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COMPLOT CONTRA LA IGLESIA

Maurice Pinay

 

 

Maurice Pinay - Complot Contra La Iglesia

1130 páginas los 3 tomos
Tomo 1: 169 págs.
Tomo 2: 378 págs.
Tomo 3: 583 págs.
Ediciones Mundo Libre, Mexico, 1985
encuadernación rústica
Precio para Argentina: 120 pesos los 3 tomos juntos
Precio internacional: 26 euros
los 3 tomos juntos

 

Una magnífica e importante compilación de documentos y fuentes de indiscutible importancia y autenticidad que demuestran, sin lugar a dudas la existencia de una gran conspiración que contra la Santa Iglesia Católica y contra el mundo libre han tramado sus tradicionales enemigos, quienes pretenden convertir el catolicismo en un instrumento ciego al servicio del comunismo, de la masonería y del judaísmo, para así debilitar a la humanidad libre y facilitar su hundimiento, y, con ello, la victoria definitiva del comunismo ateo. Los instrumentos más útiles en tal conspiración son los clérigos católicos que traicionan a la Santa Iglesia e intentan destruir a sus más leales defensores, al mismo tiempo que ayudan en todo lo que pueden a comunistas, masones y judíos en sus actividades subversivas.
Puede asegurarse, sin temor a exageración, que ningún libro en el presente siglo ha sido objeto de tantos comentarios en la prensa mundial; virulentamente desfavorables, los de los periódicos comunistas y todos aquéllos controlados por masonería y judaísmo; y favorables en extremo, los de algunos periódicos católicos, independientes de esas fuerzas oscuras y que además han tenido el valor y la posibilidad de expresar con libertad sus puntos de vista.

 

Índice

 

TOMO I  

Prólogo a la edición venezolana

Prólogo a la edición italiana

Prólogo a la edición austríaca

PRIMERA PARTE

EL MOTOR SECRETO DEL COMUNISMO

  Capítulo I             El comunismo destructor y asesino

Capítulo II             Los creadores del sistema

Capítulo III            La cabeza del comunismo

Capítulo IV           Los financieros del comunismo

Capítulo V            Testimonios judíos

  SEGUNDA PARTE

  EL PODER OCULTO TRAS LA MASONERÍA

  Capítulo I             La masonería: enemiga de la Iglesia

Capítulo II             Los judíos: fundadores de la masonería

Capítulo III            Los judíos: dirigentes de la masonería

Capítulo IV           Crímenes de la masonería

Capítulo V            La masonería, propagadora de las revoluciones jacobinas

  TERCERA PARTE

  LA SINAGOGA DE SATANÁS

  Capítulo I             Imperialismo judío y religión imperialista

Capítulo II             Algo más sobre las creencias religiosas de los judíos

Capítulo III            Maldiciones de Dios a los judíos

Capítulo IV           Matanzas de judíos ordenadas por Dios como castigo

Capítulo V            Antisemitismo y cristianismo

Capítulo VI            Cristo Nuestro Señor, símbolo del antisemitismo según los judíos

Capítulo VII           El pueblo deicida

Capítulo VIII          Los Apóstoles condenan a los judíos por el asesinato de Cristo

Capítulo IX           Moral combativa y no derrotismo mortal

Capítulo X            Los judíos matan cristianos y persiguen a los Apóstoles

Capítulo XI           Las persecuciones romanas provocadas por los judíos

TOMO II

CUARTA PARTE

LA QUINTA COLUMNA JUDÍA EN EL CLERO

Capítulo I             El pulpo estrangula a la cristiandad

Capítulo II             Orígenes de la quinta columna

Capítulo III            La quinta columna en acción

Capítulo IV           El judaísmo, padre de los gnósticos

Capítulo V            El judío Arrio y su herejía

Capítulo VI           Los judíos, aliados de Juliano el apóstata

Capítulo VII           San Juan Crisóstomo y San Ambrosio condenan a los judíos

Capítulo VIII          San Cirilo de Alejandría vence a Nestorio y expulsa a los judíos

Capítulo IX            Invasión de los bárbaros: triunfo arriano-judío

Capítulo X            Victoria católica

Capítulo XI            El Concilio III Toledano elimina a los judíos de los puestos públicos

Capítulo XII           El Concilio IV Toledano declara sacrílegos y excomulgados a obispos y clérigos que apoyen a los judíos

Capítulo XIII          Condenación de reyes y sacerdotes católicos negligentes en su lucha contra el criptojudaísmo.

Capítulo XIV          La Iglesia combate el criptojudaísmo. Excomunión de obispos negligentes.

Capítulo XV          El Concilio XVI de Toledo considera necesaria la destrucción de los judíos quintacolumnistas

Capítulo XVI          El Concilio XVII Toledano castiga con la esclavitud las conspiraciones de los judíos.

