La francmasonería – Dieter Schwarz

112 páginas
medidas: 14,5 x 21 cm.
Ediciones Sieghels
2014
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
Precio para Argentina: 170 pesos
Precio internacional: 13 euros

El objeto de la presente obra es tratar en forma concisa los problemas esenciales del francmasonismo. No tiene la pretensión de agotar el tema sino más bien suministrar la documentación fundamental, sobre la base del material auténtico proveniente de los archivos del Servicio de Seguridad del Reichsführer SS y de la Policía Secreta del Estado (Geheime Staatspolizei), poniendo en evidencia ante la opinión pública el peligro de la Francmasonería y su accionar en el transcurso de los últimos siglos.
Quedara como tarea de ulteriores trabajos exponer de modo exhaustivo el antagonismo insoslayable entre la ideología francmasónica y el Nacionalsocialismo.
HEYDRICH
SS Gruppenführer

ÍNDICE

Prefacio 9
Primera parte
Fundamentos históricos
I.- Los fundamentos judeo-orientales 13
II.- La evolución extra alemana de la Francmasonería
en el siglo XVII 19
1º El desarrollo a partir de las logias gremiales inglesas
de los siglos XVII y XVIII 19
2º El desarrollo de la Francmasonería en Francia 22
3º Desarrollo de la Francmasonería en Alemania hasta la
emancipación de los judíos. 24
a) La línea de influencia inglesa 25
b) La línea de influencia francesa 25
c) La evolución de la Francmasonería alemana en sentido
filosófico-especulativo 27
III.- La evolución de la Francmasonería en los siglos XIX y XX 35
1º La participación de los francmasones en las subversiones
de 1789, 1830 y 1848 35
3º La penetración del judío en la sociedad burguesa
a través de las logias 41
4º La evolución fuera de Alemania desde 1870-1914 48
5º El comportamiento de los francmasones alemanes
durante ese tiempo 50
IV.- La Francmasonería Internacional y la Guerra Mundial 53
1º El comportamiento de las logias en los Estados de la Entente 53
2º Comportamiento y posición adoptada por la Francmasonería en Alemania (La influencia de las logias y su desintegración de la fuerza de resistencia del pueblo alemán) 55
Segunda parte
Organización, forma de trabajo y fines de la francmasonería
I.- Especies didácticas y sistemas de grados 61
1º Especies didácticas anglo sajonas y sus derivados. 61
2º La francmasonería francesa y las “especies dideticas”
derivadas de ella 62
3º “Especies didácticas” liberales y libre pensadoras 62
II.- Uniones internacionales de organizaciones de logias 63
1º La logia de S. Juan como escalón inferior 63
2º Las logias de altos grados 64
3º La “Liga Francmasónica General” 65
III.- Trabajo exterior francmasónico camuflado dentro
de otras organizaciones 67
IV.- Logias sin licencia y organizaciones similares
a la Francmasonería 71
V.- Los ideales Francmasónicos 73
1º La ideas fundamentales de la francmasonería 73
2º Métodos francmasónicos de educación 75
VI.- La Francmasonería y los demás poderes supra estatales 85
1º Francmasonería e Iglesia 85
2º Francmasonería y Judaísmo 87
3º Francmasonería y Marxismo 89
Tercera Parte
La francmasonería como forma antagónica del nacionalsocialismo
I.- Francmasonería y Fascismo 97
II.- Francmasonería y Nacionalsocialismo 101
A. Grandes logias “prusianas antiguas” 103
A. Grandes logias “humanitarias” 104

PREFACIO

El objeto de la presente obra es tratar en forma concisa los problemas esenciales del francmasonismo. No tiene la pretensión de agotar el tema sino más bien suministrar la documentación fundamental, sobre la base del material auténtico proveniente de los archivos del Servicio de Seguridad del Reichsführer SS y de la Policía Secreta del Estado (Geheime Staatspolizei)1, poniendo en evidencia ante la opinión pública el peligro de la Francmasonería y su accionar en el transcurso de los últimos siglos.
Quedara como tarea de ulteriores trabajos exponer de modo exhaustivo el antagonismo insoslayable entre la ideología francmasónica y el Nacionalsocialismo.
HEYDRICH
SS Gruppenführer

Los fundamentos judeo-orientales

La Francmasonería constituye una forma diametralmente opuesta al Nacionalsocialismo, cuya importancia para la evolución histórica de los dos últimos siglos debe ser evaluada al mismo nivel que la actuación de las demás organizaciones supra estatales: la iglesia política, el judaísmo y el marxismo. Constituye la vanguardia liberal burguesa del judaísmo mundial.
Ella destruye los principios rectores de las Comunidades y sus bases nacionales raciales, posibilita al judío la “igualdad” de derechos sociales y políticos3 y prepara la vía a la subversión judía al sostener las sofísticas tesis de libertad, igualdad y fraternidad, de “solidaridad» entre los pueblos, de la Liga de las Naciones y del pacifismo así como por su recusación de cualesquiera diferenciación étnica.
Por medio de sus ramificaciones internacionales, la Francmasonería interviene en la política exterior de las naciones llevando a cabo, al margen de los jefes de Estado nominales, una Política mundial secreta.
Para ello, la Francmasonería tiene buen cuidado de que las posiciones claves en la vida pública, económica y cultura de un pueblo sean cubiertas por “hermanos” masones que llevarán al terreno de los hechos los pensamientos del francmasonismo.
El Estado Nacionalsocialista ha desbaratado la organización de la Francmasonería en Alemania. Empero, la mentalidad francmasónica pervive en los antiguos miembros de las logias. Al mismo tiempo, existe el peligro de una nueva infiltración de las ideas francmasónicas desde las logias de los países extranjeros.
En consecuencia, el estudio de esta tenebrosa organización y el esclarecimiento profundo de nuestro pueblo al respecto significa, no sólo una problemática histórica interesante, sino un deber premioso de vigilancia en la lucha contra nuestros enemigos.
No solamente por su organización la Francmasonería está íntimamente ligada al judaísmo. También el simbolismo francmasón señala por sus usos, términos y signos hebraicos, al judaísmo como su raíz verdadera4. El mundo conceptual y francmasónico es un fiel reflejo de ideas y concepciones judaicas y pro-asiáticas.
El punto central de la filosofía del Antiguo Testamento está determinado por el concepto de Yahvé como “dios” judaico. En un primer momento imperó entre los judíos la creencia en un gran número de divinidades regionales, entre las cuales Yahvé, como dios del desierto, carecía aún de toda importancia, hasta que se buscó en el desierto un “pueblo” (las tribus nómadas de Israel), mediante cuya ayuda podía proceder a destronar los demás dioses y con ello posibilitar la conquista y dominación mundial. En el judaísmo posterior, Yahvé fue considerado en primer termino como el dios más elevado, luego como dios único, pero manteniendo con toda fidelidad los primitivos rasgos de su carácter. El nombre de Yahvé significa para el judío el programa de la esclavización del mundo (Véase Isaías, Cap. 60. etc.).
Junto con la evolución del concepto de Yahvé se realizó la centralización del culto judaico: los primitivos y numerosos lugares de sacrificios en Canaán fueron reemplazados por uno solo (primeramente Silo, más tarde Jerusalén). La carpa del “pacto” y el posterior Templo de Salomón tenían validez en tanto
“Casa de Yahvé”. Al igual que el propio Yahvé, también el Templo negó a constituir un símbolo de los planes judaicos de dominación del mundo (Véase Ezequiel, Cap. 40 48 y además en el Nuevo Testamento, Apocalipsis, Cap. 21).
En la época que siguió al exilio babilónico, el judaísmo “profético” fue completado mediante “la “Doctrina de la ley” sacerdotal (Thora) y los “libros de la sabiduría” (Jokma). A través de la imitación de la cultura no judía se desarrolló un orden social primitivo e incipiente. Simultáneamente Yahvé adquirió como “Arquitecto de los mundos” carácter cósmico. Con ello, se inició una postura internacionalista (desarrollo de la doctrina del Mesías)
A los pensamientos del Antiguo Testamento se amalgamó en el transcurso del tiempo el estado anímico sobre el que se basan los “misterios” sirio fenicios. Los misterios presuponen el sentimiento de pecaminosidad de un ser humano interiormente desgarrado: es a este ser a quien se proponían transmitir a través de palabras, signos y actos “místicos”, es decir, misteriosos, una “gracia divina” asegurándole así la “salvación” y la “bienaventuranza eterna”
Estas tesis desarrolladas en un estilo fantasioso encontraron su expresión en los escritos judaicos “apócrifos” y en el Nuevo Testamento, así como en época posterior entre los “gnósticos”.
La totalidad de este conjunto de conceptos ha sido revivida en el simbolismo y la doctrina de la Francmasonería. La leyenda de Hiram, el símbolo del Templo y de sus utensilios de culto, las pruebas del valor unidas a la admisión en la logia, el simbólico ritual mortuorio, las contraseñas secretas, etc., revisten de formas sensoriales intuitivas lo que la doctrina pone en evidencia. (La formación del ser humano desde la piedra basta hasta el cubo, la obra en un “templo de la humanidad”, el “mesiánico” imperio de la paz por “confraternidad mundial” y el rechazo de todas las barreras naturales raciales y políticas dentro de la “hermandad universal”, etc.). A este respecto, los símbolos y las doctrinas no han sido desarrolladas en un conjunto unitario a partir de determinadas formas primigenias, sino que se nos presentan como una mezcla multicolor de componentes de la más dispar naturaleza (sincretismo), lo que toma hasta dificultosa la comprobación de la respectiva fuente de origen.
A todos los países del Poniente, el mundo de las ideas pro asiáticas le fue trasmitido por de pronto mediante la Iglesia, institución que conservó fielmente como “divina” la herencia judaica. A partir del siglo VII fueron influencias arábigas del Islam, en el siglo XI por las Cruzadas y desde el siglo XII, han sido filósofos judíos (Ibn Gebirol, Maimonides, Cábala) los que originaron una profunda acentuación del mundo. de las ideas típicamente judaicas. De este modo, paulatinamente el pensamiento judío volvió a introducirse en el horizonte de Occidente, de donde había sido desplazado por la escolástica alemana.
En las academias y agremiaciones del Renacimiento llegaron a adquirir especial prestigio las ideas judías por intermedio de los “cabalistas cristianos”. (Pico de la Mirándola) .
Existía, entonces, predilección por el estudio de los escritos hebraicos, pudiendo haber desempeñado en tal sentido un rol notable el excéntrico afán de “misterios” y de extravagancias. Por obras de Johannes Reuchlin y otros, tales tendencias fueron transmitidas hacia Alemania. Se formaron sociedades secretas que mediante la introducción de la alquimia, las matemáticas, la astronomía y la astrología así como de la magia, trataron de transformar las fantásticas elucubraciones judaicas, con un agregado teológico, en un sistema.

 

Notas:

3 La historia contemporánea demuestra de modo irrefutable que la emancipación de los judíos no es sino el instrumento de éstos para el avasallamiento de los pueblos (N. del T.)
4 Esto ha sido probado reiteradamente y reconocido por los propios judíos En la revista inglesa El Israelita, de fecha 3 de agosto de 1866, por ejemplo, el judío Isaac Wise escribió al respecto: “La Masonería es una institución judía, cuya historia y cuyos deberes, contraseñas y explicaciones son judíos desde el principio hasta el fin”. También el filósofo hebreo y defensor del capitán Dreyfuss, Bernard Lazare dice en su conocida obra El Antisemitismo “Es evidente que no hubo más que judíos en la cuna de la masonería (N. del T.)

EL IMÁN OCULTO – Henry Corbin

286 págs.,
Tapa: blanda
Edicitorial Losada
2005,
13 x 20 cm.
Precio para Argentina: 95 pesos
Precio internacional: 17 euros

En esta obra del filósofo, orientalista e historiador de las religiones Henry Corbin, uno de los mayores difusores occidentales del pensamiento oriental, se reúnen varios textos que recogen las líneas maestras de su pensamiento. Desde una posición que supera tanto el dogmatismo idealista como el materialista, Henry Corbin se nos presenta como el pensador que descubre a los filósofos del Irán antiguo, especialista en mística chiita pero también en Heidegger, capaz de tender sutiles puentes entre ambos mundos al desentrañar la lógica que lleva de uno a otro, como queda patente en la reveladora entrevista y las esclarecedoras notas autobiográficas contenidas en este volumen. Desde la figura del Imam oculto o duodécimo a través del cual nos introduce en la profetología chiita y que da título al libro, realizamos con este extraordinario y original pensador un recorrido por diversos aspectos de la filosofía de Irán, de algunas de sus figuras más destacadas, como Rûzbehân Baqlî de Shiraz o Sohravardî, descubrimos el sentido musical de la mística persa, o la relación entre mística y humor, y revivimos con él el ambiente espiritual e intelectual que alimentaba al círculo de Eranos.
Con una profundidad, sabiduría y lenguaje poético que sólo pueden partir del auténtico compromiso existencial con sus ideas, los artículos aquí reunidos muestran su afán por derribar barreras mentales y establecer relaciones entre las diferentes gnosis de las religiones del Libro, haciendo buena su afirmación de que el “viaje a Oriente no es una expatriación, sino un retorno que debe darnos a beber una luz que ya poseemos, pero que hemos olvidado y que devuelve la vida a los órganos extintos”.

ÍNDICE

Nota de los traductores
Prólogo
Por Christian Jambet

1.  La profetología chiita duodecimana
El Verus Profeta y la profetología chiita
La idea fundamental de la profetologío chiita
Profetología e imamología
El horizonte paraclético de la profetología chiita

2.  La profetología ismailí
Chiismo duodecimano y chiismo ismailí
Teología apofática y profetología “en el Cielo”
El “drama en el Cielo” y la profetología en la tierra
Imamología y soteriología
El horizonte paraclético de la profetología ismailí

3.  Rûzbehân Baqlî de Shîrâz
Prólogo
Rûzbehân de Shîrâz
“Un mundo que Dios no mira”
“Búscame en la morada mística del amor”
Majnûn, el “espejo de Dios”

4.  Maniqueísmo y religión de la belleza

5.  Del sentido musical de la mística persa

6.  Mística y humor

7.  De Heidegger a Sohravardî

8.  Post-scriptum biográfico a una conversación filosófica

9.  Teología a la orilla del lago

10. Transcendental y existencial

11. El tiempo de Eranos

12. De Irán a Eranos

A Olga Fröbe Kapteyn

El autor

Henry Corbin (París, 1903 –1978), filósofo, orientalista e historiador de las religiones, ha sido uno de los mayores difusores occidentales del pensamiento oriental. Trabajó en la Biblioteca Nacional de Francia, donde entró en contacto con la obra del místico Sohravardî, que marcaría su trayectoria intelectual y vital. Fue el primer traductor de Heidegger al francés. Desde 1939 hasta 1945 residió en Turquía trabajando para el Instituto francés de arqueología de Estambul, y partió después a Teherán, donde creó la Biblioteca iraní. A su vuelta a Europa se incorporó al círculo de investigadores espirituales radicado en Ascona, que contaba con pensadores de la talla de C. G. Jung, Denis de Rougemont, Gershom Scholem y Mircea Eliade. A partir de 1955, Henry Corbin repartió su tiempo entre la enseñanza en la Sorbona y la dirección del departamento de Iranología del Instituto franco-iraní de Teherán. Entre sus obras traducidas al español cabe destacar La imaginación creadora en el sufismo de Ibn’Arabî (1993), Cuerpo espiritual y tierra celeste (1994) y Templo y contemplación: ensayos sobre el Islam iranio (2002), Tiempo cíclico y gnosis ismailí (2002) y La paradoja del monoteísmo (Losada, 2002).

Mi Camino hacia Scapa Flow – Günther Prien

180 páginas (incluye 40 de fotos)
16 páginas de fotografías ilustración
21 x 14,5 cm.
Ediciones Sieghels, 2010
Encuadernación rústica

Precio para Argentina: 80 pesos
Precio internacional: 20 euros

Las páginas de este libro constituyen la recopilación escueta de las memorias de la vida de Günther Prien, quien las escribió con la sencillez del que pretende no hacer literatura, sino resaltar una serie de episodios que para su imaginación quisieran algunos novelistas especializados en el género aventurero. En él se refleja toda la humildad de este héroe moderno.

Al presentar este verídico relato a los lectores argentinos, lo hacemos en la seguridad de ofrecerles la narración de un hecho de guerra sorprendente, pocas veces igualado, y que aun ahora perdura en el recuerdo de todos los grandes jefes, de un sector o del otro de la contienda, como algo difícil de superar.

