El Sol Negro – Guillermo Prieto

El Sol Negro – Guillermo Prieto

280 páginas, 13 imágenes a color
Tamaño: 11,5 x 17,5 cm.
Ediciones Camzo
España, 2010
Colección: Hombre Nuevo 
Nº 3
Encuadernación rústica.
Precio para Argentina: 72 pesos
Precio internacional: 12 euros

Enmarcado en el pensamiento de la Tradición Perenne, y sin menospreciar sus relaciones con el Nacionalsocialismo, el autor nos regala valiosas investigaciones y reflexiones sobre un esoterismo que no olvide sus deberes para con la vida. Para él, “El mundo no es una mera cárcel del espíritu. La existencia sólo es cárcel para aquel que por insuficiencia ante ella permite ser encarcelado. No existen cárceles para quien se impone. El cuerpo puede ser una carga insostenible para un pusilánime; un medio de manifestación, lucha y superación para un hombre”. Estas líneas, en el pensamiento “esotérico” de muchos sufrelotodos, son revolucionarias.
Ningún título es más apropiado para esta obra que el de Sol Negro, precisamente porque el Sol Negro representa la fuerza interior, aquello en lo que un árbol echa raíces y, en cierto modo, la energía de la Madre Tierra y del cuerpo, que debe ser armonizada con la del Padre Cielo y del espíritu.
Antes de dar la bienvenida a tiempos más duros, más turbulentos y más justos, que se ciernen ahora sobre las naciones occidentales, debe crearse una nueva mentalidad y, si se quiere, una nueva religión, en la que la Tierra, el cuerpo y la materia no sean objeto de desprecio y miedo, sino una academia y un templo para el espíritu. Valga este libro como un grano de arena más en esa inmensa labor.

ÍNDICE

PRÓLOGO                        11
SOL NEGRO         18
-El Indomable         20
-El Imperecedero    29
UNIDAD A MULTIPLICIDAD    39
La explosión del Centro      42
El Rey Herido         48
La apofática y su negación              57
LA DÍADA             67
Precisiones sobre la complementariedad     74
Dualidad y raza       79
Formas de concebir la díada           83
LOS DOS VÉRTICES DEL COSMOS    111
Destrucción y Creación       127
Ciclo solar   137
ODA A LA MUERTE        141
EL RETORNO AL CENTRO       155
Solve et Coagula     159
Una versión de la ascensión planetaria         175
GUERRA SACRA             179
LA DUODENARIA MILICIA CELESTE 194
–      Roma               212
SOL NEGRO Y III REICH           224
–      Wewelsburg     229
ANEXO:
NUESTRA VIDA. Kurt Ellersieck 236
PANTÁCULO       251
IMÁGENES           257
BIBLIOGRAFÍA        271