Capítulo XVII         Reconciliación cristiano-judía: preludio de ruina

Capítulo XVIII        Los judíos traicionan a sus más fieles amigos

Capítulo XIX          Los concilios de la Iglesia luchan contra el judaísmo

Capítulo XX          Intento de judaización del Sacro Imperio Romano Germánico

Capítulo XXI          El Concilio de Meaux lucha contra los judíos públicos y secretos

Capítulo XXII         Terror judío en Castilla en el siglo XIV

Capítulo XXIII        Los judíos traicionan a su más generosos protectores

TOMO III

Capítulo XXIV        La infiltración judía en el clero

Capítulo XXV        Un cardenal criptojudío usurpa el papado

Capítulo XXVI        San Bernardo y San Norberto libertan a la Iglesia de las garras del judaísmo

Capítulo XXVII       Una revolución judeo-republicana en el siglo XII

Capítulo XXVIII      La quintaesencia de las revoluciones judaicas. Ataques seculares a la tradición de la Iglesia

Capítulo XXIX        El criptojudaísmo y las herejías medievales. Los albigenses

Capítulo XXX        El judío, el más peligroso enemigo de la Iglesia. Los valdenses

Capítulo XXXI        El gran Papa Gregorio VII (Hildebrando) destruye una teocracia judaica en el norte de Italia

Capítulo XXXII       Quinta columna judía en al Iglesia ortodoxa rusa

Capítulo XXXIII      Los judíos, propagadores del culto a Satanás

Capítulo XXXIV      La Iglesia y los Estados Cristianos organizan su defensa contra la gran revolución judaica medieval

Capítulo XXXV      Un arzobispo y site obispos procesados por adorar a Lucifer

Capítulo XXXVI      El Concilio III de Letrán excomulga y destituye a obispos y clérigos que ayuden o se opongan fuertemente a los herejes

Capítulo XXXVII     El gran Papa Inicencio III y el famoso Concilio de Letrán imponen como bueno y obligatorio lo que los judíos llaman racismo y antisemitismo

Capítulo XXXVIII    Frailes, monjas y prelados criptojudíos

Capítulo XXXIX      Infiltración judeo-masónica en la Sociedad de los Jesuitas

Capítulo XL           Las conjuras de la Historia y de los ritos

Capítulo XLI          Papas, Padres de la Iglesia y Santos luchan contra los judíos y los condenan. La verdadera doctrina de la Iglesia sobre los judíos

Capítulo XLII         Fraternidades judeo-cristianas, ¿logias masónicas de nuevo cuño?

Capítulo XLIII        El acercamiento amistoso cristiano-judío

  Bibliografía

PRÓLOGO A LA EDICIÓN VENEZOLANA

 

UN LIBRO SENSACIONAL

 

            “COMPLOT CONTRA LA IGLESIA”

 

 

         Los hechos confirman que no es exagerado el término de sensacional aplicado al libro “Complot contra la Iglesia”. A raíz de la primera edición italiana, repartida en el otoño de 1962 entre los padres del Concilio vaticano II, la prensa de diversos países del mundo empezó a hacer comentarios sobre  esta obra cuya lectura es de capital importancia, no sólo para los católicos, sino también para todos los hombres libres.

         Puede asegurarse, sin temor a exageración, que ningún libro en el presente siglo ha sido objeto de tantos comentarios en la prensa mundial; virulentamente desfavorables, los de los periódicos comunistas y todos aquéllos controlados por masonería y judaísmo; y favorables en extremo, los de algunos periódicos católicos, independientes de esas fuerzas oscuras y que además han tenido el valor y la posibilidad de expresar con libertad sus puntos de vista. Todavía un año después de repartida en el santo Concilio la primera edición italiana, la prensa de diversos países sigue ocupándose del extraordinario libro, cosa verdaderamente inusitada en cuestiones editoriales.

         Para que los lectores puedan darse cuenta de la importancia de esta obra, transcribiremos interesantes párrafos de lo que el corresponsal de Roma del periódico portugués “Agora” de Lisboa, del 1º de marzo de 1963, página 7, dice a sus lectores:

 

“Roma. febrero de 1963.

         Vamos a referirnos a una publicación que salió hace tiempo en Roma. Además de la información, pudimos conseguir un ejemplar de este libro que se convirtió en un par de meses en una rareza bibliográfica...El libro fue impreso en una tipografía romana, pero cuando las actuales autoridades demócrata-cristianas de Italia, favorables al marxismo, se dieron cuenta de su publicación, los ejemplares del grueso volumen de 617 páginas ya habían sido repartidos –entre los padres del Concilio Ecuménico-, provocando alarma en el gobierno del Vaticano, alarma en el mundo diplomático y en los partidos de izquierda. Durante varios días la imprenta recibió la visita de altísimas autoridades policíacas, que sólo obtuvieron la declaración de que se les había encargado imprimir la obra y que el precio de la edición había sido totalmente pagado. La prensa de las izquierdas le lanzó ataques furibundos...

