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Alemania y la reorganización de europa. 1940-1943
Claudet Moret |

219 págs.,
Encuadernación Rústica
Ediciones Titania
, 2009
14,5 x 21 cm.
Precio para Argentina: 90 pesos
Precio internacional: 20 euros
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Claude Moret, con una paciencia y una minuciosidad asombrosa, ha reunido textos exclusivamente extraídos de las publicaciones alemanas que permiten circunscribir con precisión los proyectos y métodos según los cuales la Alemania de los años 1940-1943 intentó colocar los cimientos de una nueva Europa. Podrá verse que estos proyectos y estos métodos son infinitamente más variados de lo que habitualmente se supone, y revelan, por su misma diversidad, la coherencia de miras alemanas
Lo cierto es que si estos planes hubieran triunfado, se asistiría hoy a la constitución de una Europa sostenida por la armazón de una máquina de hábil funcionamiento.
En contraste, las ideologías propuestas hoy día por las primeras potencias sólo invocan las leyes de la materia. Al atenerse a estos fundamentos materiales nos obligamos a aceptar la legitimidad de toda empresa de conquista o de hegemonía, siempre que cuente con fuerza para triunfar. Pues en este plano no existe otra ley sino la del triunfo, apartando de la busqueda de una comunidad continental la exigencia de una común inspiración espiritual.
Tal vez entonces podremos medir el abismo que separa al hombre moderno de un mundo pacificado, en el que le sea permitido vivir su verdadera vida de hombre.
La presente obra se propone reunir en una síntesis cómoda las declaraciones y publicaciones más características en que han quedado expresados desde 1940 a 1943 los principios y planes alemanes de reorganización europea, y con ellos conseguir una visión de conjunto. El autor se ha dedicado a dar el más fiel reflejo de los documentos que traducía y de las teorías expuestas. Son concepciones alemanas las que el público encontrará analizadas en este estudio. |
ÍNDICE
NOTA PRELIMINAR
PREFACIO
I.—Fundamentos del pensamiento político alemán
II.—Resurrección del Imperio: Alemania, Reich, Europa, Espacio vital
III.—El Protectorado de Bohemia y Moravia y la unión geográfica del Reich
IV.—Las provincias del Este y los tras¬lados de poblaciones
V.—El Gobierno General y la separación de razas
VI.—Los Comisariados del Imperio y el lejano Este-europeo
VII—El Sudeste y los países sub-germánicos
VIII.—El Occidente y el espacio germánico
IX.—Las Marcas occidentales y la colonización de las fronteras
X.—Métodos de unificación europea.
CONCLUSIÓN |
NOTA PRELIMINAR
El ilustre autor de este libro, Claude Moret, con una paciencia y una minuciosidad que nos ha asombrado durante la lectura de su manuscrito, ha reunido textos exclusivamente extraídos de las publicaciones alemanas, que permiten circunscribir con precisión los proyectos y métodos según los cuales la Alemania de los años 1940-1943 intentó colocar los cimientos de una nueva Europa. Podrá verse que estos proyectos y estos métodos son infinitamente más variados de lo que habitualmente se supone, y revelan, por su misma diversidad, la coherencia de miras alemanas; y es imposible abstenerse de encontrar, en su último desarrollo, la continuación de la empresa que, hace cuarenta años, Paul Valery llamaba una «Conquista metódica»; empresa en la que nada queda al azar, en la que cada detalle va autorizado por antecedentes geográficos, etnológicos, históricos, económicos, ampliamente estudiados. Lo cierto que se puede decir es que, si estos planes hubieran triunfado, se asistiría hoy a la constitución de una Europa sostenida por la armazón de una máquina de hábil funcionamiento.
No tenemos por qué añadir a este trabajo, de estricta documentación, una conclusión de la que el autor ha querido abstenerse. Permítasenos sencillamente indicar algunas cuestiones que pueden plantearse.