ÍNDICE

PRÓLOGO 7

PRIMERA PARTE:
EL SALTO 9
APRENDIZ MARINERO 15
LA PRIMERA SINGLADURA 23
LOS DESERTORES 29
¡FUEGO A BORDO! 39
EL NAUFRAGIO 45
¡MARINERO! 53
OFICIAL DE PUENTE 59
PARADO 65
EN LA COLUMNA HUSGRUEN 69

SEGUNDA PARTE
SUBMARINISTA 77
EN ESPAÑA 83
EL PRIMER MANDO 89
¡LA GUERRA! 93
LA GUERRA AL TRÁFICO 103
EN PELIGRO 109
¡66.000 TONELADAS! 113
RUMBO A SCAPA-FLOW 119
EL FIN DEL “ROYAL-OAK” 123
ANTE EL FÜHRER 131

EPÍLOGO 135
ANEXO FOTOGRÁFICO ORIGINAL 137

PRÓLOGO

La vida de Günther Prien, autor de EL CAMINO DE SCAPA-FLOW, es un ejemplo de tesón y fuerza de voluntad que constituye la mejor lección de energía que puede darse a los cómodos y aquellos que siguen la senda del menor trabajo; todo lo debió a su propio esfuerzo y nada al favoritismo o a ayudas ajenas. Su libro —que en realidad es un relato sucinto de su formación de marino—, dentro de una sencillez natural, nos demuestra que con tesón y fuerte ánimo, pueden salvarse todos los obstáculos de épocas difíciles y llegar a obtener aquello que constituyó el afán de nuestros sueños juveniles.
La carrera del hombre de mar nunca fué un camino de rosas, aun cuando la aparición de las modernas naves mecanizadas haya limado un tanto sus asperezas. Prien eligió la senda más difícil, comenzando por el último escalón y ascendiendo los restantes a fuerza de trabajo. Sucesivamente grumete y marinero en los grandes veleros oceánicos, supo de las rudas luchas con elementos desencadenados y supo que aferrar la vela de sobrejuanete, allá en lo alto, a cuarenta metros de altura mientras el mar ruge su furiosa sinfonía, no está al alcance de cualquier jovenzuelo despreocupado. Luego le vemos marinero de los cargueros, alumno de Náutica, oficial de puente y ¡por fin!, a manera de coronamiento de tantos sacrificios, capitán mercante.
Las páginas de este libro constituyen la recopilación escueta de las memorias de la vida de Günther Prien, quien las escribió con la sencillez del que pretende no hacer literatura, sino resaltar una serie de episodios que para su imaginación quisieran algunos novelistas especializados en el género aventurero. En él se refleja toda la humildad de este héroe moderno que después de su gesta de Scapa Flow, continuó siendo tan sencillo como cuando navegaba en calidad de grumete, a bor do de la vieja fragata “Hamburg”.
Al presentar este verídico relato a los lectores argentinos, lo hacemos en la seguridad de ofrecerles la narración de un hecho de guerra sorprendente, pocas veces igualado, y que aun ahora perdura en el recuerdo de todos los grandes jefes, de un sector o del otro de la contienda, como algo difícil de superar.

ORILLAS DEL VOLJOV (I) – Fernando Vadillo

García Hispán Editor
1991
403 págs.,
15×21 cms.
Tapa: blanda,
encuadernación rústica
Precio para Argentina: 126 pesos
Precio internacional: 18 euros

El inolvidable Rafael Garda Serrano dejó escritos varios y largos artículos de elogio a la obra histórica mis prestigiosa, de las muchas dedicadas en España y el extranjero a la epopeya de la División Azul. Rafael dijo, entre otras cosas: «Fernando Vadillo nos relata una historia trágica, porque entre los numerosos divisionarios que se quedaron para siempre entre el Voljov, el limen, los arrabales de Leningrado, en los fangales, los ríos, los lagos, los bosques, la infinita nieve y el atroz deshielo, la verdad es que se sepultó buena parte del porvenir de España. Estos ganaron la neutralidad a precio duro, pero su falta -su futuro desbaratado- le recordará siempre quien conoció su temple, o quien habiendo llegado al mundo después, se asome a esta obra luminosa de Fernando Vadillo. Esto sería ya digno de una alabanza a la que hay que sumar otras muchas. Y ahora me refiero solamente a las literarias e históricas». Este primer tomo se inicia con la salida de los voluntarios hacia el frente, y narra su adiestramiento en Grafenwöhr, su entrada en fuego a orillas del Voljov, el cruce del río y la toma al enemigo de una docena de poblados y posiciones a golpe de granada de mano y a punta de bayoneta.

ÍNDICE

sin índice

PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN

Después de veinticuatro años del nacimiento de “Orillas del Voljov”, primero de los libros que yo llamo “mi saga divisio­naria”, nada tengo que quitar y poco que añadir a la introduc­ción que le hice en 1967. Porque la historia reciente es inamovi­ble, vivimos millares de los que protagonizamos la gesta de la División azul y no podrán difamarla, por mucho que se lo pro­ponen algunos historiadores de pacotilla que escriben al dicta­do del rencor personal, al dictado de sus dueños y señores polí­ticos y que, en fin, debieran tomar ejemplo de la honradez, el conocimiento y la cultura que prestigian justamente a Ricardo de la Cierva en toda la longitud y profundidad de su obra, in­cluida sus alabanzas al comportamiento heroico de la Divi­sión Azul.
Tengo el orgullo de haber formado en sus filas a los diecisiete años. Vi morir a muchos de mis camaradas, participé en com­bates y regresé a España con un cuaderno de apuntes que, revi­sado más tarde, lo eché al cesto de los papeles. Aquello no me servía de nada. En cambio, me sirvió de mucho la experiencia directa del frente para trasladar a mis libros el “clima” de las trincheras, y las sensaciones experimentadas por los volunta­rios en un campo de batalla tan alejado de su geografía física como de su formación intelectual.
A esta experiencia añadí, en el curso de cinco años, una copio­sa recopilación de datos oficiales (diarios de operaciones, partes de guerra, órdenes del Estado Mayor, planos, mapas, cla­ves, gráficos de situación de tropas, armas, depósitos propios y enemigos, estadillos de altas y bajas, informes, organigramas, declaraciones de prisioneros y evadidos soviéticos…), proce­dentes de legajos del Servicio Histórico Militar Español, y de todo un montón de documentos militares que van de Moscú a Washington, pasando por Londres y varias ciudades alema­nas.
Este material, frío y despersonalizado en ocasiones, quise amenizarlo con la historia menuda y la peripecia individual de jefes, oficiales y soldados, hasta formar un enorme fichero que agrupaba a un millar de personajes auténticos. La historia de estos hombres, enhebrada en la columna vertebral de los do­cumentos oficiales, no resta ni un ápice de autenticidad al con­junto de la narración, realizada objetivamente, despreocupado de las reacciones, adversas o favorables, que pudiera suscitar su lectura. No sé si habré logrado cuanto me propuse, pero de una cosa estoy seguro: de haber sido veraz.
No creo que haya nadie que niegue que la División Azul fue una unidad de combate animada por la fuerza ideológica que gravitó sobre una buena parte de la juventud española de aquel tiempo. José Antonio, por medio de sus leales a la Falange ori­ginal, fue quien convocó a la lucha contra el comunismo soviéti­co a los jóvenes escuadristas. Y el “Cara al so!” fue el canto de guerra y la plegaria que recitábamos a nuestros caídos en las’ nieves del atroz invierno y en el barro de la apestosa “raputitsa” o época del deshielo. Hay quien dice que la División Azul se creó para apoyar a Alemania, ocultando la verdad de la participación en la contienda a favor del entonces presente y futuro de España. También hay quien afirma que abundaron los pícaros en sus filas. Pero nadie podrá negar que fue una empre­sa de valientes, en lo que coinciden los muchos historiadores extranjeros que han recreado las batallas de la división más elogiada y admirada por el Führer.
Gracias a su bravura en el ataque, y a su temeridad en la de­fensa, la División Azul tomó más de seis mil prisioneros, a costa, claro, de un censo de bajas impresionante: cinco mil caí­dos, cinco mil voluntarios enterrados, en la flor de sus vidas, bajo una cruz de abedul y un casco de acero. Muchos cayeron sin tiempo a sepultarles, sin tiempo a rezarles el “Cara al sol”, pero sus camaradas los llevamos a todos por igual en nuestro corazón y nuestra nostalgia y, sobre todo, en el dolor que nos produce observar el olvido de que han sido víctimas, y en el menosprecio o la indiferencia con que los tratan algunos desme­moriados. Por contraste, está creciendo una juventud que canta los cantares que cantábamos en el Voljov, en e! limen, en el Novgorod, en los arrabales de Leningrado. Cantares falangis­tas brotados de unos pechos ceñidos por la camisa azul bajo la guerrera de la Wehrmacht. En esta espléndida juventud está depositada la memoria y la esperanza de la perpetuidad de la División Azul en la historia formal de nuestro siglo.
La División Azul no fue una unidad aislada. No podíamos, por tanto, separarla de su entorno. De ahí que hayamos engar­zado en la panorámica de los acontecimientos simultáneos la actividad desplegada en el sector central del frente del Este por la Escuadrilla Azul de Caza, cuyas alas sobrevolaron Moscú y sus combatientes se batieron, en el aire, con la misma bravura admirativa con que lo hicieran, en tierra, los “guri­pas” de la División Azul. Como expresión de la ideología que animaba a una gran parte de los españoles de aquel tiempo, la División Azul no se extinguió totalmente al ser repatriada en el otoño de 1.943. De entre sus filas surgió la Legión Azul, que guerreó hasta la primavera de 1.944, y muchos de cuyos miem­bros, con gesto tan generoso como heroico, se alistaron espontá­neamente en diversas unidades de la Wehrmacht y las Waffen-SS, y lucharon en distintos frentes y países, llegando incluso -algunos de los voluntarios- a defender el barrio minis­terial y la Cancillería del Reich ya en ruinas.
Debo y deseo manifestar mi gratitud a cuantos organismos militares y civiles posibilitaron la redacción de mis libros. A los Ministerios del Ejército y del Aire, a la Secretaría General del Movimiento, y a los jefes, oficiales y soldados divisiona­rios sin cuya inapreciable aportación de recuerdos, libretas de apuntes, documentos, fotos y cartografía, no hubiese podido humanizar -y amenizar- como dije al principio, “mi saga divi­sionaria”. Tampoco echo en olvido la colaboración de alema­nes, franceses, ingleses, italianos, estadounidenses y hasta so­viéticos, aunque la de éstos fuera a través de terceras personas, como Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs. Gracias a todos.
Han transcurrido cincuenta años desde aquel Julio de 1.941 en que los vagones de voluntarios falangistas dejaban una rumoro­sa estela de canciones camino de la guerra. En este medio siglo han ocurrido muchos hechos históricos. En España gobierna el socialismo. En Berlín se derribó el “muro de la vergüenza”. En el Kremlin se ha instalado la “perestroika”. La Falange, de­capitada con el fusilamiento de José Antonio, el Decreto de Unificación, la escalada de Franco a la jefatura falangista y la disolución de las Milicias, se ha reducido casi a una añoran­za de los ya viejos escuadristas, aquellos que encaman -que en­carnamos- el verso inmortal: “Dar el alma y la vida a un des­engaño”.

F.V.

EL AUTOR

Del Ebro hispánico al Valjov soviético, de la falangista bandera Móvil a la División Azul, Fernando Vadillo dedicó su adolescencia a un prematuro guerrear por su irreductible fe joseantoniana. Al regreso del frente soviético —dieciocho años de edad— prosigue sus estudios, y los entremezcla con las exposiciones de pintura y actividades aparentemente tan contradictorias como la poesía, la novela, los artículos periodísticos, la crítica del arte, la dirección de revistas v el boxeo. Su práctica en este deporte le lleva al diario «Marca» primero, y al «AS» después. Sus crónicas y críticas son auténticas piezas literarias y, en consecuencia, es el único periodista que obtiene, entre otros muchos galardones, el título de «el mejor escritor de boxeo en idioma castellano» que le otorga el WBC o Consejo Mundial de Boxeo. En 1967 comienza a aparecer su saga divisionaria, en cuya preparación documental ha empleado más de un lustro. El primero de los libros se titula «Orillas del Voljov», seguido de «Arrabales de Leningrado», «Lucharon en Krasny bor» y«Balada final de la División Azul. 1: Los legionarios». Independientemente de otros libros de distinta temática, a Femando Vadillo le ha consagrado principalmente en la literatura su obra divisionaria. Escritores y críticos ilustres han elogiado la alta calidad de su estilo narrativo, donde se equilibran dureza y ternura, desgarro y lirismo. Esta brillantez artística, puesta al servicio de la pulcritud histórica, dan como resultado una obra tan estremecedora como estremecedora fue, mírese desde la óptica militar y política que se mire, el heroico comportamiento de la División Azul.

España y los judíos – Norberto Ceresole

156 páginas
medidas: 14,5 x 20 cm.
Ediciones Sieghels
2015
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
Precio para Argentina: 210 pesos
Precio internacional: 14 euros

La relación entre Inquisición y expulsión fue incluida, una vez más, recientemente, en la historia negra de España. La Inquisición fue definida y aceptada como el antecedente “ideológico” del “holocausto”, es decir de un Mito. Nuestra definición es muy otra: una falsa imagen -la historia negra de España- es la apoyatura de un Mito cinco siglos después. Estamos pues no ante la historia, sino ante una teología de la historia. Las imágenes ocupan el lugar de los procesos reales, y la ciencia es reemplazada por la mitología. Imagen negra y Mito están en el subsuelo cultural de la destrucción de Europa. De una destrucción aceptada con tal de producir reconocimiento de cara a la perversa institución del Imperio Universal que se pretende edificar en base a la “ideología” judeo-cristiana.

Este libro no pretende, por supuesto, justificar ni mucho menos glorificar dos hechos moralmente reprobables, como lo son la expulsión de un grupo humano (España, 1492), y un genocidio de los tantos ocurridos en la historia de los hombres (Alemania, 1941-45). Pretende ser una réplica racional y una crítica radical a dos mitos construidos a posteriori de los hechos, y que en ambos casos son deformadores (constituyen interpretaciones deformadas) de esos hechos. Hablaremos, por lo tanto, de ideologías, y no de realidades. Esos mitos fueron construidos a partir de intereses políticos, mucho después de haber ocurrido los hechos a los que se refieren, y por lo tanto constituyen deformaciones específicas de la realidad. Son interpretaciones ideológicas de ambos procesos históricos, y no el proceso histórico propiamente dicho. En todo caso ello es lo que trataremos de demostrar en este trabajo.

ÍNDICE

Introducción
PRIMERA PARTE
España y los judíos, 1492-1997
Discontinuidades geopolíticas
Discontinuidades sociales
Discontinuidades culturales
La España desgarrada o el retorno de los “Estados visigodos”
Breve historia de la España Atlántica
El “Atlantismo limitado” del general Franco
Judíos, negros, conversos e indígenas en América
Judenland
De los “Edictos de Expulsión” a Auschwitz
España y el nacional-judaísmo
El nacional-judaísmo corno fenómeno global
Inteligencia nacional versus comunidad informativa occidental
Notas

SEGUNDA PARTE
El Mito del Holocausto y la conciencia occidental
El carácter “sagrado” del Mito del holocausto
Conversaciones con Ernst Nolte
La construcción y la destrucción del Mito
El Mito del holocausto y la potencia militar del Estado judío
La hermenéutica posmoderna o la judaización del cristianismo
Notas

EL AUTOR

Norberto Rafael Ceresole nació en Buenos Aires en agosto de 1943. Es sociólogo y politólogo, autor de 28 libros, todos ellos ensayos políticos, geopolíticos y estratégicos. Hacia 1973 había publicado doce libros, cuyos títulos principales son: Ejército y política nacionalista: Perú o los orígenes del sistema latinoame­ricano: Geopolítica de liberación: Argentina y América Latina: Peronismo: autocrítica y perspectivas: El ejército y la crisis política; Peronismo: teoría e historia del socialismo nacional: etc. Una parte sustancial de esos libros fueron traducidos al idioma ruso. A partir de 1981 publicó las siguientes obras: Argentina: el futuro hoy, 1981. Fuerzas armadas y democracia, 1982. La viabilidad argentina. 1984. Perú: militarización, senderización y socialdemocracia, 1985. Argentina: sobre transiciones y decadencias. 198S. Nación y revolución (Argentina, los años 70). 1986. Crisis militar argentina. 1988. “La Tablada” y la hipótesis de guerra. 1989. Política de producción para la defensa. 1989. El Ejército nacional en estado de rebeldía. 1990. Tecnología militar y estrategia nacional, 1991. Argentina y el ocaso de los poderes hegemónicos de la política mundial. 1992. Política nacional y proyecto de país, en un mundo apolar, 1993. Subversión, contrasub­versión y disolución del poder. 1996. Terrorismo fundamentalista judío, 1996. El Nacional-judaísmo: un mesianismo post-sionista, 1997. La Falsificación de la Realidad, 1998. La Conquista del Imperio Americano, 1998. Caudillo, Ejército, Pueblo: la Venezuela del Comandante Chávez, 1999. Tres ensayos geopolíticos, 2001. La cuestión judía en la América del Sur, 2003.