         La excepcional importancia del libro reside principalmente en un elemento fundamental y es que, ya sea uno o ya sean muchos sus autores (es más fundada la segunda hipótesis), se deja adivinar por cualquier persona de elemental cultura que la compilación fue hecha por clérigos. naturalmente que con respecto a este asunto aparecen las más variadas versiones. Hay quienes afirman que fueron prelados italianos en colaboración con elementos del catolicismo inglés; otros hablan de un grupo de sacerdotes incluyendo algunos obispos, de un país de América meridional no bien identificado...Esta obra, por la enorme seriedad de su minuciosa, escrupulosa y erudita documentación, no es uno más de esos productos del antisemitismo basados en los “Protocolos de los Sabios de Sión”*

[* Nota del Editor: En el transcurso de la obra, no se hace mención o referencia alguna al mencionado libro de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”.] Finalmente, en las páginas, en los argumentos, y en el propio estilo del libro, se advierteinconfundible, la presencia de clérigos católicos, en militancia contra la eterna herejía, que ha tendido siempre a subvertir las bases religiosas, éticas e históricas del cristianismo, sirviéndose sucesivamente de Simón el Mago, de Arrio, de Nestorio, de los albigenses y actaalmente de los izquierdistas del Concilio Ecuménico”.

         Hasta aquí las citas del intesante comentario hecho sobre “Complot contra la Iglesia” por el periódico portugués “Agora”.

         Sin embargo, la versión que más se ha impuesto, tanto en Roma como en la prensa mundial, es que el sensacional libro fue elaborado, ni más ni menos que por elementos destacados de la Curia romana que, como es sabido, es el gobierno supremo de la Iglesia, auxiliar de S.S. el papa en sus máximas funciones. Se ha venido repitiendo que la obra “Complot contra la Iglesia” es uno de los mayores esfuerzos hechos por la Curia romana para hacer fracasar las reformas que intenta realizar el ala izquierda del clero católico; reformas, que de verificarse, subvertirán por completo las bases sobre las que descansa la Santa Iglesia. Hay periódicos que a este respecto han sido todavía más explícitos, y que afirman que fue el llamado “sindicato de cardenales” quien elaboró el libro. Es preciso explicar que los masones, los comunistas y sus cómplices han dado en llamar “sindicato de cardenales” al grupo heroico de cardenales de la Curia romana que están luchando en el Concilio Vaticano II por impedir que un grupo de clérigos, que en forma extraña se encuentra al servicio de la masonería y del comunismo, impongan en el Sínodo universal toda una serie de tesis subversivas y algunas hasta heréticas, destinadas a causar la ruina de la Iglesia, cosa que no llegará a consumarse, porque escrito está “que las fuerzas del infierno no prevalecerán contra Ella”, aunque también profetizado está, en el Apocalipsis de San Juan, que tales fuerzas infernales lograrán vistosos triunfos temporales después de los cuales serán vencidas y aniquiladas.

         Para no alargar demasiado este prólogo, sólo transcribiremos a continuación lo que dice al respecto un importante periódico de la América Latina de tendencias masónicas y comunistas. Nos referimos al semanario “Tiempo”, publicado en la ciudad de México por el señor Martín Luis Guzmán, distinguido jerarca de la masonería, y que en el número 1.119, volumen XLIII, página 60, del 14 de octubre de 1963, dice refiriéndose a los obispos llamados progresistas:

         “La rebelión de los obispos fue considerada por Ottaviani y demás cardenales del “sindicato” como un principio de herejía. Hasta se habló en “L´Osservatore Romano” de la posibilidad de que el Concilio depusiera al Papa si lo consideraba hereje. El “sindicato” editó por entonces, octubre de 1962, un libelo titulado “Complotto Contro la Chiesa” y con el seudónimo de Maurice Pinay”. Hasta aquí el comentario del periódico antes mencionado.

         Lo que le da a este libro un definitivo valor probatorio es que se trata de una magnífica e importante compilación de documentos y fuentes de indiscutible importancia y autenticidad que demuestran, sin lugar a dudas la existencia de una gran conspiración que contra la Santa Iglesia Católica y contra el mundo libre han tramado sus tradicionales enemigos, quienes pretenden convertir el catolicismo en un instrumento ciego al servicio del comunismo, de la masonería y del judaísmo, para así debilitar a la humanidad libre y facilitar su hundimiento, y, con ello, la victoria definitiva del comunismo ateo. Los instrumentos más útiles en tal conspiración son los clérigos católicos que traicionan a la Santa Iglesia e intentan destruir a sus más leales defensores, al mismo tiempo que ayudan en todo lo que pueden a comunistas, masones y judíos en sus actividades subversivas.