No faltará quien se pregunte—ajenamente a toda adhesión o a toda repulsa, inspiradas por sentimientos nacidos del acontecimiento de la guerra o por preferencias hacia tal o cual tradición política, nacional o de otra clase—, qué probabilidades de vida hubieran estado permitidas en un orden internacional fundado sobre comprobaciones de hechos y sobre leyes puramente materiales, que pueden desprenderse de las diversas ciencias de la vida humana. El simple respeto a la verdad obliga a una confesión previa por molesto que sea hacerla después de cuatro años de sufrimientos: la enorme aventura que aquí se describe sólo ha podido intentarse en función de un sentimiento de inter-dependencia de los pueblos europeos—sentimiento oscuro, confuso, pero tanto más dinámico— que innegablemente subsiste en la gran nostalgia germánica del Sacro Imperio. No nos preguntamos aquí si esta nostalgia no había deformado singularmente la imagen real del pasado medieval, ni tampoco si el despertar de las nacionalidades, la experiencia de la libertad de los pueblos, la noción profunda que cada uno de ellos ha adquirido de su propia personalidad y de su derecho a la autonomía, han hecho ilusoria toda solución análoga a las que pretendieron hacerse revivir. Evitemos también el poner en duda la posibilidad de crear a Europa por una hegemonía y según los métodos de sujeción aplicados tanto a los individuos como las naciones. Renunciemos hasta a insistir sobre el hecho, ya evidente, de que, al querer apresurar el nacimiento de una comunidad continental ajena a toda inquietud de equilibrio, sólo se consigue retardarla: el lenguaje del que se habrá usado y abusado nos va, en efecto, a continuar siendo sospechoso durante largo tiempo, en el momento en que más se necesite para fundar, en la comunión del espíritu, lo que no se ha podido establecer por la violencia. Limitémonos a plantear esta otra cuestión que nos sugiere cada cita realizada por nuestro autor: el deseo de una Europa que exista profundamente en todos los europeos; pero aunque los teóricos y gobernantes alemanes lo han afirmado con la insistencia de una propaganda sistemática, ¿podrá quedar este deseo satisfecho por una pura y sencilla organización del Continente?
Lo que salta a la vista, desde que se confrontan los textos aquí reunidos hasta de lo que pudo ser en otro tiempo el sueño de una vida internacional duraderamente establecida, es que las ideologías propuestas hoy día por las primeras potencias sólo invocan las leyes de la materia. (Y si el ejemplo escogido es el más notable, es de temer que la mayor parte de nuestros contemporáneos, europeos o no, consientan en un materialismo apenas diferente, cuando se trate de los principios de un orden nuevo.) Se invocan los cursos de los ríos, la línea de las montañas, las necesidades de la vida económica, los imperativos de la raza, todos esos antecedente, naturales que estudia la ciencia llamada geopolítica. Situándose en este plano, ¿se está cierto de no dejar escapar una parte, tal vez la más esencial, de la realidad humana? Esta es la cuestión; que cada uno responda. Y que la Humanidad arrastre las consecuencias de su repuesta. Parece, creemos nosotros, que al atenerse a estos fundamentos materiales de una política posible nos obligamos a aceptar la legitimidad de toda empresa de conquista o de hegemonía, siempre que cuente con fuerza para triunfar. Pues en este plano no existe otra ley sino la del triunfo. Pero la fuerza y el triunfo, ¿son en sí el fin y la razón de ser de nuestra vida común? Tal es la segunda pregunta, y la fisonomía de la Europa futura, la suerte de las generaciones del mañana, dependerán de la respuesta que se haya dado a esta pregunta... Además, apartando de su busca de una comunidad continental la exigencia de una común inspiración espiritual, se recurre, por encima de las ciencias de la tierra y de la sangre, a las tradiciones y a los derechos conferidos por la Historia. Y esto plantea un problema diferente, temible, el de la verdad histórica, a la que se cree poder referirse. ¿Se olvida lo que tiene de conjetural la ciencia del pasado? ¿No se vislumbra el peligro de rehacer la Historia según las necesidades y las oportunidades del presente? Y, finalmente, ¿pueden encontrarse en los siglos transcurridos otra cosa sino argumentos y armas para justificar cualesquiera apetitos e instintos, desde el momento en que se reconoce al apetito, a la posesión de tierras y a la vitalidad física de los pueblos, un valor sin nombre?
