PRÓLOGO
No hay ni habrá manera de atacar problemas históricos tratando de interpretarlos como mejor pueda convenir a los intereses de cada cual, tal como hoy día suele pedirse con alguna frecuencia, sino que ellos deberán convertirse en objeto de estudios profundos y sobrios, que permitirán un análisis certero. Más que nunca, esto deberá tenerse en cuenta en relación con la historia del Tercer Reich, que llegó a modificar en forma decisiva toda nuestra existencia como nación. Debido precisamente a que sufrimos tales alteraciones muy sensibles, ahora es nuestro deber ineludible investigar muy meticulosamente todos aquellos legados que dejaron los personajes del Tercer Reich y de sus Fuerzas Armadas. Cobra aún mayor interés nuestro cometido si tales personajes, ocupando hacía tiempo posiciones clave, habían adquirido una impopularidad poco común, justificada o injustificada. En fin: deben aquilatarse todos los factores de acuerdo con el principio antiquísimo de los jueces atenienses, que el filósofo romano Séneca llegó a expresar de la siguiente manera: "Audiatur et altera pars."(escuchar también a la otra parte)
En cuanto a la historia del Ejército Alemán en sí, estamos bastante bien documentados mediante un gran número de publicaciones que, casi sin excepción, se atienen a la conducta tradicional del viejo Gran Estado Mayor. También la Marina de Guerra ha levantado su voz. Aún carecemos, sin embargo, de una historia de la Fuerza Aérea Alemana.
En lo que se refiere a la historia de los más altos exponentes del Mando alemán y a los pensamientos de aquellos oficiales que apoyaban una reforma radical de las más altas autoridades de Mando, en el sentido de lograr un Mando moderno tridimensional, hasta ahora, desafortunadamente, la situación no puede considerarse satisfactoria. Actualmente se ha empezado, bajo la dirección del historiador profesor doctorado Percy Ernst Schram, la publicación paulatina de los originales del Diario de Guerra del Estado Mayor Operativo del Ejército. De esta manera se procede a hacer del conocimiento público, empezando por los últimos años de la guerra, o sea 1944-1945, un sector muy importante de la dirección operativa de las Fuerzas Armadas. Agradecemos el hecho de que el editor del legado escrito por Keitel haya tenido oportunidad de llegar a conocer aún esta parte del mencionado Diario de Guerra.
Las hasta ahora desconocidas Memorias, cartas personales y apuntes del antiguo jefe del alto mando de las Fuerzas Armadas de Alemania, que en seguida se encontrarán, enfocan otro sector importante, o sean los problemas de la organización militar en general y de la dirección y administración de las Fuerzas Armadas bajo el régimen de Hitler. Nunca más se ha escuchado lo que tenía que decir su autor, el mariscal de campo Keitel, desde el día en que fue llevado, en Nuremberg, al patíbulo, no obstante el hecho significativo de que él precisamente era el hombre que podía dar información exhaustiva acerca de una serie de acontecimientos decisivos de nuestra historia más reciente, empezando con la sórdida lucha por una reorganización del más alto Mando, destinado a guiar todas las Fuerzas Armadas en caso de guerra, en la época del ministro de la Defensa mariscal van Blomberg, y con la crisis Blomberg-Fritsch del año 1938, hasta llegar a los últimos días del Tercer Reich. Con sobrada razón puede alegarse que se ha hecho caso omiso de él, porque ya había sido considerado como "la oveja negra", o "traidor", por un grupo de generales conscientes de sus tradiciones. Ha llegado a experimentar el editor en carne propia, cuando trataba de seguir adelante en sus averiguaciones, cuan vivo puede resultar, aun hoy día, tal resentimiento, y no solamente una vez. Por lo menos, aquí seguía con vida, aunque fuera de manera muy especial, la historia, en una época cansada de relatos históricos.
Pero si ahora consideramos nuestro deber analizar realmente a fondo nuestra historia más reciente, muchas veces turbia, entonces no podemos menos de tener en cuenta aquellos testimonios que nos hablan del modo de pensar, de la conducta, de los motivos y de la lucha interna de los hombres que se hallaban al frente del último Reich alemán, o de aquellos que, de acuerdo con su posición o jerarquía, tenían obligación de aconsejar a estos hombres y ejecutar sus órdenes. No es posible que nosotros juzguemos todo aquello -que ha pasado con nosotros o por nosotros— desde el punto de vista excesivamente limitado de la "resistencia", por muy difícil que resulte al historiador comprender todos los sucesos.