         Con la presente edición pretendemos dar la voz de alerta no solamente a los católicos, sino a todos los anticomunistas de Venezuela y de la América Latina, para que se den cuenta de los graves peligros que amenazan actualmente no sólo a la Iglesia Católica, sino a la Cristiandad y al mundo libre en general, y para que se apresten a brindar todo su apoyo al grupo benemérito de cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes que están luchando en el Concilio y en sus respectivos países contra los enemigos externos e internos, tanto de la Santa Iglesia como del mundo libre, que con perseverancia satánica intentan destruir las más sagradas tradiciones del catolicismo y hundirnos a nosotros y a nuestros hijos en la espantosa esclavitud comunista.

 

                          Caracas, Venezuela, 15 de diciembre de 1963.

                         

                                            EL EDITOR

 

 

 

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ITALIANA

 

CONSPIRACIÓN CONTRA LA IGLESIA

 

URGENTE AL LECTOR

 

 

Roma, 31 de agosto de 1962.

 

         Se está consumando la más perversa conspiración contra la Santa Iglesia. Sus enemigos traman destruir sus más sagradas tradiciones y realizar reformas tan audaces y malévolas como las de Calvino, Zwinglio y otros grandes heresiarcas, con el fingido celo de modernizar a la iglesia y ponerla a la altura de la época, pero en realidad con el oculto propósito de abrir las puertas al comunismo, acelerar el derrumbre del mundo libre y preparar la futura destrucción del cristianismo.

         Todo esto, que parece increíble, se pretende realizar en el Concilio vaticano II. Tenemos datos de que todo se ha tramado en secreto contubernio con lo altos poderes del comunismo, de la masonería mundial y de la fuerza oculta que los controla.

         Planean iniciar un sondeo previo y comenzar por las reformas que menos resistencia provoquen en los defensores de la Santa Iglesia, para ir llevando, poco a poco, la transformación de ésta hasta donde la resistencia de aquellos lo permita.

         Afirman, algo todavía más increíble para quienes ignoran que esas fuerzas anticristianas cuentan dentro de las jerarquías de la Iglesia con una verdadera quinta columna de agentes incondicionales a la masonería, al comunismo y al poder oculto que los gobierna, pues indican que esos cardenales, arzobispos y obispos serán quienes formando una especie de ala progresista dentro del Concilio, tratarán de llevar a cabo las perversas reformas, sorprendiendo la buena fe y afán de progreso de muchos piadosos padres.

         Aseguran que el llamado bloque progresista, que se formará al iniciarse el Sínodo, contará con el apoyo del Vaticano, al que esas fuerzas anticristianas dicen influenciar. Esto nos parece increíble y fruto más bien de alardes jactanciosos de los enemigos de la Iglesia que de una realidad objetiva. Sin embargo, hacemos mención de esto para que se pueda ver hasta dónde quisieran llegar los enemigos de la catolicidad y del mundo libre.

         Además de reformas peligrosas en la Doctrina de la Iglesia y en su política tradicional, que contradicen manifiestamente lo aprobado por Papas y concilios ecuménicos anteriores, tratan los enemigos de la catolicidad de nulificar la Bula de excomunión lanzada por S.S. Pío XII contra los comunistas y los que con ellos colaboran, para tratar de establecer una convivencia pacífica con el comunismo, que por otra parte, desprestigie a la Santa Iglesia ante todos los cristianos que luchan contra el comunismo materialista y ateo, y por otra parte, quebrante la moral de estos luchadores, facilite su derrota y provoque la desbandada en sus filas asegurando el triunfo mundial del totalitarismo rojo.

         Estos enemigos procuran, que por ningún motivo sean invitados como observadores aquellos protestantes y ortodoxos que heroicamente están luchando contra el comunismo, sino únicamente las Iglesias o consejos de Iglesias controlados por la masonería y el comunismo o el poder oculto que los dirige. En esta forma, los masones o comunistas vestidos de hábito sacerdotal que usurpan los puestos directivos en tales Iglesias, podrán colaborar sutil, disfrazada, pero efectivamente, con sus cómplices introducidos en el clero católico.

         Por su parte, el Kremlin ha aprobado ya negar pasaporte a los prelados firmemente anticomunistas, permitiendo solamente la salida de los Estados Satélites a sus agentes incondicionales o a quienes sin serlo, se hayan doblegado ante el temor de las represalias rojas. De esta manera, la Iglesia del Silencio carecerá en el Concilio Vaticano II, de quienes mejor podrían defenderla informando al santo Sínodo la verdad de lo que ocurre en el mundo comunista.