PRÓLOGO

Cualquiera que se haya molestado en meditar mínimamente sobre la Historia, el mundo y el Universo todo, percibirá, inevitablemente, dos fuerzas que se enfrentan con aterradora testarudez. Una de esas fuerzas desciende de “lo alto” y se identifica con lo luminoso, lo solar, lo celeste, lo espiritual, lo olímpico, la voluntad, el símbolo del águila, el centro del círculo y lo “ultravioleta” y divino que se halla por encima de lo que los sentidos meramente físicos pueden percibir. La otra fuerza asciende desde “lo bajo” y se identifica con lo oscuro, lo lunar y nocturno, lo terrenal, lo material, el submundo, el instinto, la serpiente, el exterior del círculo y, en suma, lo “infrarrojo” y demoniaco que se halla por debajo de lo que los sentidos pueden percibir. Entre ambos territorios —centro y  exterior,   dentro  y fuera,  encima y debajo, inmortalidad y muerte— se crea una tensión vital que es vida, movimiento y actividad: son los doce rayos del Sol Negro.
Todo cuanto vemos recibe infusión de vida gracias a este “voltaje” que media entre dos polos, cuanto más extremos, mejor, ya que el verdadero equilibrio no se fundamenta en un mediocre término medio gris, sino —como en un tablero de ajedrez— en el juego, a veces sutil y a veces grosero, entre el bando blanco y el bando negro, lo cual produce entre ambos una “delgada línea roja” donde tiene lugar la inevitable transformación. Mas ¿cómo tiene lugar la lucha entre estas dos potencias? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo se mezclan y cómo fluyen estas fuerzas en el mundo? ¿Qué efecto tienen en el ser humano? ¿Es necesario separar ambas corrientes antagónicas como buscaban el orfismo y el maniqueísmo? ¿Conciliarias como hacía el dionisismo? ¿Debe el espíritu ser reintegrado en la materia y hacerse fuerte en la misma al estilo del mens sana in corpore sano’? ¿Cómo terminará la lucha y qué objetivo ha tenido? ¿Qué modos han tenido las diversas mitologías de expresar estos asuntos simbólicamente? ¿Está el ser humano llamado a ser un conductor de fuerzas entre el “cielo” y la “tierra”, y en el cual ambos polos encuentran al fin su compatibilización y su reconciliación definitivas? ¿Es el amor físico entre un hombre y una mujer la manifestación suprema de la voluntad creadora de reintegración espiritual-material? ¿Es la lucha física violenta otra manifestación de la fuerza de la vida, y una vía válida de ascensión y auto-perfeccionamiento?
El autor ha sabido, en el tratamiento de estos temas, conjugar la razón con la intuición, la lógica con el instinto, la prudencia con la pasión y el cerebro con el corazón. No renuncia tampoco a la formación intelectual mostrada en cada página, y que denota una sólida formación en esoterismo, con lo cual es capaz de proporcionar variedad de datos que dotan de consistencia el visceral mareo que presenta.
Pienso, por tanto, que la visión que nos puede ofrecer el autor es más amplia, completa y auténtica que la mayoría de visiones de esoterismo que se han dado hasta ahora, que demasiado a menudo adolecen de un aborrecimiento y desprecio hacia la materia y que, en el fondo, denotan un profundo disgusto del espíritu en el seno del cuerpo y de la persona en el mundo. La vida sobre la Tierra, efectivamente, se caracteriza por ser una envoltura material del espíritu, pero si eso es malo y el mundo no es más que un “valle de lágrimas”, la vida no tiene sentido, nunca debiéramos haber encarnado y deberíamos acaso suicidarnos todos para “liberar” al espíritu de la “opresión” mundana. Tal postura, además de ser una verdadera majadería y un atentado contra la vida, es nihilista, y desemboca inestablemente en despreciar el papel de la sangre y la herencia biológica (que ya se sabe que son cosas materiales) y, por tanto, la importancia de cualquier raza que no sea una “raza del espíritu”.
Y es que, como bien dice el autor: “el mundo no es una mera cárcel del espíritu. La existencia sólo es cárcel para aquel que por insuficiencia ante ella permite ser encarcelado. No existen cárceles para quien se impone. El cuerpo puede ser una carga insostenible para un pusilánime; un medio de manifestación, lucha y superación para un hombre”. Estas líneas, en el pensamiento “esotérico” de muchos sufrelotodos, son revolucionarias. Y es que la Providencia nos ha colocado en el tablero de ajedrez, donde pasaremos unas décadas. El autor dice: no te pases esas décadas añorando el Cielo; seas peón, torre o rey, ponte a funcionar y toma parte en la partida que te ha tocado, pues el árbol que quiera proyectar sus ramas al cielo y al sol, antes deberá echar raíces profundas en una tierra sólida y áspera, allá donde, en ausencia total de luz, brotó en primer lugar la semilla caída.
La perspectiva del autor es, pues, en comparación con otras visiones hippiescas o candidas del esoterismo, más vital, más alegre, más juvenil, más guerrera, más militar, más dionisíaca más nietzscheana.
Aunque le corresponde al autor desarrollarlo y al lector interpretarlo, creo que ningún título es más apropiado para esta obra que el de Sol Negro, precisamente porque el Sol Negro representa la fuerza interior, aquello en lo que un árbol echa raíces y, en cierto modo, la energía de la Madre Tierra y del cuerpo, que debe ser armonizada con la del Padre Cielo y del espíritu.
Antes de dar la bienvenida a tiempos más duros, más turbulentos y más justos, que se ciernen ahora sobre las naciones occidentales,   debe  crearse  una  nueva mentalidad y, si se quiere, una nueva religión, en la que la Tierra, el cuerpo y la materia no sean objeto de desprecio y miedo, sino una academia y un templo para el espíritu. Valga este libro como un grano de arena más en esa inmensa labor.

N.T.