Menos aún podemos hacer tal cosa, precisamente porque el tema "Keitel y el Alto Mando Alemán" incluye problemas de la organización del Supremo Mando Militar, que hoy día menos que nunca han podido ser solucionados en nuestro país (cosa que resulta seguramente desagradable para muchos), y que siguen subsistiendo posiblemente como consecuencia de la pesadilla del Tercer Reich y de su organización.
Por esto se le debe agradecer, en opinión del editor, al administrador del legado familiar de los Keitel, el teniente coronel retirado en Hamburgo Karl-Heinz Keitel, el hecho de que haya tomado la decisión de permitir, sin limitación alguna, la publicación del legado de su padre. El editor desea además expresar su agradecimiento a una serie de personalidades que contribuyeron mediante toda clase de informaciones a hacer posible su publicación. En primer término, se refiere al general de caballería retirado Siegfried Westphal y a los antiguos ayudantes del mariscal Keitel: coronel retirado Wolf Eberhard, teniente coronel retirado Ernst John von Freyend, teniente coronel retirado Erich von Amsberg y mayor retirado Gerhard von Szymonsky. Extiende asimismo su reconocimiento a la viuda del coronel general Jodl, señora Luisa von Benda de Jodl; señor doctor Hans-Adolf Jacobsen, señor profesor doctor Karl Nissen y señor Hanns Moeller-Witten. El editor desea mencionar también la amplia ayuda recibida por el Archivo Político del Ministerio de Relaciones Exteriores, en Bonn; del Instituto para Historia Contemporánea, en Munich, y del Archivo Estatal de la Libre Ciudad Anseática de Bremen, los cuales proporcionaron de la manera más cordial documentos adicionales o, en su caso, informaciones diversas.
WALTER GORLITZ.
Hamburgo, marzo de 1961.
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Introducción Del Editor:
LOS COMIENZOS
A fines del año 1871, año también de la fundación del nuevo Imperio Alemán, bajo la dirección de Prusia, el antiguo Consejero Real de la Corte del desaparecido reino de Hannóver, Cari Wilhelm Ernst Keitel, hasta entonces arrendatario de la hacienda estatal Poppenburg, cerca de Burgstemmen y en el distrito de Ahlfeld, adquirió la hacienda de Helmscherode, cerca de Gandersheim, pequeña ciudad y cabecera de distrito en la parte occidental del Ducado de Brunsviga. El "señor concejal", como muy pronto empezó a llamársele en Helmscherode y Gandersheim, tenía entonces sesenta y un años de edad. Era pues, un hombre de bien, respetado, y competente agrónomo, y allá en Poppenburg -que su padre ya había recibido en arrendamiento del rey de Hannover-, aquel último infeliz soberano de Hannover, Jorge V, a quien Bismarck había expulsado de sus dominios, frecuentemente había estado de visita cuando solía permanecer durante algún tiempo en el cercano Castillo de María.
En esta familia, que originalmente provenía de la ciudad de Goslar, donde sus antepasados habían sido ingenieros de minas y comerciantes, era tradicional la fe protestante luterana, la inclinación hacia los menesteres del campo y de la agricultura en general y la inquebrantable fidelidad hacia la dinastía gobernante, la Casa de los Güelfos, a la que por generaciones enteras había estado unida en calidad de arrendataria de la hacienda estatal.
No existían para nada inclinaciones o tradiciones militares. Al viejo Keitel, Prusia poco le importaba. Precisamente, la poca disposición a tener que convertirse en "prusiano a la fuerza", desde que el Reino había sido anexado en 1866 a Prusia, indujo al concejal Keítel, a pesar de su avanzada edad, a abandonar su tan querida hacienda de Poppenburg, para adquirir poco después propiedades en territorio no prusiano, o sea en el Ducado de Brunsviga. De manera por demás ostentosa el concejal obtuvo para él y su familia la ciudadanía de Brunsviga, y cuando el hijo heredero de Helmscherode, Cari Wilhelm Agust Louis Keitel, nacido en 1854, cumplía de 1872 a 1873 en la ciudad de Kassel con su obligación de tener que servir un año, en calidad de voluntario, aspirante a oficial, con el 13° Regimiento de los Húsares, tenía que despojarse del uniforme prusiano cuando tenía licencia, ya que su padre no toleraba semejante atuendo. Sólo en traje civil le era permitido entrar a las habitaciones de la hacienda. El hijo no se opuso a tal fidelidad hacia la dinastía destronada, pero más tarde la llegó a calificar de demasiado anticuada, especialmente en esta forma tan rigurosa, puesto que ahora él se sentía, de lleno, ciudadano de Brunsviga.