         Sin duda, a quienes lean esto les va a parecer increíble, pero lo que ocurra en el santo Concilio ecuménico les abrirá los ojos y los convencerá de que estamos diciendo la verdad, porque es allí en donde el enemigo piensa jugarse una carta decisiva, contando, según asegura, con cómplices incondicionales en las más altas jerarquías eclesiásticas.

         Otro de los planes siniestros que fraguan es el de lograr que la Santa Iglesia se contradiga a sí misma, perdiendo con ello autoridad sobre los fieles, porque luego proclamarán que una institución que se contradice, no puede ser divina. Con este argumento piensan dejar las iglesias desiertas y lograr que los fieles pierdan toda su fe en el clero para que lo abandonen.

         Proyectan que la Iglesia declare que lo que durante siglos afirmó era malo, ahora afirme que es bueno. Entre otras maniobras que preparan con dicho fin destaca por su importancia el cambio de actitud de la Santa Iglesia con respecto a los judíos réprobos, como llamó San Agustín tanto a los que crucificaron a Cristo como a sus descendientes, enemigos capitales del cristianismo.

         La unánime doctrina de los grandes Padres de la Iglesia, ese “unanimis consensus Patrum” que la Iglesia considera como fuente de fe, condenó a los judíos infieles y declaró buena y necesaria la lucha contra ellos; lucha en la que poniendo el ejemplo participaron destacadamente, como lo demostraremos con pruebas irrefutables, San Ambrosio Obispo de MIlán, San Jerónimo, San Agustín Obispo de Hipona, San Juan Crisóstomo, San Atanasio, San Gregorio de Nazianzo, San Basilio, San Cirilo de Alejandría, San Isidoro de Sevilla, San Bernardo y hasta Tertuliano y Orígenes; estos dos últimos en su época de indiscutible ortodoxia.

         Además, durante diecinueve siglos la Iglesia luchó enérgicamente contra los judíos, como lo demostraremos también con documentos fidedignos como las bulas de los Papas, actas de concilios ecuménicos y provinciales como el famosísimo IV de Letrán y muchos otros, doctrinas de Santo Tomás de Aquino, de Duns Scott y de los más importantes doctores de la Iglesia, y también con fuentes judías de incontrovertible autenticidad, como las enciclopedias oficiales del judaísmo, las obras de ilustres rabinos y las de los más famosos historiadores judíos.

         Pues bien, los conspiradores judíos, masones y comunistas pretenden en el próximo Concilio, aprovechando, según dicen ellos, el desconocimiento de la mayoría del clero sobre la verdadera historia de la Iglesia, dar un golpe de sorpresa pugnando porque el santo Concilio ecuménico que está por reunirse condene el antisemitismo y condene toda lucha contra los judíos, que, como lo demostraremos también en esta obra con pruebas incontrovertibles, son los dirigentes de la masonería y del comunismo internacional. Pretenden que se declare que los judíos réprobos, considerados como malos por la Iglesia durante diecinueve siglos, sean declarados buenos y queridísimos de Dios, contradiciendo con ello el “unanimis consensus Patrum” que estableció precisamente lo contrario, así como lo afirmado por diversas bulas papales y cánones de concilios ecuménicos y provinciales.

         Como los judíos y sus cómplices dentro del clero católico consideran toda la lucha contra las maldades de los judíos y sus conspiraciones contra Cristo Nuestro Señor y la Cristiandad, han declarado, según lo demostraremos también en este libro, que las fuentes del antisemitismo han sido: el mismo Cristo, los Evangelios y la Iglesia Católica, que durante casi dos mil años lucharon en forma perseverante en contra de los judíos que repudiaron a su Mesías.

         Lo que tratan pues, con la condenación del antisemitismo –que a veces llaman racismo antisemita- es que S.S. el Papa y el sacro Concilio que está por reunirse, al condenar el antisemitismo se siente el precedente catastrófico de que la Iglesia se contradiga a sí misma y condene además, sin darse cuenta y en forma tácita, al mismo Cristo Nuestro Señor, a los Santos Evangelios, a los Padres de la Iglesia y a la mayoría de los Papas, entre ellos a Gregorio VII (Hildebrando), a Inocencio II, a Inocencio III, a San Pío V y a León XIII, que como lo demostraremos en esta obra lucharon encarnizadamente contra los judíos y la Sinagoga de Satanás.