INTRODUCCIÓN

Los judíos son el pueblo más notable de la historia universal, ya que, enfrentados al problema de ser o no ser, han preferido, con una conciencia absolutamente inquietante, el ser a cualquier precio: ese precio fue la falsificación radical de toda naturaleza, de toda naturalidad, de toda realidad, tanto del mundo interior COMO del mundo exterior entero. Los judíos son, justo por eso, el pueblo más fatídico de la historia universal: en su efecto ulterior han falseado el mundo de tal modo que hoy incluso el cristiano puede tener sentimientos antijudíos sin concebirse a sí mismo como la última consecuencia judía. Friedrich Nietzsche (1)

Mucho tiempo ha transcurrido desde los comienzos de la formación de la Gran España Americana-Mediterránea (o Atlántico-Árabe) que es diseñada por los Reyes Católicos -en especial por Isabel, cabeza del Estado del Reino de Castilla-, hasta la Pequeña España post-OTAN, hasta esta España desgarrada de nuestros días. Sin embargo, existe una posibilidad y una necesidad cada vez más imperiosa de relacionar ambas etapas históricas, porque la crisis contemporánea es cada vez más intensa, y la búsqueda de identidad, es decir, de ubicación en el mundo, cada vez más acuciante (2)
Abarcar un tan largo período de tiempo en una exposición forzosamente limitada nos obligará a realizar síntesis drásticas en el análisis histórico y en la exposición de teorías políticas. Hubiese querido, por ejemplo, explorar y explotar con mayor dedicación los excelentes dos volúmenes del eminente antropólogo español Don Julio Caro Baraja, Los Judíos en la España Moderna y Contemporánea. O sacar más provecho al magnífico trabajo del investigador argentino Federico Rivanera Carles: Los conversos ¿Víctimas o victimarios de España? Esos cortes involuntarios provocarán en la mayoría de los casos deformaciones parecidas a la que impone la geometría a la cartografía: las proyecciones de una esfera sobre un plano produce siempre alteraciones en la representación de los espacios.
No pretendo ocultar que muchas de mis ideas están orientadas a los lectores católicos que ven con creciente preocupación como el catolicismo institucional se subordina progresivamente a la confluencia judío-evangélica (protestante), que es la ideología imperial de la potencia hegemónica. Hasta ahora en Europa y en Iberoamérica se ha subestimado a ese mundo católico, o se ha presupuesto, según las orientaciones ideológicas de la postmodernidad, que el mismo forma parte automática de lo que el iluminismo llamó “reacción”. Sin embargo el católico no institucional es un “revolucionario natural”, porque su conciencia es una conciencia desgarrada. “Desde esa conciencia desgarrada, desde ese mundo pre-revolucionario puede surgir ahora una cultura resistente ante esta victoria provisional del neoliberalismo. La Teología y la Profecía católicas visionaron la nueva forma que hoy adopta, provisionalmente, la historia: su forma homogénea universal. Es el tiempo del Anticristo: “El Anticristo usurpará simplemente este ideal de unidad del género humano en la institución perversa del Imperio Universal…” (3).
Bajo esta perspectiva establecimos una relación entre la Inquisición de 1478 (entendida como continuidad lógica e institucional de la expulsión de 1492) y el “holocausto” (Alemania, 1941-45), entendido este último como una verdadera expulsión.
La relación entre Inquisición y expulsión fue incluida, una vez más, recientemente, en la historia negra de España. La Inquisición fue definida y aceptada como el antecedente “ideológico” del “holocausto”, es decir de un Mito. Nuestra definición es muy otra: una falsa imagen -la historia negra de España- es la apoyatura de un Mito cinco siglos después. Estamos pues no ante la historia, sino ante una teología de la historia. Las imágenes ocupan el lugar de los procesos reales, y la ciencia es reemplazada por la mitología. Imagen negra y Mito están en el subsuelo cultural de la destrucción de Europa. De una destrucción aceptada con tal de producir reconocimiento de cara a la perversa institución del Imperio Universal que se pretende edificar en base a la “ideología” judeo-cristiana.
Este libro no pretende, por supuesto, justificar ni mucho menos glorificar dos hechos moralmente reprobables, como lo son la expulsión de un grupo humano (España, 1492), y un genocidio de los tantos ocurridos en la historia de los hombres (Alemania, 1941-45). Pretende ser una réplica racional y una crítica radical a dos mitos construidos a posteriori de los hechos, y que en ambos casos son deformadores (constituyen interpretaciones deformadas) de esos hechos. Hablaremos, por lo tanto, de ideologías, y no de realidades. Esos mitos fueron construidos a partir de intereses políticos, mucho después de haber ocurrido los hechos a los que se refieren, y por lo tanto constituyen deformaciones específicas de la realidad. Son interpretaciones ideológicas de ambos procesos históricos, y no el proceso histórico propiamente dicho. En todo caso ello es lo que trataremos de demostrar en este trabajo.
Tanto la “Historia Negra de España” como el “Mito del Holocausto” tienen muy poco que ver, en tanto construcciones ideológicas ex post factura, con las respectivas realidades que intentan representar o expresar en términos simbólicos ambas interpretaciones historiográficas. Estamos hablando de mitos y no de realidades. Ambos mitos constituyen, en un sentido estricto del concepto, sacralizaciones, esto es, situaciones reales sacadas de contexto y llevadas al absoluto. Los hechos reales que ambos mitos pretenden representar, son moralmente condenables, pero dado que ocurrieron en un tiempo histórico y no sobrenatural, son explicables a partir de la utilización de los elementos elaborados por las ciencias sociales y, más específicamente, por la ciencia histórica. Son explicables, y no “justificables”, a partir del análisis histórico racional.
Rechazamos la Historia Negra de España en tanto y en cuanto constituye la sacralización negativa de la historia de España. Rechazamos el Mito del Holocausto en tanto y en cuanto constituye la sacralización negativa de la historia contemporánea de Alemania. “Negamos” las sacralizaciones construidas para satisfacer fines eminentemente políticos generados mucho después de producidos los hechos.
Como sostiene el historiador alemán profesor Ernst Nolte, el pensamiento científico no puede callar por más tiempo. No existe el “crimen único” ni el “mal absoluto”, como pretenden los mitófilos de cualquier signo. El principio más elemental de la ciencia sostiene que todos los fenómenos humanos guar­dan relación con otros fenómenos humanos. Todos ellos deben comprenderse a partir de esas relaciones. El principio más elemental de la ciencia sostiene que en el estudio de esas relaciones deben excluirse todas las reacciones emocionales, incluidas las religiosas, por muy legítimas o poderosas que ellas sean. “El pensamiento científico sostiene que el acto más inhumano es siem­pre ‘humano’ en el sentido antropológico; que el ‘absoluto’ de postulados y máximas inocules, como por ejemplo: ‘no matarás’, no es tocado por la deter­minación histórica, en el sentido que desde los principios de la historia hasta el presente la matanza de hombres por hombres, la explotación de hombres por hombres, han sido realidades permanentes; que el historiador no debe ser un mero moralista… El absoluto, o sencillamente lo singular en la historia sería un “numinosum”, al que sólo debería uno acercarse en actitud religiosa, pero no con criterios científicos” (Sobre Ernst Nolte ver pag. 77 y ss.).
La tarea del pensador es analizar las conexiones de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de los que quieren confrontar el “mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”. “Sólo el análisis mismo y no profesiones de fe y aserciones prematuras logrará acercamientos progresivos a la realidad histórica” (Nolte).
Desde posiciones de poder en otros tiempos inimaginables, algunos hoy proceden de forma inmoral, y creen poder colocarse, sin más ni más, en la an­títesis de la ciencia, ya sólo quieren admitir a determinados grupos humanos entre un sinnúmero de víctimas. Ello es así porque están convencidos de la existencia de una desigualdad esencial entre los seres humanos, a pesar de que ellos -“los elegidos”- son tan culpables como aquellos a los que acusan. “Se sobreentiende que no deben negarse las diferencias, porque en ella radica la esencia de la realidad. Sin embargo, el pensamiento histórico, debe oponerse a la tendencia del pensamiento puramente ideológico y emocional, orientado a afianzar esas diferencias… La pretendida neutralidad del pensa­miento histórico no puede ser de carácter divino y por ende estar a salvo de cualquier error… El pensamiento histórico debe estar dispuesto a revisarse, siempre y cuando se presenten buenas razones y no sólo voces de indignación renuentes a aceptar que es preciso explicarlo todo en la medida de lo posible, pero que no todo lo explicado es comprensible y no todo lo comprensible se justifica. Por otra parte es imposible renunciar a la propia existencia, y sólo de ella resulta una toma de partido directa y concreta” (Nolte).
Nuestro análisis sobre dos procesos concretos de expulsión de grupos hu­manos (España, Siglo XV; Alemania, Siglo XX) se fundamenta en el hecho absolutamente verificable de que el grupo social expulsador, plenamente mayoritario, era consciente de que a partir de la expulsión estaba preservando su “propia existencia”. Esa mayoría social percibía al grupo expulsado como a un peligro muy grande para la continuidad de su propia existencia.
Esta es nuestra explicación relacional entre grupos humanos antagónicos, que trataremos de hacer comprensible, pero en ningún caso “justificadora”. Es curioso que los mismos grupos humanos que pretenden negar por decreto lo que es un derecho natural de la vida misma, y no sólo del pensamiento científico, esto es, el ejercicio de la capacidad humana para revisar su propia historia, asumiendo la libertad y la responsabilidad de afirmar o de negar in­terpretaciones históricas controvertidas (situaciones humanas y no divinas, siempre relativas y nunca absolutas); es curioso que esos mismos grupos hu­manos ejerzan el poder político, en este mismo tiempo histórico contemporá­neo, negando a “los otros” el derecho a la existencia. Eliminando a “los otros”, torturándolos y masacrándolos. Como es el caso del simbólico y sa­crosanto Estado de Israel, en cuyo nombre se construyeron los mitos critica­dos en este trabajo.
En el mes de mayo de 1987, el Gabinete Ministerial del gobierno israelí constituyó una Comisión especial con el objetivo de encuadrar legalmente la práctica de la violencia (tortura) aplicada por los interrogadores de los Servicios de Seguridad (SS) israelíes a los palestinos y otros árabes deteni­dos, tanto dentro de Israel como en los Territorios Ocupados (TO). Como pre­sidente de esa Comisión fue nombrado un antiguo Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Israel, el Juez Moshe Landau.
La Comisión emitió un Informe, aún hoy vigente, pocos meses después de constituida, el 30 de octubre de 1987. Ese Informe se hizo público, excepto un Apéndice que hasta el momento permanece secreto. Han pasado diez años desde la publicación de ese vergonzoso Informe. Diez años durante los cuales hubo en Israel “alternancia en el poder”, pero ningún gobierno lo modificó ni lo sustituyó. Lo que demuestra, una vez más, que esas “alternancias en el poder” no son más que intrigas palaciegas, y que el engaño constituye una parte vital de la estrategia perenne del Estado judío.
La parte pública del Informe reveló que entre 1971 y 1986 los interrogadores de los Servicios de Seguridad (SS) “… mentían sistemáticamente cuan­do eran citados por los tribunales de justicia para declarar sobre la forma en la que habían obtenido las confesiones de los detenidos. Según la Comisión, esto ocurría sobre todo en confesiones de detenidos de los Territorios Ocupados. La Comisión puso además de relieve que el uso de la fuerza física en los interrogatorios constituía un método oficialmente reconocido, aproba­do y recomendado en el seno de las SS” (Ver: Informe: Presos Políticos Palestinos en Israel y Áreas Autónomas, Madrid, febrero de 1997, editado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, con el patrocinio de Asociación contra la Tortura, Asociación Libre de Abogados, Comité de ONG para la Cuestión Palestina, Jueces para la Democracia y Unión Progresista de Fiscales).
¿Cuál fue la actitud y cuáles las medidas propuestas por la Comisión Landau, ante esta práctica masiva de la tortura, que ya estaba “reconocida, aprobada y recomendada” dentro de los servicios de seguridad israelíes?
De manera contundente la Comisión aseguró que esas “normas internas” eran básicamente lícitas, argumentando que “… los terroristas carecen de derecho moral alguno para exigir que el Estado les garantice los derechos civiles convencionales”, y que “… la actividad hostil terrorista justifica el uso del artículo 22 del Código Penal de Israel, referido al estado de necesidad, no sólo cuando la perpetración de un acto terrorista es inminente, sino también cuando sea posible y pueda ocurrir en cualquier momento. Así pues, la Comisión, después de reconocer que es imposible la obtención de información sin el uso de medios de presión, recomienda el establecimiento de formas selectivas de fuerza física y presión psíquica que describe eufemística como ‘moderadas’, que además sean aprobadas y estandarizadas” (Informe: Presos Políticos Palestinos en Israel y Áreas Autónomas, p. 22).
El Parlamento israelí aprueba la “estandarización de las presiones físicas”. Y es así que, con referéndum democrático, la Comisión Landau legaliza la tortura en Israel y Territorios Ocupados. Tal legalización fue confirmada asimismo por el Fiscal General del Estado, en 1994. “Es obvio que las recomendaciones de la Comisión, en sí mismas y por las vías que abren, conceptual y prácticamente significan una invitación a ejercer el terror físico y psíquico con los detenidos de procedencia Palestina. Entre 1987 y 1992 fueron detenidos por fuerzas israelíes 80.000 palestinos, en su inmensa mayoría varones, lo que representa el 24% de la población Palestina masculina entre 15 y 55 años” (Informe, op. cit, p.30). A la inmensa mayoría de los detenidos se les aplicaron torturas “moderadas”, estandarizadas y legalizadas por la Comisión Landau, entre otras:
*Golpes reiterados, habitualmente aplicados con instrumentos contun­dentes especialmente diseñados en cada caso.
*Shabed, que consiste en forzar el stress físico de los detenidos previa­mente encapuchados (desprovistos de visión), manteniéndolos en posturas muy forzadas durante largos períodos de tiempo, sin dormir y sin alimentación.
* Asfixia por inmersión en líquidos y a partir de la colocación de bolsas plásticas sobre la cabeza de los detenidos, lo que imposibilita la respiración. *Aislamiento en sarcófagos u otros espacios muy pequeños con privación de alimentos y negación de accesos a los aseos. En forma simultánea al detenido se lo amenaza de muerte a él y a sus familiares y amigos.
*Uso de grilletes empotrados en las paredes de las celdas, que obligan al detenido a permanecer en cuclillas u otras posturas violentas, durante largos períodos de tiempo.
*Aplicación de corriente eléctrica (“picana”) en las zonas del cuerpo más sensibles de los detenidos, en especial sus órganos genitales.
“Los presos ordinarios, y de manera habitual, durante la época de deten­ción inicial (‘detención administrativa’) sufren este tipo de tratos. Cuando hay presos especiales, también las torturas son especiales” (Informe, ps. 30-31). Todas las torturas son administradas por médicos judíos. Existen innumerables denuncias efectuadas por profesionales palestinos de la sanidad sobre el papel que cumplen los médicos judíos en el sistema penitenciario israelí. Su función es evaluar el grado de resistencia de los presos que van a ser torturados y mantener sus constantes vitales a niveles aceptables, a fin de llegar al fin de cada etapa de tortura con el prisionero dispuesto a firmar su declaración de “culpabilidad”.
Las torturas practicadas por el Estado sacralizado por la mayoría de los ju­díos de todo el mundo nos lleva a un doble cuestionamiento: ¿La defensa del Estado de Israel es un delito de “justificación del terrorismo de Estado”? ¿Son “humanos” los palestinos y los árabes en general?
Los llamados en Occidente “derechos humanos” de los palestinos en Israel y Territorios Ocupados sencillamente no existen. Entre 1987 y 1996, 1500 palestinos han sido asesinados por las fuerzas de seguridad israelíes, 120 por los colonos armados judíos fundamentalistas, y otros 153 ejecutados por los “escuadrones de la muerte”, en algunos casos tolerados y en otros apoyados por las autoridades políticas y militares de Israel (lo que se llama la “alternancia democrática en el poder”). Entre 1987 y 1993 fueron dinamitadas 865 viviendas palestinas, causando un total de 7.985 habitantes desplazados de sus hogares. Sólo entre 1993 y el 12 de agosto de 1996, en pleno “Plan de Paz”, el número de viviendas dinamitadas fue de 223. Durante el mismo período continuaron las deportaciones masivas de palestinos, violando no sólo los Acuerdos de Oslo sino además el IV Convenio de Ginebra.
Ya hemos hecho referencia a la cifra de 80.000 detenidos-torturados entre 1987 y 1992, que es el tiempo que transcurre entre la creación de la Comisión Landau y los inicios del “Plan de Paz”. En enero de 1995 (Oslo II) existían 5.000 prisioneros palestinos en cárceles israelíes. Sólo 1.300 fueron liberados entre octubre de 1995 y enero de 1996. Pero esas liberaciones fueron “reem­plazadas” con nuevas detenciones. Por lo que se puede estimar, en ausencia de datos fidedignos, que el número aproximado de presos palestinos en cár­celes israelíes sigue siendo de 5.000, al día de hoy. Asimismo el procedi­miento de “detención administrativa” no se ha interrumpido a partir de la aplicación de los Acuerdos de Oslo, sino que por el contrario, se incrementó, según denuncias de las autoridades palestinas.
La “detención administrativa” es la detención de una persona realizada al margen de cualquier intervención judicial. En Israel las detenciones adminis­trativas pueden durar seis meses, y son prorrogables por otros seis meses, sin límite temporal alguno. 19.000 personas han sufrido y sufren detención ad­ministrativa en Israel “por motivos imperativos de seguridad”.
Una parte significativa de esos detenidos “desaparecen”. Se trata de per­sonas que habiendo sido detenidas en el pasado han sido dadas como no exis­tentes por parte de las autoridades penitenciarias israelíes. El Instituto Mándela posee “evidencias circunstanciales” provenientes de las familias de los “desaparecidos” de que “… muchos de los desaparecidos permanecen en­cerrados en secciones especiales, en celdas separadas, bajo un control de ais­lamiento estricto en las prisiones de Atleet, Novi Tretsa, Al Jalameh y en otras desconocidas”. En 3.100 se evalúa el total de presos palestinos “desapareci­dos”.
El derecho a revisar la historia, afirmando, negando o relativizando no sólo los “hechos”, sino sobre todo las interpretaciones dadas a esos “hechos”, es algo que asumen todas las sociedades, todas las generaciones, en todos los presentes. Porque la historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una minina historia existen -y deben existir- distintas interpretaciones historiográficas. Además, como lo subraya Martin Heidegger. hay acontecimientos históricos que tienen historia y otros que no la tienen. Es el presente -las luchas y los an­tagonismos del presente- quienes deciden cuales acontecimientos históricos tienen historia y cuáles no la tienen. Para Heidegger hay historia (Geschichte) e historiografía (Geschichtswissenschaft): “¿Qué es acontecer en la historia?
¿Qué es historia como lo pretérito en relación al tiempo? No sólo el pasado, sino también el presente tiene relación con la historia. Sí, el presente alcanza­do históricamente es el punto de orientación para el acontecer histórico pasa­do… la historia y el acontecer están relacionados al pasado, presente y futuro, esto es, a los tres ámbitos del tiempo… El pensamiento histórico y la historio­grafía (das Geschistliche Denken und die Geschitswissenschaft) trabajan con una particular articulación del concepto del tiempo. El pasado puede ser la in­versión de la visión. El tiempo puede asumir la forma de una línea y resulta entonces arbitrario como nosotros la observamos, desde el pasado en direc­ción al futuro o al revés” (Martin Heidegger, Lógica, 1934).
Lo pasado, lo remoto, es historia sólo cuando subsiste en el presente. El pasado es, por lo tanto, lo contrario de un objeto, en la misma medida en que el presente no es una “naturaleza cristalizada”, mientras que el futuro aparece no sólo como incertidumbre, sino sobre todo como voluntad (4)
Esta revisión de la historia que proponemos debe entendérsela como un acto de voluntad (hacia el futuro) opuesto a otras voluntades del presente. Se trata simplemente del eterno conflicto humano; es decir, de algo que no puede ser prohibido por decreto.
Sólo que ahora hay una voluntad humana que se ha recubierto de sacralidad: ella tiene pretensiones absolutas. Juzga y legisla sobre el bien y el mal desde las alturas de una fe revelada, herméticamente cerrada para “los otros”, nosotros. Es lo que trato en mi anterior libro El nacional judaísmo, un mesianismo pos-sionista. Estamos ante la historia como objeto (sacralizado) y ante el presente cristalizado. Está prohibido revisar, está prohibido afirmar, está prohibido negar, siempre y cuando uno no forme parte del bando del “bien absoluto” (lo que automáticamente implica estar del lado del “mal absoluto”). Es decir, estamos en las antípodas de la vida, del pensamiento científico y de la libertad proclamada por todas las Constituciones del Mundo Occidental.