Las negociaciones en relación con la proyectada compra de Helmscherode se llevaron a cabo el 18 de diciembre de 1871. Era el antiguo dueño de la hacienda el fabricante y dueño de una fábrica de vidrio, Heirich Friedrich Ludwig Stender, originario de Lamspringe, quien debido a ciertas obras de reconstrucción realizadas en esta hacienda, no fácilmente administrable, posiblemente se había excedido en sus posibilidades económicas. La hacienda, compuesta por la antigua propiedad von Reiche, Helmscherode, y otras dos propiedades agrícolas de la cercana población de Gehrenrode, de acuerdo con las escrituras poseía entonces una extensión aproximada de 920 yugadas y 114 pies cuadrados. Según el inventario, pertenecían a ella 14 caballos, 52 cabezas de ganado, 38 cerdos y 401 borregos. El precio concertado importó 124.000 escudos o, según cálculos modernos, 432.000 marcos alemanes. La hacienda requería, como consecuencia de elevados cargos hipotecarios que la gravaban, una administración austera, circunstancia que no solamente iba a hacer sentir su influencia sobre los últimos años de vida del viejo concejal, sino también sobre la vida entera de su hijo y que llegó a moldear el carácter y el criterio de su nieto, el mariscal de campo.
La propiedad agrícola de Helmscherode, de acuerdo con antiguas costumbres de la Baja Sajonia era, pues, una propiedad a la que pertenecía también hasta el momento de la separación y regularización de las relaciones campesino-hacendado, a mediados del siglo XIX la jurisdicción civil local. Fue fundada después de haberse extinguido la furia bélica de la Guerra de los Treinta Años, cuando el administrador laico del monasterio. Jonas Burchtorf, de Lamspringe, había ido comprando una serie de propiedades agrícolas abandonadas en este pueblo de antiguos colonizadores, que desde el siglo XI aparece en documentos oficiales. No obstante que en el curso del siglo XIX aparecen, por algún tiempo, nombres de caballeros de la aristocracia, como los von Reiche, la mayoría de los dueños, que solían cambiar con alguna frecuencia, era de origen burgués.
El mundo que los rodeaba estaba más caracterizado por una conducta patriarcal de campesinos prósperos que por una conducta propia de los arrogantes terratenientes de mas allá del río Elba, imagen que fácilmente suele uno formarse si se siguen las ideas relacionadas con estos grandes latifundios del este de Alemania, especialmente si se toma en consideración que el último dueño de Helmscherode, tan famoso y tan discutido, ha sido calificado como el prototipo del terrateniente y militarista prusiano, (1)
El "señor concejal" murió en 1878. Su muerte ocurrió de la manera que sólo un agricultor puede desear. Sentado en su carruaje, cuando iba de Helmscherode a Gandersheim, cayó víctima de una apoplejía y el carruaje volvió a la hacienda con el hacendado muerto en la parte de atrás.
En el mes de septiembre de 1881 se casó su hijo heredero Cari Keitel con la hija de un hacendado de Frisia Oriental, Apollonia Vissering. Su suegro, el agrónomo y concejal Bodewin Vissering, diputado imperial y también de la Dieta prusiana por el Partido Conservador, dueño de la hacienda Lintel, cerca de Norden, y arrendatario del Príncipe de Münster, en Wilhelminenhof, cerca de Dornum, era a su vez un respetado experto en materia de agricultura. Su esposa, Johanna von Blonay, descendía de una familia aristocrática de la Suiza francesa. También los Vissering carecían por completo de tradiciones militaristas, pues eran simples hacendados al igual que los Keitel.