¿Puede aún nuestro mundo escapar del círculo fatal de este materialismo? ¿Qué oponemos nosotros a esta verosimilitud que adquieren las tesis imperialistas, cuando se acepta que la vida es un absoluto? La experiencia demuestra que se resiste, hasta sin doctrina y sin conciencia clara, a la persecución, a la injusticia, a la violencia arbitraria, que suscitan pronto las fuerzas de libertad y de insurrección; pero a la aparente evidencia del derecho del más fuerte, a la verosimilitud difícilmente discutible de las ideologías científicas, la resistencia es débil cuando se mantiene sobre el mismo plano material. Hasta aquí, ¿es otra cosa muy diferente lo que se invoca contra esta ideología particular, o contra las ideologías que no difieren de ella esencialmente? Hipocresía, en vez de brutal afirmación; miedo de llegar a lo último, en vez de cinismo... Pero, ¿es esto bastante?
Como a tantas otras preguntas, sería aventurado querer responder por el solo examen de los principios admitidos por una de las naciones que entraron en la liza. Insistiremos en ello cuando hayamos reunido una documentación paralela sobre los principios y planes de las otras potencias. Y tal vez entonces podremos medir el abismo que separa al hombre moderno de un mundo pacificado, en el que le sea permitido vivir su verdadera vida de hombre.
EL EDITOR
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PREFACIO
Sería prematuro querer escribir, o siquiera esbozar, una Historia de la Administración alemana en los territorios ocupados. Muy pocos documentos se han publicado sobre este particular; demasiados aspectos están mal conocidos; y, en fin, el observador carece de la necesaria perspectiva. El objeto de la presente obra es muy diferente. Solamente se propone reunir en una síntesis cómoda las declaraciones y publicaciones más características en que han quedado expresados desde 1940 a 1943 los principios y planes alemanes de reorganización europea, y con ellos conseguir una visión de conjunto. Estos textos son reproducidos sin comentarios, a veces como citas, a veces como resumen. Excepto en el primer capítulo, el autor toma raramente la palabra. Se ha dedicado a dar el más fiel reflejo de los documentos que traducía y de las teorías expuestas. Son concepciones alemanas las que el público encontrará analizadas en este estudio.
Ha parecido interesante destacar sobre ciertos puntos la continuidad de la influencia alemana desde hace un siglo, reuniendo los escritos de los teóricos contemporáneos con los de sus predecesores. Y, en fin, en el primer capítulo, se hace una revista de las ideas que desde el comienzo del siglo XX, y más particularmente en estos últimos veinte años, parecen haber ejercido la más fuerte presión sobre el pensamiento alemán.
La guerra situó a plena luz el carácter y las aspiraciones de los pueblos. Al borrar los matices, les dió ángulos definidos, colores crudos. Presentóse al desnudo el temperamento nacional. Así ha ocurrido en Alemania después de 1940. Resulta banal citar la frase de Clausewitz: “La guerra sólo es la continuación de la política con medios diferentes.” Más interesante es la forma bajo la cual el técnico militar alemán ha presentado la misma idea: “La guerra y la paz son dos actividades profundas, que tienden al mismo fin por medios diferentes.” En un país como Alemania, donde la continuidad de la política estaba garantizada por el elemento militar, puede decirse que la diplomacia suele ser con frecuencia la prosecución de los objetivos del tiempo de guerra por medios diferentes. Si se hubiese conocido la historia de la Administración alemana en los Balcanes desde 1914 a 1918, se hubiera comprendido mejor después de la paz la política del Reich en estas regiones. Por ello debería prestarse más atención a los planes de reforma y de reorganización de Europa que Alemania ha esbozado o tratado de realizar al día siguiente de sus victorias de 1939, 1940 y 1941. |
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