NOTAS
(1) Citado por Ernst Nolte, Nietzsche y el nietzschianismo, Alianza, Madrid. 1995, p.l 16.
(2) A lo largo de todo este trabajo se da por supuesto que la Inquisición fue la continuidad ló­gica e institucional de la Expulsión de los judíos de España en 1492, aunque las fechas ori­ginarias del nacimiento de ambos procesos indiquen formalmente lo contrario.
(3) Norberto Ceresole, Terrorismo fundamentalista judío. Libertarias-prodhufi, Madrid, 1996, p. 206. La cita interna pertenece a Leonardo Castellani, El Apokalipsis de San Juan,
Buenos Aires, 1958,
(4) Para Heidegger esta articulación del tiempo se resuelve a partir de asumir la historia como evolución del ser (Sein) y no como noticia del acontecer (Geschehen). “Acontecer es un ‘devenir’ (Werden), y ‘devenir’ es lo contrario de ser (Sein)… quedará claro que el ser histórico es una permanente siempre renovada decisión entre la no-historia, la distorsión de nuestro ser y la historia en que estamos” (op. cit.).

YO QUEMÉ A HITLER 13 años al servicio del Führer – ERICH KEMPKA (Chofer personal de Hitler)

148 páginas
21 x 14 cm.
Ediciones Sieghels, 2014

Encuadernación rústica
Precio para Argentina: 210 pesos
Precio internacional: 15 euros

Erich Kempka, el hombre que durante trece años cargados de historia manejó el volante del coche personal de Hitler, es un testigo realmente excepcional. Es también uno de los contados supervivientes del acto final de la tragedia del III Reich y asistió a la representación del mismo entre las ruinas humeantes de la Nueva Cancillería. Allí presenció, muy de cerca, y casi íntegramente, el fin de Hitler, es decir, un episodio que ya es puro recuerdo histórico y al que, sea cual sea el juicio que en definitiva puedan merecer sus protagonistas, no cabe negar un contenido de dramática grandeza.
Pero, pese a su tema, el libro de Kempka carece de toda pretensión épica. Es lo que debe ser, de acuerdo con la personalidad de su autor – el libro de un hombre sencillo – que participó en grandes acontecimientos, supo observarlos serenamente y, llegado el caso, estuvo a la altura de los mismos en actitud tan sobria como viril.
En las págnas del libro de Kempka late una de las más altas virtudes humanas: la lealtad. No intenta enjuiciar los actos del que fue su jefe y amigo ni toma posición ante lo que no ha visto. Rinde tributo al hombre, pero se abstiene de juzgar la figura histórica, pues, con una modestia que más de uno podría aprender de él, sabe que no es él el más indicado para hacerlo. Sabe, y si no lo sabe lo intuye, que los juicios de este calibre corresponden a la Historia; y ésta no los establece hasta que ha crecido la hierba sobre todos los actores y, después, procede haciendo sentar en el mismo banquillo a los «malos» y a los «buenos», a los vencidos y a los vencedores de la circunstancia enjuiciada.
En todo caso, el libro de Kempka cumple un deber para con la posteridad relatando los hechos tal cual los vió. Su relato contribuye también a poner fin a la leyenda infundada de un Hitler fugitivo y errante.
De todos modos, poco importa que se siga fantaseando. Lo cierto es que Erich Kempka es el único hombre hoy accesible que, refiriéndose a aquellos días trágicos de 1945, tiene derecho a decir: «Yo estuve allí y esto he visto».

ÍNDICE

Prólogo de la edición española
Prólogo del editor alemán
Declaración jurada
Al servicio de Adolfo Hitler
Trece años a las órdenes de Hitler
En el Berghof
El Profesor Doctor Theo Morell
Martin Bormann
Tiempos difíciles
En el refugio de la Cancillería
Vísperas de tragedia
La muerte de Adolfo Hitler
La última salida de Martín Bormann huyendo de Berlín
Colofón
APÉNDICE:
Texto traducido y original alemán del testamento de Adolfo Hitler
Índice de personalidades

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

Erich Kempka, el hombre que durante trece años cargados de historia manejó el volante del coche personal de Hitler, es un testigo realmente excepcional. Es también  uno de los contados supervivientes del acto final de la tragedia del III Reich y asistió a la representación del mismo entre las ruinas humeantes de la Nueva Cancillería. Allí presenció, muy de cerca, y casi íntegramente, el fin de Hitler, es decir, un episodio que ya es puro recuerdo histórico y al que, sea cual sea el juicio que en definitiva puedan merecer sus protagonistas, no cabe negar un contenido de dramática grandeza.
Si bien se mira, Hitler no podía caer vivo en manos de sus enemigos. En una ocasión, Mus­olini dijo que él no estaba dispuesto a permitir que se le exhibiese dentro de una jaula, a dólar la entrada. Hitler pensaba lo mismo y obró en consecuencia, recordando sin duda que uno de los espectáculos más miserables que nos ofrece la Historia es el de Napoleón recluido en Santa Helena y sometido a las mezquindades rencorosas del mediocre Hudson Lowe.
Como católicos, tenemos que condenar el suicidio y lo hacemos sin reservas. No obstante, hay que confesar que la muerte de Adolfo Hitler, entre los escombros del imperio por él creado, remata la tragedia de la Gran Alemania dentro de una línea del más depurado y riguroso clasicismo. Una tragedia que, por lo demás, se ajustó estrictamente a los cánones dramáticos, puesto que hubo en ella un héroe, una culpa y una catástrofe expiatoria.
Pero, pese a su tema, el libro de Kempka carece de toda pretensión épica. Es lo que debe ser, de acuerdo con la personalidad de su autor – el libro de un hombre sencillo – que, por azar más que por la fuerza de su voluntad, participó en grandes acontecimientos, supo observarlos serenamente y, llegado el caso, estuvo a la altura de los mismos en actitud tan sobria como viril.
Hijo de un minero, y mecánico él mismo de profesión, Kempka aparece en su libro como un testigo sin grandes complicaciones intelectuales y no trata de hacer literatura en ningún momen­to. Cuenta lo que vio dentro de su papel subalterno y las páginas por él escritas rebosan sencillez, y veracidad. Pero también late en ellas una de las más altas virtudes humanas: la lealtad. No intenta enjuiciar los actos del que fue su jefe y amigo ni toma posición ante lo que no ha visto. Rinde tributo al hombre, pero se abs­tiene de juzgar la figura histórica, pues, con una modestia que más de uno podría aprender de él, sabe que no es él el más indicado para ha­cerlo. Sabe, y si no lo sabe lo intuye, que los juicios de este calibre corresponden a la Histo­ria; y ésta no los establece hasta que ha crecido la hierba sobre todos los actores y, después, pro­cede haciendo sentar en el mismo banquillo a los «malos» y a los «buenos», a los vencidos y a los vencedores de la circunstancia enjuiciada.
En todo caso, el libro de Kempka cumple un deber para con la posteridad. Relata hechos, a veces de escasa monta, pero que habrán de ser tenidos en cuenta al estudiar la personalidad del tan discutido Canciller del III Reich y las de algunos de sus seguidores y, sobre todo, contribuye a poner fin a la leyenda infundada de un Hitler fugitivo y errante. Decimos que contribuye y no que lo logre definitivamente, y no nos faltan razones para ello, porque los hombres de todos los tiempos suelen preferir la ficción a la realidad y más gustan de un falso Demetrio, vivo que de un Demetrio auténtico, pero muerto, enterrado.
De todos modos, poco importa que se siga fantaseando. Lo cierto es que Erich Kempka es el único hombre hoy accesible que, refiriéndose a aquellos días trágicos de 1945, tiene derecho a decir: «Yo estuve allí y esto he visto».

EL EDITOR

PROLOGO DEL EDITOR ALEMAN

«Adolfo Hitler ha sido identificado en una estancia solitaria, en la Argentina.»
«El Führer consiguió huir en 1945 a Insulindia a bordo de un submarino.»
Según noticias que todavía no han sido confirmadas, un aristócrata español franquista oculta al ex Canciller del Reich, Hitler, en un viejo castillo no lejos de Sevilla.»
«Un diario de Bombay afirma que el ex Canciller alemán vive en un monasterio lamaísta del Tíbet.»
Noticias como las que anteceden aparecen todavía, constantemente, en la Prensa del Nuevo y del Viejo Mundo, y lo mismo que, todavía ahora, hay árabes que sueñan con un retorno de Mahoma para crear un gran imperio musulmán, en colaboración con el Gran Mufti de Jerusalén, son millares los que aún alimentan en Alemania la ilusión de una nueva leyenda del Kyffhäuser» (1).
La muerte de Hitler sigue envuelta en el misterio, pese a todo lo que sobre ella se ha publicado, y esto supone un peligro indudable, especialmente para la paz del pueblo alemán.
Por tal razón, nos hemos decidido a conceder el uso de la palabra a uno de los pocos supervi­vientes del círculo íntimo de Adolfo Hitler, al úni­co quizás que, desde un punto de vista históri­co tiene derecho a aclarar el misterio.
Contrariamente a lo que sucede con todas las demás personalidades que rodeaban al ex Canciller y estaban en contacto directo con él, Erich Kempka es totalmente apolítico. Durante años, desempeñó el cargo lleno de responsabilidad de conductor personal y acompañante permanente de Adolfo Hitler y, al mismo tiempo, llenó ‑dentro de su especialidad profesional ‑ una función directora que ya de por sí exigía un alto grado de competencia. El «Parque Móvil del Führer y Canciller del Reich» comprendía unos cuatrocientos hombres y ciento veinte vehículos. Como jefe del mismo, Kempka detentaba el grado de «Obersturmbannführer» de las Waffen‑SS (2).
Es un hecho históricamente probado ‑y corroborado en el «Proceso de Nuremberg» que Erich Kempka, junto con el ayudante personal de Hitler el «SS‑Sturmbannführer» (3) Günsche, incineró los cadáveres de Adolfo Hitler y su mujer.
El manuscrito original que nos ha sido presentado por Kempka se basa en anotaciones realizadas en su diario durante los años de su servicio. Evita todo juicio personal en relación con los actos políticos y las decisiones del «Jefe», pero, por esto mismo, esta editorial estima que el relato, hecho por Kempka y que ahora sale a la luz pública tiene un valor documental muy superior a otras manifestaciones de personalidades políticas que juzgan los acontecimientos históricos de un modo unilateral, de acuerdo con su propia actitud partidista.
Tan sólo la posteridad podrá valorar con justicia el contenido trágico de Alemania en su ligación a la persona de Adolfo Hitler. Pero, ya hoy cabe afirmar que el pueblo alemán tiene derecho a saber cómo se extinguió en aquellos días del asalto rojo contra Berlín la vida del hombre que tan decisiva influencia ha ejercido sobre el destino de Alemania.
Según parece, el “Sturmbannführer” Günsche sigue  en poder de los rusos y, por lo tanto, sólo Erich Kempka tiene derecho a hablar de un modo plenamente responsable

DECLARACION JURADA

El día 17 de agosto de 1950 comparecí ante el Notario Hans Bauer, suplente oficialmente de­signado del Notario Doctor Walter Bader de Munich ‑Notaría Munich V ‑, en sus oficinas de Karlsplatz, 10/I Munich 2, y presté la si­guiente declaración jurada, registrada con el número UR N.º 7715.
Después de ser debidamente informado sobre el significado de una declaración jurada notarial manifesté lo siguiente:
“He escrito un libro titulado “Yo quemé a Hitler”.
“He descrito los acontecimientos relatados en dicho libro ajustándome sinceramente a los mismos.
“No he omitido nada ni nada he añadido, sino que he relatado los hechos históricos tal y como yo mismo los he vivido.

Erich Kempka.

La conquista del imperio americano – Norberto Ceresole

328 páginas
medidas: 14,5 x 20 cm.
Ediciones Sieghels
2015
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
Precio para Argentina: 330 pesos
Precio internacional: 21 euros

La tesis pricipal de este libro gira en torno al siguiente concepto: Todo indica que estamos viviendo une época de la historia del mundo en la cual un grupo humano especifico, dotado de une ideologia mesiánica y de una arraigada consciencia de superioridad respecto del resto de los mortales, parece decidio a la conquista del mundo, y no solo de los Estados Unidos de América. Ese grupo humano no sólo se lanza al abordaje de bancos europeos –suizos y alemanes, por el momento– sobre todo, desde su bunker de Nueva York, la capital judía del Hemisferio Occidental, la mafia financiera judia devalua monedas y hunde y saquea naciones en todo el mundo, desde Indonesia hasta Rusia, pasando por Hispanoamérica. Sus “economistas académicos” diseñaron el “proyecto global”: la gran mentira que destruye pueblos y continentes enteros. Estos atracadores planetarios están atrincherados detras de un Mito, el del “Holocausto”. Él es su única “fuerza moral”.

ÍNDICE

* PRIMERA PARTE
¿El terrorismo judío contra los Estados Unidos de América?
Introducción
Hipótesis de trabajo
Los atentados terroristas de África oriental. Marco histórico y geo-religioso
Mapa 1: La expansión del Islam en el Océano Índico
Mapa 2: Otomanos contra portugueses
Los acontecimientos actuales
La “conexión argentina”: los atentados de Buenos Aires
Judaísmo y globalización: el caso argentino
Los hechos recientes
Los atentados de Jerusalén: una reproducción de los de Buenos Aires
Del “holocausto” argentino a “Nuremberg II”
La Argentina agredida y ocupada por las organizaciones judías
ANEXOS
Del terrorismo secular al terrorismo teológico
Decadencia de la “civilización norteamericana”
Estados Unidos: capacidad de globalización y voluntad “aislacionista”
La ruptura del orden bipolar
Hegel, Haushofer y Spengler
El terrorismo de Estado israelí: un análisis de los diarios de Moshe Sharett
Un giro inesperado: el 18 de julio de 1998
Campaña de cerco y aniquilamiento contra Irán
El lobby judío en la Argentina
Cerco y aniquilamiento
Contraestrategia iraní
Chiísmo y catolicismo
Estrategia limitada

* SEGUNDA PARTE
Geopolítica del conflicto en el Mediterráneo oriental y el Asia central
El Mediterráneo oriental
Las derrotas de Israel
La opción estratégica
Del fracaso de la paz a la “pacificación”
Geopolítica del conflicto: mecanismos de “pacificación”
“Pacificación” y conflicto
Irán y el Golfo Pérsico
El enemigo principal del “mundo global”
El mundo apolar, el Mediterráneo oriental y el Golfo Pérsico
La guerra virtual y el “último hombre”
Los principales elementos de la defensa en el Golfo Pérsico
Líbano y Palestina
Breve historia de las agresiones israelíes
Los cedros del Líbano
“Operación Litani”
Las guerras de destrucción de junio de 1981
La invasión del 6 de junio de 1982
Los ataques del 25 al 31 de junio de 1993
Qana, sur del Líbano: 18 de abril de 1996
Los campos de concentración
El robo de aguas del río Litani
Líbano y Palestina: escenarios polarizadores de una misma dinámica histórica
Palestina: una geografía inviable
La geopolítica en acción: un Estado palestino ¿Dónde?
Mapas
El mundo árabe entre una Europa otanizada y una Rusia judaizada
La otanización europea
Globalización y fin de las soberanías nacionales
El Plan de Paz según Nizar Qabbani
El diálogo cristiano musulmán propuesto por el chiísmo libanés
Anexo documental segunda parte
El Círculo de Samarcanda
La posición central en China
Anexo cartográfico

* TERCERA PARTE
El Estado Homogéneo Universal
Socialismo real=socialismo pagano=Estado primitivo
El marxismo y el fin de la historia
Marxismo y religiosidad. Partido e Iglesia
La estructura básica del discurso del “fin de la historia”
Verdad y realidad
La organización de la actividad económica primaria
Los conflictos dentro del “mercado común de los Estados”
La profecía liberal del “fin de los tiempos”
Historia, fin de la historia y retorno a la historia
Los movimientos de la historia y la geopolítica del último hombre
Liberalismo hegeliano y liberalismo anglo-sajón
La crisis del “nuevo orden mundial”: una apolaridad antisistémica
Las nuevas fronteras de la política mundial
Los factores globalizadores
Polarización versus globalización
La fragmentación antioligárquica
La despolarización del sistema internacional
La estructura global y los segmentos de poder
La “ruptura del mapa”
Un nuevo conocimiento de un mundo nuevo
Intensidad y velocidad de los cambios
El pensamiento ideológico ya no crea conocimiento
La naturaleza del sistema internacional apolar
Nueva metodología para elaborar Inteligencia Estratégica o conocimiento del mundo
Las nuevas formas del conocimiento
Inteligencia nacional versus comunidad informativa occidental
La Inteligencia como “capacidad de anticipación”
Entorno y sistema

CITAS

En homenaje a Nizar Qabbani,
y a sus “hombres del fin del tiempo”
Busco a los hombres del fin del tiempo
y no veo en la noche salvo gatos miedosos
cuyas almas sólo temen
el poder de las ratas…

Nos hemos acostumbrado a nuestra ofensa
¿Qué queda del hombre
cuando se acostumbra a la insignificancia?
En Al-Arabi, el 2-5-97

 

“La misma historia de siempre: atacar y huir tratando de engañar al mundo”
Israel: Sacred Terrorism, en Arabs News, 8 de marzo de 1980.

