió ingresar en el NSDAP: no para ceder su voto al régimen, sino por pura fidelidad al amigo. En una actitud tan llena de carácter insobornable, no debe causar extrañeza el que el autor de esta obra se negara, tambien después de 1945, a publicar en la literatura “sensacionalista” los recuerdos de su juventud al lado de Hitler. Esperó hasta que se hubiera calmado el encrespado oleaje de la excitación política, hasta, que la edad le aconsejó aportar sus conocimientos sobre Hitler, hacia el que sigue reconociéndose como amigo de la infancia, por encima de toda política, para contribuir a una biografía historica objetiva y carente de todo apasionamiento. Esto deben agradecérselo todos los círculos interesados — tanto los antiguos enemigos como los partidarios del nacionalsocialismo—, pues, gracias a ello, podrá salir a la luz la figura del joven Hitler, yacente hasta ahora, en la obscuridad.
La Editorial Leopold Stocker, a cuyos ruegos se escribió la presente obra, agradece desde aquí particularmente al autor, pues sabe cuán falsamente interpretada puede ser tal obra. El hecho de que el autor haya aceptado llevar a cabo esta penosa tarea, en beneficio de la ciencia histórica y de la verdad es digno del mayor reconocimiento. El propósito de la editorial coincide con el de August Kubizek en todos sus aspectos. No aspira más que a una cosa: ¡prestar un servicio a la verdad!

Leopold Stocker

DECISIÓN Y JUSTIFICACIÓN

 

La decisión de recopilar mis recuerdos de infancia al lado de Adolfo Hitler, me ha sido difícil; son grandes, pues, las probabilidades de no ser comprendido. Sin embargo, los dieciséis meses de cautiverio americano a que tuve que someterme en el año 1945, a mis cincuenta y siete años, han quebrantado mi salud de por sí ya no muy fuerte; y es por ello que quiero aprovechar los años que me han sido todavía concedidos.
En los años de 1904 a 1908 viví yo al lado de Adolfo Hitler como el único de sus amigos, primero en Linz, y después en Viena, donde compartíamos la misma habitación. Aun cuando se trata de aquellos años de evolución y desarrollo, en los que va marcándose lentamente el sello de la personalidad de un hombre, poco es lo que se conoce de tan importante capítulo en la vida de Adolfo Hitler, y este poco no es, además, siempre verdad. Al referirse a este período, el mismo Hitler se ha limitado siempre a algunas observaciones bastante fugaces. Es por ello que opino que estas páginas pueden contribuir a aclarar el cuadro que al presente se ha hecho de Adolfo Hitler, sea cual sea el punto de vista desde el que se examine. El supremo principio que me guía, es: redactar estos recuerdos de infancia sin añadir, pero tampoco silenciar nada. No quiero decir más que lo que fue.
Por todo ello no me gustaría que esta obra fuera incluida entre la habitual literatura sensacionalista en torno a Hitler. He demorado la publicación de esta obra hasta ver disminuido el interés despertado por esta clase de literatura, y cuando cabe esperar que habrá de ser tomada en serio por los hombres conscientes y de pensar objetivo, al publicarse un libro sobre Adolfo Hitler. Sería falso querer añadir a estos recuerdos y vivencias comunes de juventud, pensamientos y opiniones propios de los capítulos posteriores de la vida de Hitler.
He procurado celosamente mantenerme alejado de estos peligros, y consignar mis recuerdos de aquellos tiempos de la misma manera como si Adolfo Hitler, con el que tuve una amistad tan íntima, hubiera seguido siendo durante toda su vida un desconocido o hubiera caído en la Primera Guerra Mundial.
Comprendo perfectamente las enormes dificultades que se oponen a mi propósito de recordar y escribir sucesos y acontecimientos que se remontan a más de cuarenta años. Sin embargo, mi amistad con Adolfo Hitler llevó marcada, ya desde un principio, la importancia de lo extraordinario, de forma que los detalles han quedado más firmemente grabados en mi recuerdo de lo que es usual en las relaciones mas indiferentes. Por otra parte, me sentía también obligado al mayor agradecimiento hacia Adolfo Hitler, por haber sido él quien pudo persuadir a mi padre de que mis inclinaciones y aptitudes musicales no me llamaban al taller, sino al Conservatorio. Esto cambio, decisivo para el ulterior curso de mi vida, y que el joven Hitler, que entonces contaba sólo dieciocho años, consiguió imponer a pesar de las resistencias que me rodeaban, dio a mis ojos un superior realce a nuestra amistad. Es por ello, también, que su recuerdo ha quedado tan firmemente grabado en mi mente. Debo añadir, además, que yo, a Dios gracias, gozo de una excelente memoria, que, de todas formas, es eminentemente acústica. Para la redacción de esta obra han sido para mí una gran ayuda las cartas, tarjetas y dibujos recibidos de mi amigo, y, de otra parte, las anotaciones tomadas por mí mismo hace ya mucho tiempo.
Si nuestro pueblo quiere recuperar algún día la confianza en sí mismo, tan quebrantada en estos últimos tiempos, debe procurar superar este difícil y penoso capitulo de su historia, es decir sin ningún impulso desde el exterior. Esto no puede conseguirse, es cierto, por falsas “revelaciones” o juicios unilaterales, sino por la representación objetiva, justa y, en consecuencia, realmente convincente de los acontecimientos históricos. Y confío poder contribuir a ello en el modesto marco de esta obra.

Eferding, agosto de 1953.

 

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