El 22 de septiembre de 1882 la pareja tuvo en Helmscherode su primer hijo, Wilhelm Bodewin Johann Gustav Keitel, futuro mariscal de campo. La madre murió muy pronto, a la edad de treinta y tres años, víctima de la fiebre puerperal, después de haber dado a luz a su segundo hijo, Bodewin, el día de Navidad de 1888. A través de toda la juventud de Wilhelm Keitel, se hacen notar las sombras de un hogar carente de madre. El padre se convertía, poco a poco, en un hombre muy solitario, con varias rarezas muy peculiares, que se entregaba de lleno al manejo de sus asuntos agrícolas. Pero el hijo, más tarde, calificaba de muy admirable cómo su padre había sabido llevar adelante la hacienda -no obstante los factores adversos a la agricultura alemana de aquellos tiempos- y cómo logró eliminar hipotecas y deudas que tanto la gravaban. En sus apuntes mencionó que siempre se había sentido muy orgulloso del hecho de ser el hijo de "semejante luchador". Se fue criando en un mundo más campesino en el fondo que propio de un hijo de gran hacendado. Más tarde, en una ocasión, el padre le había recordado cuando empezó a perfilarse en el joven Keitel su pasión por la cacería; y realmente no concordaban bien ambas cosas: un buen campesino no podía ser al mismo tiempo un cazador. El padre, en cambio, jamás llegó a tocar rifle o escopeta alguna.
Profesores particulares le impartían las primeras enseñanzas, pero no debe haber sido grande el éxito. El joven Keitel prefería estar afuera, en el patio, en los establos y caballerizas, con el viejo jardinero, quien le fue enseñando los secretos del arte de la cacería. Por todo ello, en la Semana Santa del año 1892 fue enviado a Gotinga para asistir al Liceo Real de esta ciudad. Eso significaba una vida de hospedajes o de internados, con amas de casa más o menos agradables. Aún existen, empezando desde la "sexta", el grupo más bajo, los libros de calificaciones, empastados en color azul. Muestran buenos resultados en Historia, Geografía y ejercicios físicos, y menos satisfactorios en los idiomas muertos. Más adelante, él mismo anotó en sus apuntes, tan ampliamente trazados, en forma muy breve: "La escuela simplemente no me gustó." Cuenta además cómo en una ocasión el profesor de Religión, Timme, le dijo, cuando leían en el original griego la Segunda Epístola a los Romanos, del Apóstol Pablo, y el alumno Keitel se mostró de lo más distraído: "¡Keitel, seguramente usted llevaría a pasear al Apóstol San Pablo con un par de briosos caballos y lo haría cien veces mejor que cuando trata de comprender sus enseñanzas!" Y Keitel agrega a esto: "¡Tenía toda la razón!"
Sólo en los cursos más avanzados fueron emparejándose sus calificaciones y Keitel opinó que había llegado a un "buen promedio del grupo". Momentos de luz y alegría en estos años de Gotinga eran las tardes de sábados y domingos, pasadas con el tío Claus Baring, arrendatario de la hacienda del convento Jardín de María, cerca de Obernjesa, quien se había casado con una hermana del padre, y cuyo hijo Theodor, junto con el primo de Helmscherode, asistía a la escuela de Gotinga. Entonces era cuando podía respirar aire campestre y salir de cacería con sus primos.
La meta de su vida seguía siendo la de llegar a ser hacendado, agricultor y administrador algún día de la hacienda de Helmscherode. El tiempo, sin embargo, requería cada vez más de los hijos de los círculos burgueses de este nuevo imperio alemán, que sólo muy lentamente iba afirmándose.
El incremento de las fuerzas armadas y el prestigio considerable que había logrado el oficial de reserva indujo a muchas familias que siempre habían estado al margen de los asuntos militares a dejar a sus hijos en manos del Ejército. En Gotinga, el joven Keitel y su primo Baring, junto con otros dos amigos, entre ellos el que más tarde llegó a ser tan famoso jinete de concursos internacionales, Félix Bürkner, discutían largamente acerca de qué cosa debían hacer ellos una vez obtenido el bachillerato. Estuvieron de acuerdo en el sentido de que sólo venía al caso convertirse en oficiales de profesión. Keitel apunta: Si la caballería resulta demasiado costosa para aquellos padres no demasiado pudientes, porque en aquellos tiempos el oficial de caballería aún tenía que aportar sus propios caballos, y un joven subteniente, teniendo en cuenta los escasos haberes, dependía grandemente de la ayuda financiera de su familia, en este caso había que ir a la artillería ligera de acompañamiento, «donde también se montaban caballos».