No debemos demonizar al Islam ni al mundo árabe Se trata al Islam de una
forma muy diferente que al cristianismo o al judaísmo. Años y años de
prejuicios hacen que, por ejemplo, hablar de terrorismo judío nos deje
indiferentes y que, sin embargo, sea habitual comparar a los musulmanes con
el mal. Hay mucha pereza intelectual y mucha ignorancia en todo eso. Hemos
aceptado como axioma las ideas de Samuel Huntington y el “choque entre las
civilizaciones Huntington busca enemigos como sea porque se arrastra la
necesidad ideológica de magnificar la superioridad de Occidente sobre el
mundo”
Edward Said, al Corriere della Sera, de Milán, el 10 de agosto de 1998

“Sólo treinta minutos después de que estallara la bomba, ya circulaban
rumores de que habían sido los islamistas El FBI se está introduciendo en
nuestros barrios (musulmanes), llama a la gente (musulmana) a sus trabajos y
los cita para interrogarlosEso nos está haciendo mucho daño, está creando
mala sangre y falsas especulaciones Sé que hay cierto resentimiento contra
nosotros, los musulmanes, pero estoy seguro que los habitantes de Kenia
tienen la suficiente madurez para superar esa afección, que es un virus
inducido desde el exterior”.
Marian Hens, La comunidad musulmana de Kenia en el punto de mira, en El
Mundo, Madrid, 13 de agosto de 1998.

“Israel está llevando a toda la región hacia la violencia, la anarquía, la
guerra y la destrucción”
Declaraciones de Yasir Arafat en Sudáfrica, el 12 de agosto de 1998.

“El rublo se debe devaluar de un 15 a un 25% por debajo de su nivel actual”
George Soros, en el Financial Times, el 13 de agosto de 1998

INTRODUCCIÓN

Desde hace cuatro años vengo analizando los llamados “Atentados de Buenos
Aires”. Esos atentados fueron dos explosiones en las que murieron más de
cien personas y quedaron heridas varios cientos más. La primera explosión se
produjo en el interior de la embajada de Israel, en 1992, y la segunda en la
Asociación Mutual Israelita en la Argentina (AMIA), en pleno centro de
Buenos Aires, en 1994. Hasta el momento, la justicia argentina, apoyada por
los servicios israelíes (Mossad) y norteamericanos (FBI) no ha encontrado
una sola prueba que pueda señalar a un sólo culpable. Lo curioso es que, al
igual que en Nairobi cuatro años después, a la media hora de producirse la
explosión en la AMIA de Buenos Aires, comenzaron a circular los primeros
rumores acusando a los “islamistas” de ser los “verdaderos terroristas”.

El resultado de mis investigaciones anteriores lo he objetivado en cuatro
libros (más de mil cien (1.100) páginas, en total) ya editados en España y
en numerosos artículos ya aparecidos en el semanario Amanecer, de Madrid.
Los cuatro libros anteriores son: Terrorismo fundamentalista judío (1996),
El nacional judaísmo (1997), España y los judíos (1998), y La falsificación
de la realidad (1998).

Por todo ese trabajo de investigación ya realizado, y en un sentido muy
concreto, para mí, los atentados ocurridos en África oriental son como una
película ya vista. Es un mismo esquema operativo en el cual sólo cambian los
objetivos y los escenarios. Pero no los actores principales.

Los manuales aconsejan distinguir, en toda acción de terrorismo encubierto,
por lo menos tres niveles: planificación, ejecución y selección de “víctimas
propiciatorias” (las víctimas propiamente dichas del atentado, muertos y
heridos nativos, es un “costo” político al que normalmente se lo subestima
igualándolo a cero). En toda buena operación de terrorismo encubierto, la
víctima propiciatoria (el “culpable” diseñado por los planificadores) es
escogido de antemano: forma parte de la planificación misma. Una operación
de terrorismo encubierto técnicamente perfecta es aquella en la que se logra
identificar “culpable” con “enemigo” (en este caso se ha logrado plenamente:
el “terrorismo islámico” es el enemigo de Israel y no de Occidente). Esta es
una cuestión que no debe perderse de vista en ningún momento, debe ser
recordada en cada paso, a medida en que nos internemos en el laberinto.

Lo que más llama la atención de los sucesos de Kenia y Tanzania es la
celeridad con que se identifica a los autores de los atentados (“víctima”,
en el proceso de planificación): “Sólo treinta minutos después de que
estallara la bomba ya circulaban rumores – en Nairobi – de que habían sido
los islamistas”; luego al “ingeniero” ¿palestino? (que es detenido el mismo
día en Paquistán); de inmediato la identificación de la “organización autora
de los atentados” (que lleva el insólito nombre de: Frente Islámico Mundial
por la Guerra Santa contra Judíos y Cruzados) y, con la celeridad del rayo,
los primeros bombardeos americanos sobre Afganistán y Sudán. Naturalmente,
la organización “autora de los atentados” es mencionada el mismo día de las
explosiones, como responsable de las mismas. Pareciera que el FBI no tiene
investigadores, sino videntes. Debe ser también una absoluta casualidad que
los bombardeos americanos se hayan producido en el exacto momento en que la
institución presidencial en los Estados Unidos de América estaba ya
prácticamente vaciada de legitimidad (“caso” Lewinsky).

El caso es que los ataques de “represalias” norteamericanas no estuvo
fundamentado en ninguna prueba concluyente contra la “culpabilidad” de las
“organizaciones islámicas” supuestamente agredidas por los misiles de la
flota de la primera potencia mundial. Un día después del ataque
norteamericano, el Director del FBI abandonó Kenia con las manos vacías:
“Muchas, muchas personas, en diversos lugares del mundo, pudieron haber
estado implicadas en estos atentados” (Fuente: CNN). The Washington Post (22
de agosto, 1998) fue aún más lejos en esa dirección: “El presidente Clinton
y altos funcionarios del gobierno hablaron de ‘evidencias convincentes’ para
justificar el ataque con misiles… pero no proporcionaron nueva información
para dar sustancia a sus aseveraciones… De hecho, antes de los ataques con
misiles del jueves, los funcionarios norteamericanos jamás consiguieron una
acusación contra Bin Laden y sólo lo habían ligado, circunstancialmente, a
un intento de bombardear tropas norteamericanas en Yemen, en 1992, a ataques
contra tropas norteamericanas en Somalía en 1993, y a la voladura de un
camión que mató cinco soldados norteamericanos en Araba Saudita, en 1995…
Clinton fue mucho más lejos ligando a Bin Laden con otros sangrientos
ataques en los cuales su directa participación nunca fue públicamente
establecida… Más allá de esto, altos funcionarios de Defensa se negaron a
describir ninguna evidencia específica por la que hubieran decidido los
ataques misilísticos…”.

Independientemente de que el propio “culpable”, Bin Laden, negó su
participación en los hechos de África, cualquier lector normal puede
preguntarse, con toda lógica: ¿El lanzamiento de los misiles norteamericanos
no habrá sido un exigencia israelí, luego de haber montado el atentado
encubierto?

Nuestra hipótesis de trabajo

Los atentados terroristas de Kenia y Tanzania son parte de un proceso, mucho
más largo y complejo, tendente a la conquista del poder desde dentro de los
Estados Unidos de América. Para realizar ese complot se produce la alianza
de dos grupos: los fundamentalistas evangélicos norteamericanos (Ver Anexos
1 y 2) y los fundamentalistas judíos israelíes.

Las operaciones del lobby judío instalado dentro de los EUA siguen el curso
ya utilizado exitosamente con Londres en los comienzos de la “segunda guerra
mundial”: los sionistas, en ese momento hegemónicos dentro del judaísmo, se
adaptan a, y se identifican con la “política de equilibrio” británica sobre
el continente europeo, que exigía la eliminación del potencial militar
alemán. Y desde esa adaptación casi simbiótica organizan el cerco y la
destrucción de Alemania. Esa destrucción fue considerada por los sionistas
como el paso necesario e imprescindible para la posterior fundación del
Estado de Israel.

La conquista evangélico-judía del poder dentro de los EUA se produce hoy en
día desde la simbiosis no del “equilibrio” británico, sino desde la
“seguridad” e infalibilidad (ver parte tercera de este libro: El Estado
Homogéneo Universal) que anhela el Imperio norteamericano y, por arrastre,
el proyecto occidental de construcción del Estado Homogéneo Universal. Se
trata de una alianza elaborada desde la ecuación “paz versus seguridad” del
señor Netanyahu.

La destrucción final de Alemania (es decir, el origen de la llamada “segunda
guerra mundial”) fue una gran operación judía (en ese momento, sionista) que
se realizó desde tres frentes simultáneamente: desde Gran Bretaña, desde los
EUA y desde la URSS. Judíos “burgueses” y judíos “revolucionarios” unen sus
esfuerzos en lo que sería la culminación de la “inclusión” judía en
Occidente que comienza en los mismos albores de la Modernidad. En 1939 la
víctima fue una Polonia católica, antisemita y conservadora, quien fue
impulsada por Londres, París y Washington para operar contra Alemania. Se
decía que el ejército polaco resistiría nueve meses (con el apoyo británico
y francés que nunca se produjo) los embates de la Wehrmacht, y que en ese
lapso los generales alemanes darían un golpe de Estado contra Hitler.

Hoy el Estado de Israel, gobernado por “fundamentalistas”, está en
condiciones de cooptar el poder global de Washington porque, desde un
comienzo, existió una afinidad “ideológica” esencial entre el evangelismo
norteamericano “fundador” y las primeras corrientes de inmigrantes judíos
que llegan a la América del Norte. Tal simbiosis teológica y estratégica no
se manifestó nunca ni con tanta plenitud ni contundencia en Europa, ni
siquiera durante la primera fase de expansión del capitalismo, primero, ni,
después, a partir de la Revolución Francesa (el gran acceso de los judíos
europeos a la Modernidad). Para el poder judío, hoy, no es suficiente
disponer de una altísima cuota de ministros (“secretarios”), asesores
especiales, senadores y representantes dentro del sistema de poder
norteamericano. Una cuota de poder racial (en definición de Huntington)
escandalosamente alta si la relacionamos con el total de ciudadanos
judío-norteamericanos. La futura guerra intercivilizaciones exige mucho más
que eso. Ya no es suficiente el enorme poder del lobby. Ahora es necesario
cooptar el poder, ser parte del poder de la primera potencia mundial. Esta
operación es exigida por la lógica de los acontecimientos que se avecinan:
La guerra de 1999.

LOS ATENTADOS TERRORISTAS DE ÁFRICA ORIENTAL.

Marco histórico y geo-religioso.

Los atentados terroristas del África oriental son sólo un episodio, corto y
relativamente poco importante, de un largo proceso de descabezamiento del
poder político norteamericano. Ese “golpe de Estado” previsto tiene por
objeto no un simple cambio de gobierno en los EUA, sino un cambio de
sistema, tal como se explica en los anexos correspondientes en la Primera
Parte de este trabajo. Dentro de la planificación de ese “golpe de Estado”
esos atentados en el este de África tienen a su vez como fin básico
demostrar las fallas que la potencia rectora del “mundo occidental”
manifiesta en torno a los problemas de seguridad. En definitiva tienen por
objetivo principal demostrar la validez de la hipótesis del señor Netanyahu:
seguridad versus paz. En ese sentido representan acontecimientos esenciales
en el proceso de planificación de la “próxima guerra”.

La especificidad de estas dos operaciones encubiertas es la selección de los
blancos (norteamericanos, y no israelíes) y la configuración
histórico-religiosa de ambos teatros de operaciones. La selección de los
blancos – dos embajadas norteamericanas – ha sido una decisión crucial. Las
inevitables represalias de la potencia agredida agudizaría aún más la crisis
entre ella y el mundo árabe-musulmán en su conjunto. De ella sólo saldría un
único beneficiado: el Estado judío. Que fue lo que realmente sucedió luego
del bombardeo del 20 de agosto. La ruptura entre los Estados Unidos de
América y el mundo musulmán se produce en el punto menos esperado: con los
talibanes, sus antiguos potegidos, y con Paquistán y Arabia Saudita, sus
antiguos aliados.

La configuración geopolítica e histórico-religiosa de Kenia y Tanzania es
otro elemento a considerar. Ambos son países ribereños del Océano Índico.
Durante la larga época premusulmana, sus costas fueron visitadas durante
siglos por las flotas árabes y persas y, sucesivamente, colonizadas por los
árabes. A partir del nacimiento y de la expansión del islam toda la parte
septentrional del África oriental se islamiza, en gran parte debido a las
corrientes inmigratorias árabes. Kenia y Tanzania son, en un estricto
sentido geográfico, naciones de origen musulmán y árabe. El primer “choque
de civilizaciones” con Occidente se produce en los comienzos del siglo XIV:
es el choque entre portugueses y otomanos. (Fuente: Hervé Coutau-Bégarie,
Géostratégie de L’Océan Indien, Fondation pour les études de défense
national, París 1993).

Pero cuando el Imperio Otomano comienza su decline ante las puertas de
Viena, la expansión musulmana hacia el Índico se detiene y comienza la
conquista de África por Occidente. Fue en ese punto de inflexión de la
historia universal cuando se cree poder llegar a definir un concepto
geopolítico crucial: a los musulmanes la tierra, a los cristianos el mar
(Andrew C. Hess, The evolution of de Ottoman seaborne empire in the age of
the oceanic discoveries, en American Historical Review, diciembre de 1970).
La costa oriental africana fue ocupada por Inglaterra – potencia marítima
por excelencia – porque era la otra ribera de la costa occidental de la
India. Actualmente los musulmanes – chiítas, sunnitas y bahawitas,
representan el 10% de la población en Kenia, y el 30% en Tanzania.

Los acontecimientos actuales

Cualquiera que haya analizado con cierto detalle la evolución de las
relaciones entre el gobierno Demócrata norteamericano y el Estado de Israel
en los últimos tiempos, estará en condiciones de conocer con absoluta
certidumbre un hecho básico: dentro del fundamentalismo judío (en especial
dentro de los “colonos”) fue creciendo un odio cada vez más fuerte hacia la
Administración Demócrata encabezada por el presidente Clinton. En el plano
de la política interior de los Estados Unidos, esa hostilidad se canaliza
hacia una alianza política – y, tal vez, estratégica – con el
fundamentalismo evangélico norteamericano, los “sionistas cristianos”, a
quienes, más adelante, describiremos (Anexo 1: EE.UU. Del terrorismo secular
al terrorismo “teológico”. Sobre el fundamentalismo evangélico-calvinista).

Durante, pongamos por ejemplo, el último año, decenas de manifestaciones en
Israel, en especial las organizadas por los colonos israelíes
judío-norteamericanos, se convertían, sencillamente, en manifestaciones
antinorteamericanas, y más específicamente, en manifestaciones anti-Clinton.
La Administración Demócrata norteamericana es percibida por esos sectores
fundamentalistas judíos como el enemigo principal de sus proyectos racistas
y expansivos. Este es un hecho que cualquier lector de periódicos
occidentales puede verificar, leyendo simplemente los despachos de los
corresponsales en la región del Oriente Medio.

Parte de ese odio se manifestó en un creciente empeoramiento de las
relaciones entre ambos gobiernos. Durante los últimos 50 años, incluyendo el
tiempo de la invasión al Líbano (1982), nunca fueron tan malas las
relaciones entre los gobiernos de Israel y de los EUA. Ese es el elemento
que define, mejor que ningún otro parámetro, al período actual, signado por
el “fracaso” del Plan de Paz.

Ese sentimiento antinorteamericano (más específicamente: anti-washingtoniano
[Gobierno Federal. Ver, Anexo 1: relaciones entre el fundamentalismo
evangélico norteamericano y el gobierno federal]) – que en los últimos
tiempos han asumido los colonos israelíes – que en gran parte son de origen
norteamericano – no es algo nuevo en Israel. Allí existe, desde hace muchos
años, una doctrina, elaborada básicamente por el ejército, que sostiene que
“las potencias occidentales son nuestro principal enemigo, y que el único
modo de disuadirlas es por las acciones directas que las aterroricen
(Shimon) Peres comparte esa misma ideología; desea atemorizar a Occidente
para que apoye los objetivos de Israel” (Moshe Sharett, Diario, [Yoman Ishi
– Diario Personal]. Ver Anexo 3).

Esa doctrina fue elaborada ya en los años cincuenta, y practicada a través
de innumerables actos de “terrorismo encubierto”, en especial contra
“objetivos occidentales” ubicados en Egipto. Luego vuelve a cobrar vida en
los años ochenta (Líbano). Ver Anexo 3: Diario de Moshe Sharett.

Actualmente resucita bajo una forma encubierta: “Aunque la responsabilidad
por los dos atentados de bomba en Africa Oriental no ha sido todavía
establecida, fuentes de la inteligencia israelí están convencidas de que
extremistas islámicos están detrás de los atentados y que seguirán atacando
blancos americanos -e israelíes- aparentemente desprotegidos… Es habitual
que los grupos extremistas islámicos empleen nuevos nombres para sus grupos
con el fin de obstruir las investigaciones… Mientras los grupos pueden ser
diferentes -algunas veces incluso sin conocerse entre sí o sin tener un
mando o un centro de control común- lo que sí tienen en común es la
ideología. A las alas centristas y moderadas del Islam les resulta difícil
controlar a los grupos extremistas, sea en Argelia donde el asesinato masivo
de mujeres y niños está siendo conducido en nombre del Islam, o sea en los
atentados sobre edificios americanos como p.e. en Arabia Saudí donde
murieron muchos civiles locales. Los atentados en Africa oriental se
planificaron obviamente fuera de la región. El empleo de cientos de
kilogramos de explosivos es un indicio para la planificación a largo plazo y
no corrresponde a una acción improvisada en respuesta a un acontecimiento
concreto” (Haaretz, 9 de Agosto).

Ahora la lucha contra la “dictadura” del gobierno federal norteamericano es,
además, un objetivo compartido entre el fundamentalismo judío y los sectores
evangélicos más extremos dentro de los mismos EUA. Esta fue una de las
grandes coincidencias entre Netanyahu y el senador Gingrich. En base ella se
organizó el caso Lewinsky contra Clinton, el enemigo (coyuntural) común
(Anexo 1).