         Al mismo tiempo, con tales condenaciones lograrían sentar en el banquillo de los acusados a muchísimos concilios de la Santa Iglesia, entre ellos, los ecuménicos de Nicea y II, III y IV de Letrán, cuyos cánones estudiaremos en este libro y que tanto lucharon contra los hebreos. En una palabra, los siniestros conspiradores traman que la Santa Iglesia, al condenar el antisemitismo se condene a sí misma, con los resultados desastrosos que es fácil comprender.

         Ya en el Concilio Vaticano anterior intentaron iniciar, aunque en forma encubierta, este viraje en la Doctrina tradicional de la Iglesia, cuando por medio de un golpe de sorpresa y de insistentes presiones lograron que muchísimos padres firmaran “un postulado a favor de los judíos”, en el que, explotando el celo apostólico de los piadosos prelados, se hablaba inicialmente de un llamado a la conversión de los israelitas, proposición impecable desde un punto de vista teológico, para deslizar a continuación, encubiertamente el veneno, haciendo afirmaciones que, como lo demostraremos en el curso de este trabajo, significan una contradicción abierta con la Doctrina establecida al respecto por la Santa Iglesia.

         Pero en esa ocasión, cuando la Sinagoga de Satanás creía tener asegurada la aprobación del postulado por el Concilio Vaticano, la asistencia de Dios a su Santa Iglesia impidió que el Cuerpo Místico de Cristo se contradijera a Sí Mismo y fructificaran las conspiraciones de sus milenarios enemigos. Estalló súbitamente la guerra franco-prusiana; Napoleón III tuvo que retirar precipitadamente las tropas que defendían a los Estados Pontificios y los ejércitos de Victor Manuel se aprestaron a avanzar arrolladoremente sobre Roma, por lo que se tuvo que disolver con rapidez el santo Concilio Vaticano I y tuvieron que regresar a sus diócesis los prelados, antres de que pudiera ponerse siquiera a discusión el famoso postulado en favor de los judíos.

         Por cierto, no fue esta la primera vez que la Divina Providencia impidió por medios extraordinarios un desastre de tal género; la historia nos muestra que lo ha hecho en infinidad de casos, utilizando como instrumento, en la mayor parte de ellos, a los Papas, a piadosos prelados como San Atanasio, San Cirilo de Alejandría, San Leandro, el Cardenal Aimerico y hasta humildes frailes como San Bernardo o San Juan Capistrano. En casos como el citado anteriormente, incluso se ha valido de monarcas ambiciosos como Victor Manuel y el Rey de Prusia.

         Sabedores nosotros a mediados del año pasado que el enemigo volvía a la carga con una conspiración que tiene por objeto abrir las puertas al comunismo, preparar el hundimiento del mundo libre y asegurar la entrega de la Santa Iglesia en las garras de la Sinagoga de Satanás, nos lanzamos sin pérdida de tiempo a recopilar documentos y escribir la presente obra que, más que un libro sostenedor de cierta tesis es un conjunto ordenado de actas de los concilios, bulas de los Papas y toda clase de documentos y fuentes de las que desechamos todas aquéllas de autenticidad o veracidad dudosa, seleccionando las de valor probatorio incontrovertible.

         En este libro no sólo se denuncia la conspiración que el comunismo y la Sinagoga de Satanás han tramado en contra del Concilio Vaticano II, sino que se hace un estudio concienzudo de las anteriores conjuras que en más de diecinueve siglos le sirvieron de precedente, pues lo que ocurrirá en el santo Sínodo que está por reunirse ha ocurrido ya repetidas veces en los siglos anteriores. por ello, para poder entender en toda su magnitud lo que va a suceder es indispensable conocer los antecedentes y también la naturaleza de esa quinta columna enemiga introducida en el seno del clero, haciendo para ello un estudio detenido en la Cuarta Parte, basado en documentación impecable.

         Como además lo que se pretende de la Santa Sede y del Concilio Vaticano II es que destruyan ciertas tradiciones de la Iglesia con el fin de facilitar los triunfos del comunismo y la masonería, en las dos primeras partes de esta obra hacemos un estudio minucioso recurriendo a las fuentes más serias sobre lo que podría llamarse la quintaesencia de la masonería y del comunismo ateo y estudiando la naturaleza del poder oculto que los dirige.

         De esta manera, siendo la Cuarta parte de la obra la más importante, las tres primeras, y sobre todo la tercera, hacen verdaderamente comprensible en toda su magnitud la conspiración que amenaza a la Santa Iglesia; conspiración que no se reduce a las actividades del próximo Sínodo universal, sino que abarca todo el futuro de la Iglesia, ya que el enemigo tiene calculado que si por cualquier motivo surgen en el santo Sínodo fuertes reacciones contra sus proyectadas reformas que hagan fracasar el intento en el Concilio Vaticano II, seguirá con posterioridad aprovechando cualquier oportunidad para volver a la carga, utilizando las fuertes influencias que dice tener en la Santa Sede.