Presentación en Librería Europa: EL SOL NEGRO de Guillermo Prieto

El germen de este libro data del 2008. Se trataba, al comienzo, sólo de un conjunto de reflexiones y conclusiones nacidas de las vivencias y lecturas que me circundaban por entonces. Solamente después, tras la solicitud de publicaciones y la disposición de una Editorial, se pensó que quizás el material pudiera ser articulado en forma de libro y servir así como auxiliar de formación.
Lo que encontrará el lector, para ser más específicos, es una exposición de mi pensamiento por entonces tras el encuentro con lo que hoy llaman escuela perennalista (en la que encasillan a autores como Schuon, Guenon, Coomaraswamy, Evola, etc.) y el espíritu hitleriano.
Cobra pues interés para aquellos interesados en la llamada Sophia Perennis, en su vinculación con el NacionalSocialismo y en fin, en las implicaciones cosmovisionales que tiene el ‘’perennalismo’’ y especialmente el de corte evoliana, al que reconozco como más influyente.
Hay varios aspectos sobre los cuales el libro aporta luz:
– El Sol Negro: Comúnmente asociado al famoso símbolo del Castillo de Wewelsburg, ha sido objeto de múltiples abusos, frutos en gran parte de la ignorancia. El libro explica al Sol Negro como símbolo, es decir, como manifestación de lo universal en el mundo, trascendiendo la determinación histórica, étnica o nacional en la cual la mayor parte de las veces se ve estancado. En un recorrido por la antigua Roma, la Hélade, Irán, la India y en fin, cualquier lugar en el cual los indoeuropeos conectaran con su origen, se observa que está presente éste símbolo, desmintiendo así pues que fuese una mera invención de la SS y menos aún un robo, ya que de manera constante se expresaba un mismo contenido bajo ropajes distintos.
– La Duodenaria Milicia Celeste: los doce imames del chiísmo, los doce iniciados de Agartha, los doce Asen de Asgard, los doce dioses romanos y griegos, los doce trabajos de Herácles, los doce apóstoles de Cristo… Lejos de pretender fomentar ningún ecumenismo ni sincretismo de cualquier tipo, cabe preguntarse ¿Inconsciente colectivo? ¿Tradición Primordial? ¿Religión cósmica? El capítulo no aporta respuesta pues no es esa su preocupación sino la de exponer con simpleza y profundidad el alcance y la riqueza del simbolismo del Doce. Es aquí donde se puso especial énfasis en la obra, pues intenso hubo de ser el símbolo que nos dejó su huella en nuestra medida del tiempo, tanto en los relojes de pulsera como en los calendarios, que se dividen ambos en doce.
– El ataque al determinismo: Hoy en día se nos repite sin cesar que no somos los dueños de nuestra vida. Es un presupuesto del evolucionismo bajo cualquiera de sus ropajes biologicistas, que afirma que nuestra naturaleza es independiente de nuestro ser y no reimos por sentir, no lloramos por sufrir, no existe el amor etc… ya que todo son reacciones químicas intrínsecas en tanto que heredadas y orientadas hacia funciones concretas que no dependen de nuestra voluntad. Nuestro cuerpo, en definitiva, no es nuestro: nosotros somos de él. Nuestra vida, por tanto, no la poseemos: nos posee ella a nosotros. Inversión satánica propia de la satanocracia imperante, con perdón del término imperar. Al margen del biologicismo neodarwinista están otras corrientes igualmente deterministas y por ende igualmente modernas y nocivas: tales son las que promulgan la esclavitud del individuo frente al destino, la inexistencia del individuo y su fusión con el todo universal, el panteísmo monista, etc.
El nexo común de todos los determinismos es su negación de la libertad. Si el hombre no es libre, no es responsable de sí, queda libre de su carga y la relega a otro: la felicidad del borrego. Si el hombre es libre y además artífice de la historia, tiene la autoridad de que el rumbo de esta sea bueno o malo, y por ello posee la responsabilidad y la carga: él decide si se orientará hacia lo alto o se dejará caer en picado. Se puede observar que hay dos temperamentos definidos que subyacen a estas dos concepciones de la historia: el huidizo que es determinista y el hombre digno, que con seguridad perpendicular se dice libre, y además afirma esa libertad sin negar el papel de Dios, de la Providencia, de la teleología de la Creación.
– Defensa de la Apofática: La llamada teología negativa del Pseudo-Dionisio el Areopagita, del Maestro Eckhart y sus discípulos Enrique Suso y Juan Tauler, de Nicolás de Cusa y Juan Escoto Erígena, son un referente de pilar medieval en el cual se debe insistir en tiempos en los que se abusa de la pseudoespiritualidad antropocéntrica. Esta mística occidental rompe con las especulaciones demasiado mundanas por el simple hecho de que no permite ningún tipo de afirmación referente a lo Increado, señalando así su carácter sempiterno e Infinito.
Creo que no es preciso dar más detalle del texto pues la temática se intuye y los interesados podrán reconocer la utilidad del libro sin necesidad de más precisiones. No quería terminar, sin embargo, sin informar de que junto a lo positivo del contenido se encuentra también un mensaje nocivo, como es normal ya que lo empecé con 18 años y se terminó teniendo ya 19. Con nocivo quiero decir liberaloide, moderno y personal. Hoy en día se tiende a exaltar lo original, lo ‘’creativo’’, lo propio, y se olvida o mejor dicho se oculta o censura eso que no es personal, que no es subjetivo, que no es opinable ni creativo puesto que es, ha sido, y será siempre: me refiero a la Tradición. Por tanto para terminar quería dar un consejo para la lectura del libro: separar todo lo que es paja, y la paja es todo aquello personal y también aquello otro no tan personal cuya fuente es la escuela ‘’perennalista’’, pues sólo a Dios, a los escogidos por él para guardar el Depósito de la Fe y a los autorizados por éstos para exponerla, les es lícito hacerlo… lo que equivale a decir que nadie puede otorgarse a sí mismo el título del Magisterio de la Tradición. Autoridad, jerarquía, obediencia y servicio, son conceptos que deben rescatarse junto al del libre albedrío.

Guillermo Prieto

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