Para demostrar su inocencia ante el mundo, allí estuvieron los esforzados
“socorristas” israelíes rescatando víctimas de entre los escombros.
Afortunadamente los “socorristas” israelíes que llegaron a Kenia, para
“investigar” una cuestión que afectaba directamente a la superpotencia,
fueron expulsados del lugar de la explosión por los infantes de marina
norteamericanos, que controlaron rápidamente la zona. Esos mismos
“socorristas”, cuatro años antes, habían llegado a Buenos Aires, (donde
también media hora después de la segunda explosión circularon las primeras
acusaciones contra Hezbollah e Irán) para dejar el lugar del atentado lleno
de falsas pruebas.

En esta ocasión el Jesusalem Post puso el grito en cielo y denunció la
expulsión de los agentes israelíes en términos muy duros contra los marines
(en: Kenya: Israel aiding blast probe, 11 de agosto): “Agentes de los
servicios de inteligencia israelíes están involucrados en las
investigaciones sobre los atentados de bombas de las embajadas USA en Kenia
y Tanzania, según comunicó el Canal 1 (TV israelí) anoche citando a un
oficial militar de Kenia. Este reportaje fue publicado después de que el
primer ministro Benjamín Netanyahu había ofrecido los servicios del Mossad y
de otras agencias de inteligencia para seguir el rastro de los terroristas.
El oficial keniano dijo que los servicios de inteligencia británicos están
también en Kenia para ayudar en las investigaciones… El equipo israelí
tiene el control sobre las operaciones de rescate y sobre otros equipos de
rescate franceses y de voluntarios locales. Pero mientras los kenianos
elogiaron el trabajo del equipo israelí, los marines USA han sido
criticados, según se informa, por obstruir posiblemente los trabajos de
rescate. Un miembro del equipo de rescate israelí dijo a The New York Post
que oficiales americanos suspendieron la búsqueda de supervivientes en el
interior de la embajada el sábado al anochecer. Otro oficial israelí dijo
que tuvo que pelear con los americanos para obtener el permiso de colocar
reflectores en lo alto de la embajada destruida para iluminar (el escenario
de) la búsqueda ininterrumpida. La embajadora de EE.UU., Prudence Bushnell,
herida leve en el atentado, dijo que debía existir un “malentendido” en la
edición de ayer de The New York Post. Los marines estaban tratando de
proteger el emplazamiento que podría proporcionar pruebas sobre el atentado
del viernes. `Parece que estamos intentando impedir el paso a la gente, pero
estamos intentando mantener el emplazamiento intacto’, dijo” (Jerusalem
Post, 11 de agosto)

Pocas horas después de que Mónica Lewinsky declarara formalmente ante el
fiscal especial sobre sus relaciones especiales con el presidente, lo que
puede significar el inicio en firme de su destitución (el Poder Ejecutivo
norteamericano ya está, como mínimo, deslegitimado), estallan las bombas en
las capitales de Kenia y Tanzania. El significado estratégico – y, aun,
filosófico – que se le pretende dar a ambos atentados, se orienta a
favorecer netamente la postura del señor Netanyahu, basada desde siempre en
la dicotomía seguridad versus paz. Los atentados “demuestran” – en especial
ante la opinión pública norteamericana, que es el verdadero target de las
acciones terroristas- la prioridad absoluta que debe tener la “seguridad”
por sobre la paz (y la devolución de territorios). Es decir, confirman la
estrategia de la coalición Likud. Además, coyunturalmente, castiga a un
presidente (norteamericano), odiado desde hace mucho tiempo por el
fundamentalismo judío (y los evangélicos protestantes fundamentalistas
norteamericanos: los “sionistas cristianos”), porque había cometido por lo
menos tres pecados capitales: sugerir el reconocimiento del futuro Estado
palestino, oponerse a la anexión judía de Jerusalén y proponer un
acercamiento con la República Islámica de Irán.

En ese sentido meramente coyuntural, los atentados en África oriental no
pueden sino acelerar la caída del presidente Clinton (que no tomó en cuenta
– y allí están los atentados para demostrarlo – los problemas de seguridad).
Es por ello que el 20 de agosto Clinton ordenó bombardear dos países
“sospechosos”: también para intentar recuperar el poder perdido en su propio
Estado y en su propia sociedad. El Financial Times del 10 de agosto señala
este “problema de seguridad”: los atentados de África “… plantean grandes
amenazas para el presidente Bill Clinton. No sólo tiene que explicar el
fallo del aparato de seguridad más sofisticado del mundo y de su red de
inteligencia, también tiene que preparar a la nación para lo que podría ser
un largo y arduo proceso para llevar a los responsables ante la justicia.
Los antecedentes norteamericanos en determinar responsabilidades por actos
terroristas han sido escasos… La política norteamericana sobre actos
terroristas en el pasado… en buscar conexiones con un Estado, con Irán y
Libia como principales sospechosos. Pero Libia se ha mantenido al margen en
los últimos años e Irán… está estrechando sus lazos con los EE.UU.
Washington actúa correctamente al moverse con cautela e insinuando que la
investigación podría durar años. También sería bueno abstenerse de especular
públicamente sobre los posibles sospechosos”. El Financial Times no olvida
recordar, al final de la nota, la presencia de Europa: “EE.UU. necesita el
apoyo de sus aliados al enfrentarse a la amenaza terrorista. Esto es
importante ahora que se toman decisiones delicadas en temas como las
relaciones con Irán…”

El día 11 de julio de 1998 (menos de un mes antes de las explosiones
africanas), todos los corresponsales occidentales en Oriente Medio
difundieron una noticia que el gobierno libanés confirmó, luego,
oficialmente: había sido descubierta en el Líbano una red de espionaje
israelí, integrada por 77 ciudadanos libaneses, que tenía por objetivo
principal destruir – por medio de un “atentado terrorista” – la embajada de
Estados Unidos en Beirut. Luego, al igual que había sucedido en Buenos Aires
unos años antes, se acusaría a Hezbollah de haber realizado el atentado. Un
desertor del Ejército del Sur del Líbano desbarata la operación. Nada nuevo:
terrorismo encubierto. Todos los estudiosos de la política exterior israelí
conocen esa estrategia. “Es la misma historia de siempre: atacar y huir
tratando de engañar al mundo” (Livia Rokach, El terrorismo de Estado
israelí: un análisis de los Diarios de Moshe Sharett en Israel´s Sacred
Terrorism, Arab News, 8 de marzo de 1980. Anexo 3).

En este caso, para engañar al mundo luego del fracaso libanés, había que
generar a un “culpable” creíble.

La primera tentativa se orientó hacia Irak. Aunque no sea un Estado islámico
es, al menos, un Estado árabe. La “venganza de Sadam” sigue siendo una
imagen convincente y terrorífica. Pocos meses antes, estando Netanyahu de
visita en los EUA, no se pudieron concretar los bombardeos sobre Irak,
poseedor de “armas de destrucción masiva” con capacidad “para destruir tres
veces al planeta tierra”. Hasta ese punto se habían deteriorado las
relaciones entre los gobiernos de Washington y de Tel Aviv. Pero ahora, dos
días antes de las explosiones del África oriental, los inspectores de las
Naciones Unidas se retiraron intempestivamente de Bagdad, luego de adoptar
una postura insultante – claramente provocadora – para la dignidad de Irak.
Se dice que ese gobierno pretendía impedir la continuidad de las
inspecciones (que ya casi habían terminado: obviamente no había armas de
“destrucción masiva” en Irak). Ante el extraño hecho consumado el gobierno
de Sadam se queda atónito: faltaba muy poco para finalizar la inspección que
levantaría el embargo. No podían impedir las inspecciones porque los
inspectores, simplemente, ya se habían marchado (afortunadamente existe una
película difundida por la televisión iraquí que es absolutamente
clarificadora sobre este episodio).

El segundo intento consistió en relacionar los atentados africanos con
anteriores operaciones contra tropas norteamericanas de guarnición en Arabia
Saudí: en los sagrados lugares. Para ello se inventa una organización
inexistente: Frente Internacional Islámico para la Lucha contra Israel y los
Cruzados. Hasta el nombre es ridículo e ilógico. Ridículo: porque intenta
implicar forzadamente a Europa occidental [los “Cruzados”]; ilógico: porque
no se comparecen los conceptos “internacional” e “islámico” [pertenecen a
dos épocas distintas dentro del siglo XX: la comunista “internacional” y la
poscomunista]. Personalmente no tengo dudas de que fue inventado por el
propio Instituto para los Estudios de Contraterrorismo de Tel Aviv. Es esa
institución la que difunde en Occidente la imagen de ese Frente
Internacional Islámico y Anticruzada (una forma burda de implicar al
cristianismo contra el Islam): “una organización que extiende sus tentáculos
desde el desierto de Nubia, en África, hasta Afganistán”.

Algunos grupos en Israel están particularmente interesados en señalar la
naturaleza anónima e internacional del “nuevo terrorismo”, dado que no hubo
ni habrá reivindicación del atentado; lo que en teoría va contra toda lógica
política: “Está claro que el terrorismo internacional e indiscriminado no
está muerto, pero, como un virus maligno, parece que ha pasado por un
proceso de mutación. A las organizaciones terroristas ya no les interesa
identificarse reivindicando la responsabilidad de sus crímenes… porque han
vuelto a la sombra. Y al igual que los terroristas que cometieron el
atentado por bomba contra la embajada de Israel en Buenos Aires, los que
atentaron contra las embajadas USA en Africa se han convertido en
(terroristas) indiscriminadamente internacionales…” (Jerusalem Post, 9 de
agosto de 1998). La guerra mundial contra el “terrorismo islámico” está
servida: “El rastrear a terroristas es ahora una prioridad internacional y
los americanos merecen pleno apoyo y colaboración internacional en la caza
(de los terroritas). Ciudadanos de practicamente todos los países han sido
asesinados por terroristas y quedan pocos países que hacen todavía
concesiones por una motivación “ideológica” de estos crímenes. Por lo tanto,
si se comparte el sufrimiento, la responsabilidad de atrapar a terroristas
de cualquier índole debe compartirse doblemente” (JP, ibídem.)

La “conexión saudí” es señalada explícitamente por un periódico inglés de
clara tendencia pro-israelí, The Independent. En su edición del 12 de agosto
Robert Fisk escribe: “La clave de la identidad y los motivos que inspiraron
a las personas que atentaron contra las embajadas de Estados Unidos en
Nairobi y Dar es Salaam se encuentra en las profundidades de la nación que
los estadounidenses consideran su principal aliado en el Golfo Pérsico:
Arabia Saudí. El ataque reflejó la furia creciente de miles de saudíes –
incluidos algunos miembros de la familia real – contra la continua presencia
militar y política de EUA en la tierra que alberga dos de los más
importantes santuarios del islam: La Meca y Medina No fue una casualidad
que las bombas explotasen coincidiendo con el octavo aniversario de la
llegada de las primeras tropas de EE.UU. a Arabia Saudía, en 1990”

El Jerusalem Post (JP), a su vez, recuerda el anterior atentado contra
tropas norteamericanas realizado en territorio saudí: “Las susceptibles
autoridades saudíes, ante el temor que las investigaciones podrían revelar
alguna conexión políticamente embarazosa con un Estado de la región,
obstruyeron constantemente las investigaciones y negaron el acceso de
oficiales USA a los sospechosos clave. Este comportamiento fue
particularmente irritante, ya que los saudíes son aliados de los americanos
y dependen en mucho de la protección americana contra amenazas regionales
como desde Irak o Irán…” (JP, Ibídem).

La tercera hipótesis fue desarrollada por “analistas” argentinos al servicio
del Estado judío, que quiere implicar a Irán a toda costa, en los atentados
de Buenos Aires. Para estos cipayos los autores de los atentados africanos
son miembros de ” la internacional islamista, (que es el) ala dura del
poder iraní que intenta por todos los medios `frenar’ el acercamiento a
Occidente del nuevo presidente iraní (más) una combinación de varios actores
en la que intervendrían algunos sectores disidentes del grupo chiita
proiraní Hezbollah, teledirigido por Irán y Siria. El contexto interior
iraní se hace obvio por la cruda batalla que libran en Teherán los
renovadores de Jatamí y el ala conservadora fiel a los valores del Ayatolah
Jomeini” (en Página 12, Buenos Aires, 10 de agosto de 1998). Como de
costumbre, se construye una gran imagen falsa a partir de algunos elementos
ciertos. Como por ejemplo la disidencia de Hezbollah. Pero naturalmente no
se aclara que el “grupo de Baalbek” no tiene ninguna capacidad de acción más
allá del Valle de La Bekaa, en el Líbano.

De esa hipótesis, al parecer fecunda, se han derivado luego otras, como la
que expone el Foreign Report de Londres, el 13 de agosto. Los “guardianes de
la Revolución” iraníes habrían actuado en coordinación con las fuerzas del
saudí Ussana Ben Laden, supuestamente exiliado nada menos que en el
Afganistán talibán. Conviene recordar que los talibanes, en su origen,
fueron una creación de la CIA contra las tropas soviéticas que habían
invadido Afganistán. Esto parece olvidarlo hoy en día la diplomacia rusa,
que señala a Afganistán como el centro del “terrorismo islámico
internacional”. Pero ya sabemos cuál es la posición – hegemónica – que
tienen los judíos en la Rusia pos-soviética. A través de los talibanes queda
metido en la olla, donde se cocina este nauseabundo guiso de acusaciones, el
Paquistán musulmán, flamante miembro del club atómico. Se hace difícil
imaginar cómo los iraníes pueden negociar con elementos que mantienen
secuestrados a 11 de sus diplomáticos en territorio afgano recientemente
conquistado por las fuerzas talibanes. Por otra parte los iraníes, al igual
que antiguamente los soviéticos, siempre han denunciado la conexión
norteamericana e israelí dentro de la alianza talibán-paquistaní.

Sólo una semana después de las explosiones en África oriental el Quinto
Ejército iraní – los Guardianes de la Revolución – comenzó unas maniobras
militares en la frontera con Afganistán, en prevención ante el posible
ingreso de “narcotraficantes” (el opio fue y es la moneda de cambio entre
grupos “talibanes” y los servicios norteamericanos e israelíes). Al comenzar
esas maniobras el vicepresidente del parlamento iraní sostuvo: “Estados
Unidos quiere provocar un clima tenso en las fronteras orientales de Irán
con el objeto de atentar contra la imagen del Islam y de ampliar su dominio
sobre la región y sus recursos petrolíferos” (Fuente: AFP, 16 de agosto de
1998). Por su parte el general Assadi, vicecomandante del ejército señaló a
la misma fuente: “La elección del lugar de las maniobras se hizo por las
dificultades creadas por lo talibanes en la frontera”.

Toda la historia del terrorismo judío hacia el exterior – operaciones
encubiertas – nos señala una sola y única constante: la utilización de
personal operativo nativo. Judíos egipcios en Egipto, “cristianos” en el
Líbano, “lumpen islámicos” en Argelia. Las operaciones de África oriental no
iban a ser distintas ¿Dónde encontrar mejor mano de obra nativa que en
Afganistán? De allí ya han surgido muchas “fuerzas operativas”, como el GIA
argelino.

Para aumentar la confusión de los pobres ciudadanos occidentales, que deben
trabajar todos los días de su vida en empresas con “productividad
creciente”, el movimiento “islámico-terrorista” por excelencia, Hezbollah,
la pesadilla de Israel, condenó duramente los atentados africanos,
calificándolos de “criminales”. El Sheik Fadlallah consideró que todo este
teatro es un montaje sionista-norteamericano. “Es inaceptable para un
musulmán matar o herir a un gran número de personas inocentes, cualesquiera
que sean las circunstancias. Las acusaciones contra los árabes tienen por
objetivo arraigar en el espíritu del hombre occidental y en la opinión
pública mundial que ser árabe y musulmán es sinónimo de terrorista”
(L’Orient-Le jour, Beirut, 13 de agosto).

Una lectura atenta de la prensa israelí durante los primeros días
pos-atentados permite entrever una estrategia largamente preconcebida,
siempre dentro de la línea del “choque de civilizaciones”. Haaretz, el 9 de
agosto, llama a una guerra contra el Islam. Ahora que el “agredido” es el
propio Estados Unidos – y no ya sólo Israel- , Occidente debe elaborar un
programa “activo y ofensivo”, algo muy diferente al perfeccionamiento de
simples mecanismos de defensa y de intercambio de Inteligencia. Un programa
activo contra el terrorismo (islámico) es ahora necesario. Estados Unidos
debe asumir un liderazgo que corre el riesgo de perder [En palabras de
Joseph S. Nye, citadas por Huntington, “la potencia norteamericana se ha
convertido en el `poder blando’ que atrae, en vez del poder duro que
obliga”]. Un día después el mismo medio “liberal” publica una nota
editorial: Terrorism without borders. Todo el mundo debe participar en esta
cruzada contra los “zelotes islámicos” [extraña combinación de conceptos:
“zelotes” = judíos terroristas antirromanos – según definición de Flavio
Josefo – de la época del Segundo Templo], incluidos los gobiernos árabes
“moderados”. Un objetivo secundario pero importante, para Israel, es que,
durante todo el tiempo que dure la crisis internacional desatada por los
atentados de África, podrá continuar oprimiendo al pueblo palestino, cada
vez más carente de protección por parte de su “autoridad nacional”: durante
todo este período las autoridades israelíes continuaron confiscando tierras
palestinas para ampliar los asentamientos de los “colonos”. Según informó Al
Quds, el 13 de agosto. “¿El pueblo palestino tiene derecho a tener un Estado
propio?”. La respuesta de Isaac Levi, líder del Partido Nacional Religioso
de Israel fue clara y fulminante: “Nunca han tenido un Estado” (en El Mundo,
Madrid, 14 de agosto).