         Pero estamos seguros a pesar de las asechanzas del enemigo, la asistencia de Dios a su Santa Iglesia hará fracasar esta vez, como en otras anteriores, sus pérfidas maquinaciones. escrito está: “Las fuerzas del Infierno no prevalecerán sobre Ella”.

         Desgraciadamente hemos durado en la elaboración de este muy documentado libro como catorce meses y faltan dos escasos para iniciarse el santo Concilio Vaticano II. Dios nos ayude a vencer todos los obstáculos para poder terminar su impresión, siquiera sea al iniciarse el Sínodo o cuando menos antes de que el enemigo pueda causar los primeros daños, pues aunque sabemos que Dios Nuestro Señor no permitirá una catástrofe como la que planean, debemos recordar como dijo un ilustre santo que aunque sepamos que todo depende de Dios, debemos obrar como si todo dependiera de nosotros. Y como afirmó San Bernardo en una crisis tan grave como la actual: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

         En el Segundo Tomo de esta obra se incluirán las partes quinta y sexta de la misma, pero su publicación se hará con posterioridad, esperando las réplicas y acostumbradas calumnias que lance contra ella el enemigo para contestárselas en forma aplastante y contundente.

 

 

 

PRÓLOGO A LA EDICIÓN AUSTRÍACA

 

 

Viena, 20 de enero de 1963.

 

         Debido a las innumerables peticiones que hemos recibido de parte de miembros ilustres del respetable clero austríaco y alemán, hemos resuelto imprimir la edición austríaca de la obra “Complot contra la Iglesia”.

         Los padres del Concilio Vaticano II a quienes fue dedicada, tuvieron oportunidad de comprobar en el transcurso del santo Sínodo que nuestra voz de alarma sobre la existencia de un verdadero complot contra las sagradas tradiciones de la Iglesia y sus defensas contra el comunismo ateo, tuvieron plena confirmación en los hechos ocurridos en la primera parte del santo Conciclio. Esto demuestra que nuestras aseveraciones correspondían a una trágica verdad.

Los sucesos que irán ocurriendo en los meses benideros irán confirmando a los lectores que nuestra denuncia está fundada en una increíble pero triste realidad. Los enemigos de la Iglesia, por medio de sus cómplices en el alto clero, renovaron en la primera sesión del Sínodo universal el intento ya realizado por los valdenses, los husitas y otros herejes medievales y posteriormente por Calvino, Zwinglio y otros heresiarcas, consistente en negar o restar a la Tradición de la Iglesia el carácter de fuente de revelación. Sólo que ahora esgrimieron como pretexto el ideal sublime de la unidad cristiana que todos deseamos, mientras que los herejes de antaño aducían, en apoyo de esa misma tesis, otros tan diversos como sofísticos argumentos.

Intentar que la Iglesia niegue a la Tradición su carácter de fuente doctrinal reservando sólo a la Sagrada Biblia tal atributo, es intentar, ni más ni menos, que la Santa Iglesia se contradiga a sí misma asegurando que es negro lo que durante casi veinte siglos ha afirmado que es blanco, con el desastroso resultado de que al contradecirse el Cuerpo Místico de Cristo pierda su autoridad ante los fieles, puesto que una institución que se contradice en los substancial no puede ser divina.

Dar un paso semejante, sería colocar a la Santa Iglesia en situación tan falsa, que no se justificaría ni con el señuelo de una pretendida unidad cristiana, cuya realización es por ahora muy problemática y cuyo logro sobre tan absurdas bases, significaría que la Santa Iglesia, reconociendo que estaba en el error, se convertía en masa al protestantismo, cuyo postulado esencial ha sido siempre reconocer únicamente la Biblia como fuente de la Verdad Revelada, negándole tal carácter a la Tradición de la Iglesia Católica.

Es increíble que los enemigos del catolicismo y sus cómplices en el alto clero hayan tenido la audacia de ir tan lejos. Eso demuestra también que lo predicho en nuestra obra, escrita antes del santo Concilio, fue confirmado por los hechos y que el enemigo tenía infiltrados cómplices en el alto clero en muy elevadas posiciones; pero según sabemos de muy buena fuente, al aparecer este libro y ser distribuido entre los padres, los enemigos renunciaron, aunque sólo por el momento, a lanzar las proposiciones todavía más audaces que tenían preparadas como golpe de sorpresa fuera de las agendas para los últimos días del Concilio. Entre estas proposiciones estaba la tendiente a pedir la derogación de la Bula de excomunión de S.S. Pío XII contra los comunistas y sus cómplices, el establecimiento de la convivencia pacífica entre la Iglesia y el comunismo y la condenación del antisemitismo.