Agrega además: "No dejé ver para nada que, en el fondo, mis inclinaciones se dirigían hacia algo muy distinto; mi deseo más fervoroso era el de convertirme en un agrónomo competente." A fin de cuentas, llegó Keitel a un compromiso consigo mismo, por llamarlo así: de todas maneras tenía que cumplir con el servicio militar obligatorio. Se daba por descontado que todo joven llegaría a ser oficial de reserva, y la milicia aceptaba gustosamente a estos sus nuevos miembros. ¡He aquí un cambio realmente notable, porque este pensamiento no hubiera cruzado jamás por la cabeza del hijo de aquel concejal de la Corte Real de Hannover, quien se vio obligado a servir en un regimiento prusiano!. En resumidas cuentas: por de pronto no había inconveniente pues, en convertirse en oficial del activo, ya que aún quedaría tiempo más que suficiente para hacerse cargo de la hacienda paterna. Por aquella época, ésta era una vida normal y bastante confortable. Y había que considerar el hecho de que su padre, desde hacía tiempo, le había enseñado todas y cada una de las peculiaridades de la hacienda y de su administración; una ventaja enorme frente a muchos de sus compañeros.
En la primavera del año 1900, cuando el joven había pasado al último grado de enseñanza, su padre lo registró -según costumbre, con un año de anticipación para su ingreso, en calidad de aspirante a oficial, en el Regimiento de Artillería Ligera de Acompañamiento N° 46, con sede en las ciudades de Wolfenbüttel y Celle. Este regimiento no sólo había sido seleccionado porque contenía el contingente de artillería correspondiente al Ducado de Brunsviga, sino también por el hecho de que se hallaba, a juzgar por sus cuarteles, relativamente cerca de Helmscherode.
En cuanto al servicio en Caballería, le había parecido al padre demasiado costoso. Aún debía ajustar cuentas con suma exactitud para liquidar las últimas deudas de su propiedad.
En aquella época Cari Keitel, en Helmscherode, contrajo segundas nupcias con Afina Gregoire, quien había llegado a la hacienda en calidad de institutriz y profesora para su segundo hijo. El padre habló francamente con su hijo mayor: él conocía sus deseos de hacerse agrónomo, pero la hacienda era demasiado reducida para mantener a dos familias al mismo tiempo. Y el padre se sentía aún demasiado joven para retirarse de sus obligaciones, digamos dentro de uno o dos lustros. Así es que al hijo sólo le quedaba una larga existencia como empleado hacendario, y el joven Keitel sabía demasiado bien cuán trabajosos y poco apreciados eran estos empleos, a menos que lograra un puesto como administrador de alguno de los grandes señores; pero pocos puestos había de estos y eran muchos los aspirantes a ellos. Wilhelm Keitel, acto seguido, fue exponiendo al padre su "idea del compromiso consigo mismo". Seguramente su padre se sintió algo más aligerado cuando oyó este relato. No obstante, en la familia existe otro relato verbal según el cual la renuncia (no definitiva) a la profesión agrícola había llegado a costarle lágrimas. De esta manera se inició una carrera militar que alcanzaría el más alto rango del Ejército y un destino trágico.
Es necesario reflexionar acerca de estos puntos, porque en la calificación generalizada del Jefe del Alto Mando Alemán, mucho más tarde se alegará, y no sólo desde el punto de vista de los anglosajones, que el mariscal de campo Keitel había sido el producto típico del Cuerpo de Cadetes y de una educación militarista. Sobre todo a los americanos, incluso a psicólogos expertos y sumamente hábiles, él les parecía la imagen, el prototipo del "hacendado prusiano", "del Junker", juicio al cual llevaba también el aspecto físico -estatura elevada, bien formado y hombros anchos- de aquel hombre que usaba un monóculo suspendido de una cinta negra. Además, como si lo anterior fuese poco, se sabía que este mariscal era propietario de una "hacienda".
Pasados los exámenes del bachillerato, título que Wilhelm Keitel obtuvo en Gotinga en el mes de marzo de 1901, se unió el 7 de marzo de 1901. a las filas del Regimiento de Artillería Ligera de Acompañamiento de la Sajonia Baja N° 46, cuyo primer batallón y Estado Mayor (en el primer batallón incluía la segunda batería de Brunsviga) estaban estacionados en la ciudad de Wolfenbüttel y cuyo segundo batallón se hallaba en Celle. Con facilidad, sobrellevó los duros entrenamientos hasta llegar al grado de subteniente, que alcanzó el 18 de agosto de 1902. El era fuerte físicamente; además había aprendido el manejo de caballos, y en el trato con la tropa venía a perfilarse el talento natural de mando de
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