Pero volvamos a Haaretz (9 de Agosto).”Los atentados en Africa oriental este
fin de semana se planificaron obviamente fuera de la región. El empleo de
cientos de kilogramos de explosivo es un indicio para la planificación a
largo plazo y no corresponde a una acción improvisada en respuesta a un
acontecimiento concreto. Los Estados Unidos se enfrentan ahora al problema
de tener que tomar la ofensiva contra los terroristas…Lo que es necesario
es un programa agresivo para luchar activamente contra los terroristas y sus
líderes. Pero los Estados Unidos necesitan jugar un fuerte papel de
liderazgo internacional y por ahora Washington lo tiene difícil desempeñar
tal liderazgo como lo han demostrado con su respuesta a la carrera de
armamento nuclear entre la India y Pakistán, o en la prueba de fuerza con
Sadam Husein hace unos meses, o con la omisión de prevenir que Irán y Corea
del Norte desarrollen misiles de largo alcance. En Arabia Saudí, por
ejemplo, los Estados Unidos no han obrado con el rigor suficiente frente al
gobierno saudí cuando solicitaron la colaboración de Riad en la
investigación del atentado con bomba contra unas dependencias USA”.

La Inteligencia israelí comprende perfectamente que el poder norteamericano
en el mundo se encuentra en una fase “decadente”. Que el enorme poder
material de los EUA no se traduce en voluntad política. Que es el momento en
que “países pequeños”, como Israel, bien instalados en el interior de la
política norteamericana y con una continuidad teológico-estratégica muy
fuerte, comiencen a realizar “la conquista del imperio”, desde “adentro” y
desde “afuera”. Para Arnold Toynbee ello sería un camino natural dentro del
proceso universal de las “crisis de las civilizaciones”. Por el momento el
lobby judío norteamericano verá incrementado su poder con los 1.250 que le
aportará la banca suiza, luego de la exitosa operación de chantaje realizada
a partir de la religión del holocausto.

Recopilando toda la información histórica de que disponemos (relativa al
comportamiento internacional del Estado de Israel) podríamos interpretar –
en buena lógica – que las agresiones sufridas por dos delegaciones
diplomáticas periféricas de la superpotencia, ha correspondido a un objetivo
estratégico destinado a comprometer directamente a un futuro gobierno en
Washington (recordemos la coincidencia con las próximas elecciones
legislativas en los EUA, en las que se espera un importante avance
Republicano) en una campaña militar contra los enemigos regionales del
Estado judío; mejor dicho, contra quien el Estado judío percibe como sus
enemigos regionales y religiosos.

De las operaciones ideológicas previas se encargarán -como siempre- las
jaurías de escribas desparramadas por Occidente: tarea fácil luego de tantos
años de histeria antimusulmana. El camino se está despejando para La guerra
de 1999, largamente anunciada por el Estado Mayor Israelí. Tal guerra no
será más que la destrucción -utilizando para ello armas nucleares- de los
centros vitales del mundo árabe-musulmán: Teherán, Damasco, Bagdad, Beirut
y, tal vez, El Cairo y Riad. Ahora, después de los salvajes atentados
africanos, se justifica la destrucción hasta la raíz del odiado “terrorismo
islámico”; ahora es preciso destruir los refugios de los que provocan la
destrucción y la muerte irracional en nombre de Allah. Sólo un proyecto de
tal envergadura puede justificar asumir – para los grupos operativos
judío-israelíes que cometieron los atentados en África oriental – un riesgo
tan alto: la posibilidad de que se descubra, por una vez, a los verdaderos
culpables.

Hay algunos – pocos – signos esperanzadores. El 10 de agosto el Secretario
General de las Naciones Unidas, Kofi Annan señaló en Lisboa la conveniencia
de organizar una cumbre internacional contra el terrorismo; pudo fundamentar
esa propuesta en infinitos antecedentes existentes sobre el tema, pero lo
hizo señalando que esa cumbre había sido solicitada por los países islámicos
reunidos en diciembre de 1997 en Teherán, en la VIII Conferencia Islámica.
En un momento de máxima histeria antiislamista, Kofi Annam, uno de los
diplomáticos más astutos de la historia de Naciones Unidas, cometió, al
parecer, su primera “torpeza”: hacer referencia a la VIII Conferencia
Islámica como elemento moderador de crisis internacionales. Un día después
“aclaró” su posición: “No está entre mis proyectos actuales convocar una
conferencia sobre el terrorismo mundial Lo que yo he dicho es que estuve
presente en la reunión de la Organización de la Conferencia Islámica en
Teherán en la que los jefes de Estado presentes condenaron el terrorismo y
sugirieron que podría ser el momento de promover una conferencia mundial
sobre esta cuestión. Lo que dije también es que posiblemente deberíamos
tener en cuenta esa propuesta”.

Y así llegamos al punto más importante de esta cuestión: la situación
interior de la sociedad norteamericana y sus reflejos sobre su sistema de
poder exterior. Si tomamos en cuenta algunos parámetros estructurales que
esa sociedad presenta en este fin de siglo, los atentados en África pueden
producir algo más que una crisis política interior en los EUA. Sus
repercusiones podrían generar una verdadera fractura etno-cultural en la
sociedad norteamericana, un conglomerado de grupos humanos todos ellos
étnica y culturalmente minoritarios. Las recientes olas inmigratorias en las
últimas dos décadas han modificado drásticamente la composición cultural,
religiosa y étnica de los Estados Unidos. Los blancos europeos serán dentro
de poco sólo algo más de la mitad de la población. Dentro de ese grupo
étnico los más afectados serán los blancos anglo-protestantes. Lo que señala
que el propio lobby judío se verá arrastrado a la baja cuantitativa, lo que
podrá afectar tambeén a su poder decisional, que actualmente es enorme. Pero
el 14% de la población negra norteamericana incluirá, posiblemente, a la
mayor comunidad musulmana del Occidente-central (EUA+Europa Atlántica). Hoy,
ya, la Nación – negra – del Islam es la mayor comunidad musulmana en
Occidente. Y la que presenta un perfil ideológico más firmemente antijudío
(Ver: Nation of Islam, www.noi.og. Una visión proisraelí del poder negro
musulmán norteamericano la ofrece Gilles Kepel, en su libro Al Oeste de Alá,
Paidós, Barcelona, 1996).

Estos cambios estructurales se producen en un ambiente donde predomina la
ideología llamada del “multiculturalismo y la diversidad” activamente
promovida por la Administración Clinton y sistemáticamente rechazada por el
fundamentalismo evangélico-calvinista, quien acusa a la actual
Administración de ser la responsable de haber fragmentado a la política
exterior de la superpotencia. En efecto, el “interés nacional” se ha
dividido y subdividido en innumerables “intereses étnicos” (Huntington),
enfrentados entre sí. Son los lobbies de las diferentes minorías nacionales
los que, en última instancia, definen la política de Washington hacia el
“mundo exterior”. “Para la comprensión de la política exterior de los EUA es
necesario estudiar no los intereses del Estado en un mundo de Estados en
competencia, sino más bien el juego de intereses económicos y étnicos en la
política interior del país. La política exterior, en el sentido de acciones
conscientemente designadas para fomentar los intereses de EUA como una
entidad colectiva en relación con entidades colectivas semejantes, está
lenta pero inexorablemente desapareciendo” (Samuel P. Huntington, Intereses
nacionales y unidad nacional, Foreign Affaires-Política Exterior, Vol.XII,
Nº61, p.177).

Dentro de este contexto es preciso reflexionar sobre las dos bombas que en
el África oriental afectaron, a nivel físico, “intereses norteamericanos”.
Los efectos explosivos de esas detonaciones pueden ser más devastadores
dentro de una sociedad norteamericana – que ha perdido identidad de manera
rápida y contundente a nivel étnico y cultural- que sobre los mismos
edificios de las embajadas de una superpotencia blanda, ubicados en lejanos
puntos del planeta.

Dado el estado de fragmentación en que se encuentra el sistema decisional
exterior, tampoco habría que descartar la existencia de una convergencia de
intereses externos e internos, similar – aunque en escala menor,
naturalmente – a los acontecimientos que permitieron a la escuadra japonesa,
en diciembre de 1941, bombardear la base de Pearl Harbour. Sólo esa acción,
que fue consentida y alentada por los más altos mandos militares y políticos
de un gobierno universalista-demócrata (ello ya está admitido por la
práctica totalidad de la literatura histórica académica norteamericana),
venció las resistencias sociales aislacionistas y posibilitó la entrada de
los EUA en la segunda guerra mundial. Pero aquellos eran otros tiempos: los
Estados Unidos representaban plenamente el papel de una potencia
imperialista joven y dura (Ver Anexo 2: EE.UU.: capacidad de globalización y
voluntad “aislacionista”. De la estrategia de “contención” a la estrategia
de “expansión”).

Todo indica que estamos viviendo una época de la historia del mundo en la
cual un grupo humano específico, dotado de una ideología mesiánica y de una
arraigada conciencia de superioridad respecto del resto de los mortales,
parece decidido a la conquista del mundo, y no sólo de los Estados Unidos de
América. Ese grupo humano no sólo se lanza al abordaje de bancos europeos –
suizos y alemanes, por el momento; sobre todo, desde su bunker de Nueva
York, la capital judía del Hemisferio Occidental, la mafia financiera judía
devalúa monedas y hunde y saquea naciones en todo el mundo, desde Indonesia
hasta Rusia, pasando por Hispanoamérica. Sus “economistas académicos”
diseñaron el “proyecto global”: la gran mentira que destruye pueblos y
continentes enteros. Estos atracadores planetarios están atrincherados
detrás de un Mito, el del “Holocausto”. Él es su única “fuerza moral”.

LA “CONEXIÓN ARGENTINA”: LOS ATENTADOS DE BUENOS AIRES

Existe un vínculo estrecho y directo que une a los atentados de África con
los de Buenos Aires. Toda la prensa internacional e israelí lo ha señalado
con fuerza y rotundidad.

Personalmente vengo trabajando en el estudio de esos atentados desde el
mismo día en que se produjo el segundo de ellos, desde el 18 de julio de
1994. En mi último libro sintetizo los resultados de esa investigación de
cuatro años. La edición española de La falsificación de la realidad, la
Argentina en el espacio geopolítico del terrorismo judío, fue presentada en
la Feria del Libro de Madrid a comienzos de junio de 1998, por Ediciones
Libertarias, de Madrid (1).

A nivel personal he pagado un alto costo, porque mis investigaciones no
coinciden con lo “políticamente correcto”: un conjunto de parámetros
intelectuales que hoy actúan como gendarmería del pensamiento en el mundo
entero. Pero yo sigo pensando “a la antigua”. Sigo creyendo firmemente que
un intelectual tiene un deber prioritario de lealtad para con su patria y
para con su pueblo. Y que esa lealtad es algo muy distinto a la estupidez
del “compromiso”. Sigo pensando como Martin Heidegger: “Sé por la
experiencia y la historia humanas que todo lo esencial y grande sólo ha
podido surgir cuando el hombre tenía una patria y estaba arraigado en una
tradición”.

A partir de los “atentados de Buenos Aires” los patriotas argentinos hemos
sido expulsados a la clandestinidad por la ocupación judía de los aparatos
del Estado y por el proceso de distorsión cultural que esas mismas
organizaciones judías lograron establecer sobre el conjunto de la sociedad
argentina. Yo mismo, por razones de seguridad, no puedo vivir en la
Argentina. Hacia fines de 1996 tuve que optar por un segundo exilio (el
primero me fue impuesto porque luché hasta el final contra la llamada
“dictadura militar”). Había recibido numerosas amenazas de muerte
realizadas, ¡qué duda cabe! por la “conexión interna judía-fundamentalista”.
En cuanto a la “justicia” argentina, un sólo ejemplo: poco tiempo antes de
salir del país mi abogado tuvo que interponer nada menos que dos recursos de
habeas corpus preventivo, en un mismo día. Sólo el gobierno, en mi caso
personal, mantuvo una actitud respetuosa. Lo peor fue que muchos amigos “de
toda la vida”, algunos de ellos judíos, me pidieron que ni siquiera los
llamara, nunca más, por teléfono. Por haber publicado un libro -mi libro
número 25- con las conclusiones de una investigación que cumplía con todos
los requisitos académicos, las organizaciones judías trazaron en torno a mi
persona un verdadero cordón sanitario que destruyó el conjunto de mis
actividades sociales y profesionales. Ni durante los peores momentos de la
dictadura militar (primer exilio) sufrí semejante asedio. Tuve que recurrir
a un segundo exilio, para salvar la vida. Así están las cosas en la
República Argentina. Y en otros muchos lugares del mundo occidental.

Esa ocupación judía de un país se puede medir por un complejo entramado
jurídico-legal que le otorga a los judíos en la Argentina no sólo el status
de ciudadanos de primera clase (una minoría étnica que está por encima del
resto de los ciudadanos): la legislación argentina actual ha asumido – de
hecho y de derecho – la naturaleza “diferencial” que los judíos se atribuyen
a sí mismos, en tanto “pueblo elegido”. Esa ocupación, ya realizada por un
grupo étnico que en esencia no es argentino – porque reivindica y privilegia
su Ser Judío y, por lo tanto, el principio de la “doble lealtad”, que
significa lealtad prioritaria al Estado judío -, tiene manifestaciones
múltiples, como la existencia comprobada de grupos paramilitares judíos
armados que responden directamente ante la Inteligencia del Estado judío
(2).

Muchos lectores españoles opinaron que La falsificación de la realidad es un
libro “demasiado duro”, “demasiado directo”. Yo estaría de acuerdo con ellos
si el origen de ese libro no hubiese sido una investigación sobre un
asesinato colectivo, pues eso fueron ambos atentados de Buenos Aires.

Hubo, entonces, en el origen de ese libro, dos investigaciones sobre un
asesinato colectivo. Una de ellas fue la oficial, la otra, la mía, la que se
expone en el libro. Entre ambas investigaciones hay una enorme diferencia.
La investigación oficial es un balbuceo político, un laberinto jurídico y,
finalmente, un callejón sin salida. Incumplió con lo fundamental: sólo
“aportó” sospechas y difamaciones, p

ero ni un sola prueba. La investigación
que se desarrolla en este libro brinda lo que puede esperarse de él: una
explicación lógica y coherente sobre uno de los más importantes asesinatos
colectivos realizados en Occidente desde la última posguerra (naturalmente
antes de que ocurriera la explosión de Nairobi). Y señala: las pruebas serán
“liberadas” cuando la crisis del Estado de Israel llegue a su plenitud.

La investigación contenida en ese libro presenta al único culpable posible
dentro de un contexto lógico-histórico: a las organizaciones terroristas
judías que hoy co-participan del poder en el Estado de Israel. La
investigación oficial nunca estuvo en condiciones de desmentir – y hoy menos
que nunca – esta conclusión. En ningún momento dispuso de un contexto
explicativo coherente sobre los atentados de Buenos Aires. Esas
organizaciones judías fueron las que asesinaron a Isaac Rabin. Las que
ejecutan atentados a todo lo largo y lo ancho del mundo (para luego
adjudicárselos al “terrorismo islámico”). Son las bandas que agreden e
intimidan a los intelectuales occidentales que dudan sobre los Mitos judíos.
Son las mismas organizaciones que se han burlado descaradamente de Occidente
negándose a cumplir – pública y explícitamente – con los Acuerdos de Oslo.
Representan a la fracción nacionalista judía – hoy hegemónioca – que niega
el universalismo judío. Esas organizaciones están asimismo preparando un
golpe de Estado contra la cúpula de la Administración Demócrata en los EUA..
Representan al judaísmo nacionalista que vuelve a la versión primitiva,
tribal y sangrienta de Yahveh (a una interpretación real-literal del Antiguo
Testamento). Son, en definitiva, el componente dominante de la actual
estructura teológica y estratégica del mismo Estado judío.

El resto de mi libro anterior no es más que una historia de los Mitos judíos
que encajan absolutamente con la ficción que se pretendió construir en torno
a los atentados de Buenos Aires, que son vistos en ese libro bajo la óptica
de una doble acción delictiva: la realización de los atentados – propiamente
dichos – y la inmediata intención de adjudicárselos al conjunto de la
sociedad argentina (a la que se califica de “antisemita”), que fue
totalmente ajena a los mismos. En esa doble operación criminal, las
organizaciones que representan a los judíos radicados en la Argentina se
comportaron, en un estricto sentido, como extranjeros-enemigos. Los Mitos
judíos que son expuestos en ese libro constituyen una historia de la que han
surgido y de la que se nutren las organizaciones que llevaron a cabo las
matanzas de Buenos Aires, y la inculpación automática de la sociedad
argentina en ellas. Esas organizaciones se han autodesignado “elegidas”.
Allí donde estén, son “superiores” a las “gentes de la tierra”. Por lo tanto
no hay “dureza” en este libro, sino radicalidad, en el sentido en que Karl
Marx, un judío racionalista, definía este concepto: llegar hasta la raíz del
problema.

Proletariado y cultura – Jacques de Mahieu

108 páginas
14,5 x 21 cm.
Ediciones Sieghels
2012
, Argentina
tapa: color, plastificada,
Precio para Argentina: 65 pesos
Precio internacional: 17 euros

La cultura no consiste en un conjunto más o menos organizado de conocimientos que abarquen las distintas ramas del saber. La cultura del hombre es el resultado de un trabajo de formación que lo haga apto para sentir, pensar, actuar y crear, o también, de modo más general, para adoptar tal o cual actitud frente a la vida.
Dos factores intervienen en la elaboración de una cultura: la “materia prima” humana y el trabajo realizado, con su método y su duración. Por un lado, el hombre es el producto de una larga evolución histórica y lleva en sí no sólo los caracteres comunes a toda la especie sino también aquellos que lo diferencian por la raza a que pertenece y la individualidad que posee. Dicho con otras palabras, es el heredero biopsíquico de todos sus antepasados. Nace, por otro lado, en una sociedad que ha adquirido, en el curso de los siglos, cierto patrimonio cultural, y participa en una medida variable de esta tradición, en el sentido más amplio del concepto.
La cultura varía con la raza y la época. Varía también según los estratos sociales que están diferenciados biopsíquicamente dentro de la comunidad étnica y experimentan de modo distinto la acción del medio común.
Dar a un campesino o a un obrero una formación racionalista, según los lamentables métodos de la enseñanza contemporánea, no puede acabar sino en el fracaso más trágico.
Intentamos estudiar las relaciones existentes y/o necesarias entre proletariado y cultura.
Actualmente, lejos de buscar una formación cultural, el proletario llegaba hasta a despreciarla como específicamente burguesa y a rechazarla cuando, por accidente, le es ofrecida.
Para que nuestra civilización se afirme otra vez con pleno vigor, basta devolverle una base valedera y firme. Dicha base, la tenemos; el oficio, vale decir, lo que, en el maquinismo, ha permanecido humano. Si no sabemos trasmitir a los productores manuales, mediante la cultura sindical, la herencia de nuestra civilización, ésta desaparecerá, tal vez para siglos, tal vez para siempre, en el hormiguero industrial que los Atila mecanizados que nos acechan amenazan edificar sobre los escombros de nuestro Occidente.