Sin embrago, ese retroceso obligado por la denuncia hecha en este libro sería sólo temporal en espera de que una cuidadosa propaganda elaborada de acuerdo con el Kremlin, doblegara la resistencia de los defensores de la Santa Iglesia en favor del establecimiento de una convivencia pacífica con el comunismo ateo, que debilite frente a éste las defensas de la Iglesia y del mundo libre, labor que sería realizada con el apoyo del dictador rojo el cual: liberaría de sus prisiones a prelados sumidos en ellas durante largos años, enviaría felicitaciones a Su Santidad el Papa y realizaría otros actos de aparente amistad hacia la Iglesia para vigorizar los argumentos esgrimidos por los cómplices del Kremlin en el alto clero en favor de la derogación de la Bula de excomunión, haciendo posible un pacto de la Santa Sede con el comunismo.

Se planea en Moscú, en contubernio con ciertos cómplices incrustados en las altas esferas del Vaticano, que incluso se establezcan relaciones diplomáticas entre la Santa Iglesia y el Estado soviético –ateo y materialista- con el pretexto de que serían establecidas con el estado Vaticano, que lograría en esa forma suavizar la persecución religiosa en Rusia.

En realidad, lo que tratan el Kremlin y sus agentes de la jerarquía eclesiástica es desmoralizar a los católicos y al heroico clero que lucha en Europa y en el resto del mundo contra el comunismo, dando la impresión de que éste ya no es tan malo desde el momento en que la Santa Sede acordó establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y con otros Estados comunistas.

Se trata también de quebrantar el espíritu de combate de los anticomunistas norteamericanos, ya que con este nuevo paso se verían muy debilitados en su lucha contra las fuerzas oscuras que tratan de sumir a los propios Estados Unidos en el caos comunista. En una palabra, se pretende, como ya lo indicamos en la Introducción a la edición italiana, quebrantar las defensas del mundo libre y facilitar el triunfo final del marxismo ateo.

Pero la audacia del comunismo, de la masonería y de los judíos llega a tal extremo que ya hablan de controlar la próxima elección del papa, pretendiendo colocar en el trono de San Pedro a uno de sus cómplices en el respetable cuerpo cardenalicio. para ello, planean con las influencias que dicen tener en el Vaticano, ejercer presión sobre Su Santidad el Papa, cuya salud es muy delicada, induciéndole a hacer un nombramiento masivo de nuevos cardenales aunque se rompan los límites establecidos, llegando al número necesario para asegurar la designación de un Pontífice que convierta a la Santa iglesia en un satélite al servicio del comunismo, de la masonería y de la Sinagoga de Satanás.

Con lo que no cuentan las fuerzas del Anticristo es con la asistencia que Dios Nuestro Señor dará a su Iglesia impidiendo que prevalezca semejante maniobra.

Baste con recordar que no es la primera vez en la historia que lo intentan y que como lo demostramos en esta obra, con documentos de indiscutible autenticidad, los poderes del dragón infernal llegaron a colocar en el Pontificado a un cardenal manejado por las fuerzas de Satanás, hasta dar la sensación por un momento de que eran dueños de la Santa Iglesia. Pero Cristo Nuestro Señor, que nunca la ha desamparado, inspiró la acción y armó el brazo de hombres piadosos y combativos como San Bernardo, San Norberto, el Cardenal Aimerico, los Padres de los Concilios de Etampes, de Reims, de Pisa y del II Ecuménico de Letrán, que desconocieron su carácter de Papa al Cardenal Pierleoni, ese lobo con piel de oveja que llegó por muchos años a usurpar el trono de San Pedro, excomulgándolo y relegándolo al papel de antipapa que le correspondía.

Los planes del Kremlin, de la masonería y de la Sinagoga de Satanás, por más adelantados que se supongan, serán frustrados evidentemente por la mano de Dios, pues como siempre surgirán nuevos San Atanasios, San Juanes Crisóstomos, San Bernardos y San Juanes Capistranos, auxiliados con la inspiración y fortaleza que Cristo Nuestro Señor les otorgue, para hacer fracasar en una forma o en otra la siniestra conspiración que contra su Santa Iglesia y contra el mundo libre traman una vez más las oscuras fuerzas del Anticristo para facilitar el triunfo universal del imperialismo totalitario de Moscú.

En la primera edición italiana nos vimos obligados a suprimir once capítulos de la Cuarta Parte de este libro por la urgencia que teníamos de repartirla entre los padres del Concilio Vaticano II, antes de que la bestia lanzara sus primeros zarpazos; pero ahora que tenemos más tiempo para imprimir esta edición, incluimos en ella los once capítulos mencionados que son de vital importancia para la mejor comprensión de la diabólica conjura que amenaza en nuestros días a la Santa Iglesia.

 

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