ÍNDICE

Prólogo7

I – LOS NUEVOS BÁRBAROS
1. Los datos del problema11
2. La “ocupación” de la cultura por la burguesía15
3. La anticultura proletaria por reacción 19
4. La incultura proletaria por incapacidad23
5. La incultura proletaria por imitación 27
6. La incultura proletaria por abandono 31

II – CULTURA PARA EL PROLETARIADO
7. Necesidad de la cultura para los productores35
8. Error y contradicción de una “cultura proletaria” 39
9. Naturaleza y cultura del productor 43
10. El error de la cultura folklórica47
11. El error de la cultura humanística “rebajada al nivel del pueblo”51
12. Cultura “agregada” y cultura “integrada”55
13. La cultura popular antes del capitalismo59

III – LA CULTURA SINDICAL
14. El sindicato, marco social del productor 65
15. El pasado cultural del sindicalismo 69
16. Las condiciones materiales y mentales de una cultura de paz73
17. El sindicato, escuela de cultura 77
18. La cultura integral en la creación 81
19. La acción cultural del sindicato 85
20. Los “maestros de cultura” en los sindicatos89
21. Valor revolucionario de la cultura sindical93
22. Valor humano de la cultura sindical 97
23. Valor económico de la cultura sindical101
24. Hacia la civilización de los productores105

PREFACIO

Profesor universitario, fundador del Instituto de Ciencia del Hombre, distinguido por sus investigaciones antropológicas, profundo estudioso de las ciencias políticas, sociales y económicas, prolífico autor de valiosos textos, Jacques Marie de Mahieu ha sido y es un ser de increíble actividad intelectual.

Como a veces sucede con grandes artistas, filósofos o compositores, su legado fue crecientemente valorado luego de su desaparición física, en 1990. Cada vez más sus numerosas obras son requeridas y los lectores encuentran que la mayoría de ellas están agotadas.

Lograr que eso no sea así, que en alguna medida las obras de Mahieu sigan estando disponibles para un público que procura alcanzar la riqueza y diversidad de conocimientos que él poseía y testimonió con sus escritos, requiere de un empeño sostenido de algunos de sus discípulos.

Esta edición de “Proletariado y Cultura” es posible gracias a Xavier de Mahieu, a la colaboración de Marcela Baez Mansilla, al importantísimo aporte de Alejandro Vega, que prosigue con las tareas de investigación del Maestro, y al arduo trabajo de compaginación y diagramación de Librería Argentina.

Héctor D. Buela
2012

LOS DATOS DEL PROBLEMA

La cultura no consiste en un conjunto más o menos organizado de conocimientos que abarquen las distintas ramas del saber. Nos resulta útil la etimología para hacernos aprehender el significado verdadero del término. Cultivar la tierra no es poblarla de árboles, sino prepararla de tal manera que la semilla que se eche en ella encuentre un suelo ya listo para recibirla y hacerle dar, en flores y en frutos, todas sus posibilidades. La cultura del hombre es el resultado de un trabajo de preparación análogo, de un trabajo de formación que lo haga apto para sentir, pensar, actuar y crear, o también, de modo más general, para adoptar tal o cual actitud frente a la vida. La definición de Madame de Stael sólo es paradójica en apariencia. La cultura es verdaderamente “lo que permanece cuando se lo ha olvidado todo”; sensibilidad, inteligencia e ímpetu.
Dos factores intervienen, pues, en la elaboración de una cultura: la “materia prima” humana y el trabajo realizado, con su método y su duración. Por un lado, el hombre no nace reducido a un esquema específico, no nace en un estado primitivo, si es que tal palabra tiene algún sentido. Es el producto de una larga evolución histórica y lleva en sí no sólo los caracteres comunes a toda la especie sino también aquellos que lo diferencian por la raza a que pertenece y la individualidad que posee. Dicho con otras palabras, es el heredero biopsíquico de todos sus antepasados. Nace, por otro lado, en una sociedad que ha adquirido, en el curso de los siglos, cierto patrimonio cultural, y participa en una medida variable de esta tradición, en el sentido más amplio del concepto. Integran dicho patrimonio los métodos de formación del niño y del adulto. y por métodos no queremos expresar tanto las técnicas educativas como el conjunto de presiones diversas que el medio ejerce sobre el individuo que surge y se desarrolla en su seno. Son ésas las razones por las cuales la cultura varía con la raza y la época. No nos extrañaremos que varíe también, y por las mismas razones, según los estratos sociales que están diferenciados biopsíquicamente dentro de la comunidad étnica y experimentan de modo distinto la acción del medio común.
Apenas es preciso señalar que el método no puede ser considerado independientemente del “terreno” a que está destinado, sino que debe, por el contrario, serle adecuado. Formar para la caza un perro de policía sería perder el tiempo. Someter a un congoleño a las disciplinas de las humanidades grecolatinas no bastaría para suscitar en él la concepción occidental del mundo y sólo haría de él un inadaptado. Asimismo, dar a un campesino o a un obrero una formación racionalista, según los lamentables métodos de la enseñanza contemporánea, no puede acabar sino en el fracaso más trágico.
Tales son las consideraciones generales sin las cuales no nos parece posible abordar nuestro tema. Se trata, en efecto, para nosotros, de estudiar las relaciones existentes y/o necesarias entre proletariado y cultura, vale decir, entre la clase obrera organizada y la formación, imprescindible para sus miembros, que tenemos que definir. Por cierto, ya sabemos que, por el doble hecho de su raza y de su historia, nuestras Comunidades occidentales han recibido en herencia una civilización humanista que determina una “cultura general” cuyos grandes rasgos conocemos. Pero también sabemos que la clase obrera no se confunde con el conjunto social de que forma parte. Desempeña funciones particulares que exigen de ella una actitud especial, luego, una cultura diferencial. Posee una naturaleza hereditaria que determina capacidades que le son propias y que constituyen las bases de cualquier esfuerzo cultural. Es un hecho que el proletariado no participa ni en la cultura de la comunidad en el mismo grado ni del mismo modo que las otras capas de la población. Apenas exageraríamos si dijéramos que es del todo inculto.
Ahora bien: el hombre sin cultura es un bárbaro y el bárbaro, en una sociedad civilizada, es, por su inadaptación, a la vez desdichado y peligroso. Ninguna Comunidad puede soportar en su seno a una clase entera de bárbaros: tiene que eliminarlos o asimilarlos, so pena de verlos destruir el orden social que los reduce a la condición de parias. La eliminación del proletariado no es físicamente posible, puesto que no se trata de un ejército invasor sino de una parte integrante del pueblo, y la asimilación nunca será completa sin la cultura. El problema sólo tiene, por lo tanto, una solución.

División Leibstandarte La Guardia de Corps de Hitler – Carlos Caballero Jurado

64 páginas
Muy ilustrado
24 x 17 cm.
Editorial Galland books
2009

Encuadernación rústica cosido
Precio para Argentina: 60 pesos
Precio internacional: 12 euros

La División «Leibstandarte Adolf Hitler» nació como Guardia de Corps del Führer germano y perteneció a las Waffen SS, un cuerpo militar que ha sido objeto de una agria polémica. Sin embargo, desde hace mucho tiempo, los historiadores militares distinguen claramente entre el aparato policial-represivo de las SS y las Waffen SS o Arma SS, aunque tal distinción se le escape a muchos historiadores no especializados en temas militares y aún más al público en general.

Pocas unidades pueden enorgullecerse de una hoja de servicios como la que tuvo la División SS «Leibstandarte». Ninguna cruzó tantas veces Europa en un sentido y otro. Con excepción de Escandinavia y el Norte de África, combatió en todos los frentes donde lucharon soldados alemanes. Y los pocos meses que pasó apartada de la primera línea fue porque era necesario para reorganizarse.

Pero la historia de la «Leibstandarte» tiene también sus páginas negras. La unidad ha sido acusada de crímenes de guerra. En algunos casos se ha podido demostrar que las acusaciones fueron falsas, o muy exageradas. Pero en otros casos sí se correspondían con la realidad. Desde luego, de las decenas de miles de hombres que pasaron por las filas de la «Leibstandarte» solo una exigua minoría participó en esas atrocidades. La mayor parte de sus soldados solo tuvieron en la guerra un privilegio, el de ser los primeros en exponer sus pechos en la defensa de su Patria. Pero, aún así, la historia no puede ser ignorada ni borrada, y la conducta criminal de unos pocos ha dejado su negra huella en la historia de esta unidad.

ÍNDICE

-INTRODUCCIÓN
-LOS CUERPOS FRANCOS ¿UNA GUARDIA PRETORIANA?
-UNA VISTOSA TROPA DE DESFILE
-SÍMBOLO DE LA NUEVA ALEMANIA
-DE LA LLANURA POLACA A LOS ALPES FRANCESES
-HACIA EL OLIMPO
-BARBARROJA
-POR FIN LOS PANZER
-CLAROSCUROS: LA SEGUNDA CAMPAÑA EN RUSIA
-RUSIA DE NUEVO
-LA INVASIÓN
-LA ULTMA OFENSIVA
-CUARTA Y ÚLTIMA CAMPAÑA EN EL ESTE
-QUE BUEN VASALLO…

LA SUPERACIÓN DEL ROMANTICISMO – Julius Evola

165 páginas
Ediciones Heracles
Tapa: rustica
Precio para Argentina: 35 pesos
Precio Internacional:   12 euros

La obra que aquí presentamos integra el grupo de textos filosóficos pertenecientes al período juvenil de Julius Evola el que posee un importante valor para la profundización de sus trabajos más maduros.
La misma permite encauzarnos en el sistema que nuestro autor calificara como Idealismo mágico o Individualismo absoluto , el que representa una postura original en el contexto de la filosofía de su tiempo. El mismo se caracteriza por haber pretendido recabar del idealismo, escuela vigente y en boga en los ámbitos académicos de aquel entonces, las consecuencias últimas que sus principales exponentes fueron incapaces de extraer de su propio sistema. Ha sido una característica original de tal movimiento surgido en Alemania la de haber concebido al Yo como una potencia creadora. Sin embargo la determinación de tal capacidad cumplida a lo largo de distintas etapas quedaría trunca con Hegel en la medida que el sujeto queda reducido a la condición de simple medio de una potencia de carácter impersonal (la Razón o la Idea), por lo que terminaba así invirtiendo su significado originario mediante la constitución de un nuevo determinismo que no significaba otra cosa que un simple cambio de collar. El sujeto seguía subordinado a una “realidad” que le era siempre ajena, aunque ésta hubiese recibido un nombre nuevo. Tales críticas, que el idealismo recibiera también del lado de Kierkegaard como de Nietzsche, en Evola adquieren un rumbo significativo y sumamente original al intentar rescatar de tal sistema una actitud de crítica radical hacia el mundo moderno.

INDICE

Introducción ………………………………………………………………. 7
I- El valor del ocultismo en la cultura contemporánea…………. 14
II- La escolástica ante el espíritu moderno……………………….. 40
III- De la pureza como valor metafísico…………………………… 65
IV- Imperialismo pagano………………………………………………. 82
V- La superación del romanticismo………………………………… 95
VI- ” Neue Sachlichkeit “: una confesión de las nuevas
generaciones alemanas………………………………………………… 112
Acerca del “gran estilo”, por Federico Nietzsche……………… 128
VII- Ernst Jünger: “El Obrero” y
“Los acantilados de mármol”………………………………………… 129
Apéndice:
Los editoriales de La Torre ………………………………………… 142
a) Presentación a los lectores………………………………………. 142
b) Perspectivas…………………………………………………………. 145
c) Retorno a los orígenes…………………………………………….. 147
d) El Uno y los Muchos……………………………………………… 149
e) La Acción y el Trabajo…………………………………………… 151
f) El símbolo…………………………………………………………….. 154
Mario Carli castigado………………………………………………… 155

Extracto:

“La consigna es pues: Basta con los “valores humanos”, basta con el anhelo romántico. Ello sobre todo debe ser realizado a nivel de interioridades, y quiere decir: detenerse, remitir a los hombres hacia sí mismos, obligarlos a hallar en sí mismos el propio fin y el propio valor. Que ellos aprendan nuevamente a sentirse solos, sin ayuda ni ley, hasta que se despierten al acto del mando absoluto y de la absoluta obediencia. Dirigiendo fríamente la mirada alrededor, que reconozcan que no hay adonde “ir”, que no hay nada para solicitar, nada que esperar, nada que temer. Que respiren entonces liberados de todo peso y sea respecto del amor como del odio que reconozcan su miseria y debilidad. Se vuelvan a levantar como cosas simples, puras, ya no más humanas.

En la superioridad de los aristócratas, en la alta elevación de almas que son señoras de sí mismas, se burlen de la turbia avidez con la cual los esclavos se precipitan sobre el banquete de la vida, Se determinen con una indiferencia activa capaz de todo según una renovada inocencia. El poder de poner en juego la propia vida y de fijar los báratros sonriendo, de dar sin pasión, de actuar poniendo a la par el vencer que el perder, el éxito que el fracaso, el placer como el dolor, brote de esta misma superioridad que hace disponer de sí como de una cosa en la cual se despierta verdaderamente la experiencia de lo que es más fuerte que cualquier muerte y que cualquier corrupción. El sentido de la rigidez del esfuerzo, del crudo “tú debes” no exista más como el recuerdo de una absurda manía. Reconociendo la ilusión de todos los “planes providenciales”, de todas las ideologías historicistas, de todas las “evoluciones”, reconociendo a todos los “fines” y “razones” como muletas necesarias tan sólo para quien, aun niño, no sabe ir por sí mismo, los hombres cesarán de ser movidos, sino que se moverán. Siendo centrales en sí mismos, por sí mismos hombres y no más espectros, resurgirá la acción en su sentido primitivo, elemental, absoluto.

Será en este momento que al haberse lacerado la niebla envenenada del mundo romántico, más allá de la intelectualidad, más allá de la psicología, más allá de la pasión y la superstición de los hombres, reaparecerá la naturaleza en su estado libre y esencial. Ningún cielo gravitará más sobre la tierra. Todo alrededor retornará libre, todo respirará finalmente. Aquí también la gran enfermedad del hombre romántico, la fe, será superada. Al hombre así reintegrado se le abrirán entonces espontáneamente nuevos ojos, nuevas orejas, nuevas audacias. Lo sobrenatural cesará de ser una pálida evasión de almas pálidas. El mismo será realidad, y coincidirá con lo natural. En la misma neta, calma, poderosa, desencarnada luz de una resurgida simplicidad helénica, espíritu y forma, interior y exterior, realidad y supra-realidad, volverán a ser una cosa sola en el equilibrio de los dos términos, el uno ni superior ni inferior al otro. Será pues una época de realismo mágico: en las energías de aquellos que se creen hombres, y no saben que son dioses durmientes, volverán a vibrar las energías de los elementos hasta temblores de iluminaciones absolutas y de resurrecciones espirituales.

Y entonces también el otro gran vínculo humano, el de las amalgamas sociales sin rostro, será superado. Vencida la ley que hacía de ellos piezas de máquinas, piedras encadenadas en el cemento impersonal del despotismo colectivo o de la ideología humanitaria, los individuos serán principio y fin en sí mismos, encerrados cada uno en sí como mundos, rocas, cimas, vestidos tan sólo de su fuerza o de su debilidad. Cada uno un lugar, un puesto de combate, una cualidad, una vida, una dignidad, una fuerza distinta, sin par, irreducible. Su moral sonará así: Imponerse a la necesidad de “comunicar” y de “comprenderse”, a la contaminación del pathos fraternalista, a la voluntad de amar y de sentirse amados, de sentirse iguales y juntos, imponerse a esta fuerza sutil de corrupción que disgrega y ablanda el sentido de la aristocracia y de la individualidad. La incomunicabilidad será querida, en nombre de un respeto absoluto y viril: valles y cumbres, fuerzas más fuertes y fuerzas más débiles, la una junto a la otra o la una en contra de la otra, lealmente reconocidas en la disciplina del espíritu íntimamente inflamado aunque exteriormente rígido y templado como el acero, que contiene en magnifica medida la desmesura del infinito: militarmente como en una empresa de guerra, como en un campo de batalla. Relaciones precisas, orden, cosmos, jerarquía. Grupos fuertemente individuados y organizados sin intermediarios y sin atenuación a través de acciones, en donde los unos –hombres y razas– luminosamente encenderán, los otros sordamente precipitarán. En lo alto, seres solares y suficientes, raza de Señores de la mirada vasta, temible, lejana, que no toman sino en superabundancia de luz y de potencia dan, y en vida decidida se dirigen, hacia una intensidad siempre más vertiginosa, aun siempre equilibrada en una compostura sobrenatural.

Entonces, el mito romántico, el del “hombre” y de lo “humano”, no será más. Y en un mundo de claridad resonará la palabra de Nietzsche, el precursor: “¡Cómo son bellas, cómo son puras estas libres fuerzas no manchadas más por el espíritu!”.

(Julius Evola, La superación del romanticismo, pgs. 109-111. Ed. Heracles, 2006)